06/06/2002 | 757

Declaración de guerra contra la clase obrera

El Plan de Jefas y Jefes de Hogar Desocupados unifica las aspiraciones de todo el frente explotador desde los «nacionales y populares» y centroizquierdistas hasta los monopolios que dictaron la idea.


Su finalidad última es sancionar por la vía de los hechos consumados un salario único y general de 40 dólares mensuales (150 Lecop) para todo el que trabaja en la Argentina.


El rol protagónico en la entrega de los salarios lo juegan las centrales obreras: CGT (Moyano y Daer) y CTA; estas organizaciones dan vía libre al plan, bajo el argumento de la reactivación industrial.


Hay que señalar que los defensores a ultranza de las Pymes (CTA/FTV) constituyen el Consejo Consultivo donde los concurrentes se destripan por apropiarse de planes y zonas para establecer sus dominios. En Santa Fe se ha destapado una interna justicialista, donde D’Elía, con miles de planes otorgados en esa provincia, es funcional a Duhalde en su enfrentamiento con Reutemann.


Esta mano de obra cuasi gratuita es uno de los componentes más llamativos elaborados por los autores de este plan antiobrero para interesar a las patronales de toda laya en un supuesto proceso de reactivación industrial, cuyo costo deberá pagar la clase obrera con mayores niveles de superexplotación y miseria.


Los preparativos de semejante carnicería social, ya han convocado a un abanico de buitres.


La burocracia de la UOM, siempre pionera en defender intereses patronales (nacionales) buscó distintas alternativas e invitó al equipo del ingeniero Luis Prego (Cooperativa Huella de Bilbao) para desarrollar una salida a la crisis del sector metalúrgico.


Violación de conquistas obreras


En Avellaneda, Siam fue explotada y vaciada por Aurora/Grundig del ’86 al ’96. Con 350 obreros en pie de lucha y ocupando la fábrica, a la burocracia de Guerrero y Belén no les quedó otra salida que proponer la cooperativización, maniobra de socorro a la patronal saliente, que así quedaba absuelta de toda responsabilidad penal, evitándole incluso el pago de indemnizaciones muy altas, ya que el 90% del personal promediaba 20 años de antigüedad.


La burocracia puso la Comisión Interna, que se apropió de la flamante Cooperativa ex Siam, llamada Ciam. El plantel se redujo a 200 elegidos entre los sectores más afines y cayeron automáticamente todas las conquistas: los salarios generales que promediaban los 800/1.000 dólares mensuales pasaron a 200 del plan Trabajar acordado con Duhalde. La indemnización fue canjeada por el fondo de desempleo. Del aguinaldo y las vacaciones anuales pagas no se habló más. Se violentó el Convenio Colectivo de Trabajo, recargando horarios y no pagando extras; se desconocieron normas y condiciones de trabajo y no hubo ya representación sindical de defensa obrera. La Comisión Interna, junto al antiguo jefe de personal, se transformaron en la patronal.


«El primer año (de la Cooperativa) enlozábamos al fondo, si hacía 35 grados afuera, dentro hacían 100» (Página/12, 12/5).


Para ingresar como socios a la Cooperativa Ciam, los obreros debieron gestionar a título personal créditos de mil dólares que entregaron a la burocracia como fondo. La mayoría figura ahora como morosos en el Veraz, al no haber podido nunca pagar las cuotas. Antes, los 350 fueron apretados para donar 100 pesos cada uno para la Cooperativa.


Del ’97 al ’99 se cobró el plan Trabajar. Luego se cortaron los subsidios y nunca hubo dividendos genuinos para repartir.


La Cooperativa Ciam fue como la obra social, un fraudulento fracaso descargado sobre los obreros por la gestión burocrática, que fue incapaz y saqueadora de los depósitos de Siam. Durante 30 meses, Ciam vacía fue mantenida como una guarida de una decena de burócratas, los 200 compañeros no cobraron y la dispersión obrera largamente organizada se efectivizó.


El único límite a la explotación: que los piqueteros intervengan en la crisis de poder


La vaciada Cooperativa (obrera) Ciam y la Cooperativa (patronal) La Huella de Bilbao firmaron un acuerdo: La Huella da a Ciam asistencia legal, gerencia general, contable y planeamiento estratégico. Ciam cede 100.000 m2 para desarrollar el modelo del agrupamiento cluster. «Cluster es un hotel de empresas que usará la planta de Avellaneda para establecer un Polo de Pymes ligadas a la metalmecánica» (Página/12, 12/5).


La idea fue declarada de interés nacional por el Ministerio de Trabajo, que destinó además una cuota de 350 planes Jefas y Jefes para apuntalar el programa. Este subsidio a la patronal fue saludado desde el municipio de Avellaneda, donde Laborde ofreció a la Ciam 8.000 planes Jefas y Jefes y la disponibilidad del equipo técnico de la Secretaría de Empleo y Trabajo. En Ciam ya «hay doce Pymes instaladas y una columna de organizaciones técnicas e instituciones intermedias dispuestas a apuntarlarse en este nuevo proyecto» (Página/12, 12/5).


La tan mediática y publicitada idea del «cluster», destinada a crear 7.000 puestos genuinos en Ciam, no pasa de ser en principio, para Luis Prego y sus socios, un fructífero negocio inmobiliario que cuenta con 100.000 m2 para alquilar en parcelas.


El Estado y las patronales están lanzados a la captura de mano de obra a 50 centavos de dólar por hora para reiniciar el ciclo de expropiación del trabajo ajeno, aunque eso signifique un viaje a la barbarie social.


Estamos en presencia de una audaz y brutal iniciativa de salida burguesa muy acotada y actualmente con poco margen por, entre otras cosas, la carencia de créditos, la obsolescencia tecnológica y el estado de sublevación popular presente; a esto se suma el arancelamiento internacional a las importaciones. No obstante, la resolución de la crisis de poder va a empujar en Argentina hacia uno u otro lado la aguja de la balanza. Frenemos este ataque con la intervención lúcida y organizada del movimiento obrero piquetero, frente a la crisis de poder político.

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