El gobierno de Milei le declara la guerra a los trabajadores

El movimiento piquetero unificado presenta batalla

Estamos ante la ofensiva más brutal de los últimos años

Está claro que Milei viene a implementar un plan de guerra contra los trabajadores, que destruye el salario y las jubilaciones, liquida los convenios y arrasa con las conquistas de décadas de lucha de la clase obrera, lo que incluye los programas sociales, que funcionan de hecho como un seguro de desempleo y son un piso salarial, para esto apunta a destruir las organizaciones que los trabajadores hemos construido.

El objetivo económico es compartido por todos los capitalistas y sus partidos, de hecho, la baja de los sueldos, la reforma laboral, la reforma jubilatoria y la impositiva es un programa que defienden Milei, Macri, Cristina y todo el peronismo, aunque no todos coinciden con que la forma es el ataque frontal; la cooptación y la contención que han llevado adelante, tanto Macri como el peronismo, fueron política de Estado desde por lo menos la masacre del Puente Pueyrredón.

La nueva etapa

Evidentemente, con las políticas de Milei ha cambiado, y va a cambiar aún más, el cuadro de la organización de la lucha en los barrios; venimos de un período de grandes luchas, pero también de importantes conquistas, defendimos los programas sociales y su valor, arrancando bonos, aguinaldos, los nexos dobles y conquistamos nuevas mejoras; el Penud, el programa merenderos y la ejecución de algunas obras que construyeron sedes y mejoraron la infraestructura de algunos comedores.

Todo esto fue utilizado por el Polo Obrero para constituir un punto de reagrupamiento clasista que impulsó e impulsa la unidad de organización con ocupados y desocupados, la lucha por el trabajo, por el reparto de las horas disponibles, el seguro al desocupado y la acción directa para conseguirlo, impulsando las luchas y, en definitiva, desenvolver una conciencia revolucionaria para la construcción del Partido Obrero y para que gobiernen los trabajadores.

En la etapa de contención social, desde la crisis del menemismo, con más de 20% de desocupados, la clase que gobierna, los capitalistas, trataron de contener con represión y con persecuciones este movimiento de trabajadores desocupados, que nació con los trabajadores despedidos de la construcción y de las empresas del Estado como YPF.

Desde aquellos años, los distintos gobiernos impulsaron una política que, primero, reprimir y perseguir y, luego, institucionalizar el movimiento que nació en Cutral Co y Mosconi.

En el Argentinazo se produjo el punto más alto de la represión como una respuesta al desastre social y económico que venía de Menem y que estalló con De la Rúa, al que se lo llevó puesto junto con Cavallo; luego, hace más de veinte años, con Duhalde, la represión del Puente Pueyrredón marcó otro punto de inflexión, “la solución final” que alentó toda la clase capitalista también se llevó puesto a Duhalde.

Con el gobierno de Néstor Kirchner se podría decir que hay un giro en la política de la burguesía y comienza la contención por la vía de la cooptación que continúa, de distintas formas hasta Milei.

La política de contención no se privó de la represión ni de la criminalización, Mariano Ferreyra es, tal vez, el símbolo más evidente de esto, pero la contención y la cooptación fue la política más consecuente y continuada desde hace veinte años.

Esta fue la respuesta que encontraron los gobiernos para, sin dejar de aplicar un ajuste brutal, enfrentar las rebeliones populares que, por ejemplo, recorrieron América Latina en el mismo período; la burguesía apeló al método de la contención y la asimilación al Estado de las organizaciones de lucha.

Fue la política que eligió la burguesía para abordar “el problema piquetero”, en el último período, la cooptación que impulsó Néstor Kirchner y que continuó Macri: “que los piqueteros se hayan convertido en organizaciones sociales, me lo deben a mí”, dijo la propia CFK.

Una bomba de tiempo

Todo esto hoy está cuestionado por la política de Milei: la idea del liberfacho es la destrucción de la organización de los barrios que canalizan las organizaciones clasistas hacia la lucha contra el gobierno. La defensa de los planes sociales -un piso salarial que la clase capitalista demanda eliminar-, la idea de la “contención social” que dominó los últimos veinte años, parece llegar a su fin con Milei.

Lo que plantea Milei ha dado paso ahora a la idea contraria: cero contención social, represión y destrucción de los programas sociales, recortes y criminalización de la protesta.

La criminalización toma velocidad. La condena a nuestro compañero Martín en Mendoza, la continuidad de los juicios a los dirigentes del Polo y el Partido en la misma provincia, el juicio a Arakaki, a los dirigentes de ATE y del Partido y el Polo de Córdoba -que van a juicio en los próximos días- son solo algunos casos de una línea que se plasmó en el DNU y en el protocolo de Bullrich.

La situación social no deja de agravarse y el avance de la miseria, la pauperización de la vida de millones de personas, el achique de los salarios y jubilaciones, el aumento de los servicios, transportes y la eventualidad de una nueva devaluación plantea un escenario explosivo, esto nos abre la posibilidad de una agitación y un acercamiento de los sectores más golpeados por la crisis, fábricas que despiden y/o cierran y se produce un conflicto, que debemos colocar en nuestro radar para rodear de solidaridad a los trabajadores.

En este cuadro lo que debe dominar la etapa es la agitación y organización del Polo hacia afuera, esto quiere decir impulsar ollas populares en días fijos, abiertas, para convocar al barrio, no solo a los “del Polo” sino al conjunto del barrio, levantando todos los reclamos: obra pública, alquileres, transporte, cortes de energía.

Partiendo de un cuadro de crisis que se agrava, sumar fuerzas, crecer sobre la base de organizar las luchas que promovamos nosotros mismos, votando acciones en cada barrio que junten las fuerzas, impulsando cortes de avenidas, rutas calles o lo que se pueda para impulsar los reclamos que surgen, no únicamente los del Polo, que deben estar (alimentos para la olla, aumento y apertura de los programas), pero ampliando el pliego de reclamos.

Estamos ante la ofensiva más brutal de los últimos años, para la mayoría de la población es un retroceso civilizatorio, en algunas provincias retrocede la matrícula docente, miles de pibes no podrán ir a la escuela por el costo del transporte, por lo mismo muchos no podrán ir a trabajar.

Con la salud pasa algo más grave aún, no se pueden comprar los remedios y el costo del transporte hace que se agrave la salud pública al no poder acudir al hospital.

Los despidos, la recesión, la caída del consumo, el empobrecimiento general, el crecimiento de la pobreza y la indigencia deberán generar una reacción popular más temprano o más tarde, debemos preparar los instrumentos para esta nueva etapa, que tendrá sus ritmos, que no podemos prever, pero preparar las fuerzas es tan importante como usarlas, las ollas populares abiertas pueden ser una instancia de organización para esta etapa, con la autoridad ganada por haber luchado contra todos los gobiernos.

Esta nueva etapa de “el Polo hacia afuera” no debe de ninguna forma reemplazar las asambleas del Polo y su funcionamiento; al revés, la asamblea del Polo es el ámbito donde se organizan las ollas, la agitación y las medidas necesarias para llevarlas adelante.

Las perspectivas para un movimiento de lucha como el Polo Obrero en el marco de una nueva situación para la que venimos preparando el músculo de las asambleas, plenarios y luchas en todo el período anterior, nos plantea la posibilidad de un salto en la lucha y en el reagrupamiento de nuevas camadas de activistas y masas que despierten a la lucha.

Las primeras jornadas del frente que se está construyendo con la Utep, el Polo Obrero y el Frente de Lucha Piquetero, la Unidad Piquetera, la Coordinadoras por el Cambio Social, FOL, FPDS, Libres del Sur, MST y casi la totalidad de las organizaciones con alguna existencia real muestran la potencialidad y las reservas de lucha que hay, la próxima jornada, con cortes de accesos masivos, será una prueba de fuego para forjar en las calles esa unidad, allí se escuchará también el reclamo imprescindible del paro y plan de lucha nacional hasta derrotar los planes de Milei.