La alimentación y la salud del pueblo en terapia intensiva

Aunque suene fuerte, éste es el panorama nacional con el que nos encontramos los militantes y delegados del Polo Obrero, desde incluso antes que se propague el coronavirus y que llegue a nuestro país la pandemia, que ha agravado el ya agudo cuadro de necesidades básicas insatisfechas, producto de un ajuste de los ingresos de los trabajadores que no para de pronunciarse desde hace años.


El ajuste presupuestario en el sistema de salud y la precarización del mismo, profundizan la vulnerabilidad frente a la pandemia, si tenemos en cuenta que el gobierno de Alberto Fernández prorrogó el presupuesto del 2019 con el objetivo de concentrar y ajustar todos los recurso en función de un acuerdo con los bonistas y el FMI para pagar la deuda externa. En ese sentido la salud pública ha sido golpeada por la falta de recursos.


Los casos de dengue son moneda corriente en las barriadas de provincias como Misiones y Chaco, o en CABA y en el conurbano bonaerense; la primera ya registra 7 mil casos, y los infectados de las colonias en Misiones alcanzan características alarmantes, no son ni siquiera seguidos con un tratamiento médico, lo único que atinan a hacer las familias más pobres es tratar de curarse con hojas de mamón, un árbol autóctono, como hace miles de años.



Hoy los hospitales provinciales no atienden otra patología que no sea la emergencia Covid- 19. En la provincia de Tucumán, los pacientes son empujados a la automedicación para enfermedades como otitis o gastritis. En pueblos alejados del centro de la provincia de Santiago del Estero, un desgarrador testimonio muestra de cuerpo entero la situación “un compañero de Posuelo, que sufrió un accidente de cortadura profunda, tuvo que trasladarse por sus propios medios hasta El Charco, ya que en el suyo no hay atención médica. No pudo ser terminado de coser, porque los médicos no contaban con insumos básicos como aguja e hijo quirúrgicos, ni pudieron proporcionarle calmantes y antiinflamatorios, la familia no contaba tampoco con dinero para comprarlos” expresa Sebastián, delegado del Polo Obrero.


Las provincias más pobres están en el ojo de la tormenta. No tienen recursos para afrontar las dolencias más elementales, son impredecibles las consecuencias que puede tener un agravamiento del virus para la población más pobre.


Las formas de prevención de gobiernos como el de Capitanich, en Chaco, es la de construir barricadas de tierra en los barrios, condenándolos a guetos que no impiden el contagio, lo que pone en evidencia que tienen el objetivo de un control social represivo. Lo mismo ocurre en Lomas de Zamora u otras ciudades y barrios del conurbano y el interior bonaerenses.


“Con hambre no hay cuarentena”


La alimentación de las personas sufre golpes diarios, desde la escala nutricional hasta el acceso mismo a los alimentos, producto de la inflación desembozada que en plena caída de la actividad económica trepó a 3,3% en marzo, y cuando los precios suben a medida que uno se distancia de las grandes urbes.


El crecimiento de la pobreza ya se venía reflejado en el incremento de nuevos comensales en los comedores populares desde hace 2 años, cuando la crisis dio un salto en el 2019. La situación empeoró y los sectores más golpeados nos volvamos a las calles con enormes movilizaciones en septiembre de ese año; un acampe histórico de 48 horas que bloqueó la principal arteria del país, provocó que en plena campaña electoral se reuniera un Congreso Nacional cerrado y se votara un aumento del 50% del presupuesto para comedores populares, que nos e cumple hasta la actualidad.


Los comedores populares cuentan con una infinidad de listas de espera para acceder a los alimentos secos. Esas familias hoy reciben apenas un plato caliente de los comedores.


Las denuncias de una escandalosa corrupción con los alimentos que compra el Ministerio de Desarrollo Social han paralizado el abastecimiento a los comedores y merenderos. El episodio que dio como resultado la eyección de 14 funcionarios, no resolvió el problema de la asistencia alimentaria, agravando el hambre en las barriadas en los momentos más difíciles para millones de familias sin ingresos.


¡Solo en los comedores y merenderos del Polo Obrero hay listados de espera que superan las 35.000 personas!


En el marco de los límites que impone la cuarentena, el Polo Obrero y el Frente Piquetero de Lucha fuimos denunciando a cada paso esta grave crisis y levantamos un programa que parte de un seguro al desocupado de $ 30.000.


Aún en plena cuarentena, y con el agravante de la caída laboral (especialmente en el sector de los informales), el gobierno demora la asistencia y aún no está claro cómo va a restablecer la asistencia alimentaria. La puesta en escena del Ejército no tiene ninguna capacidad para suplantar la enorme red de comedores sociales que existen en el país.


Los Comités de Emergencia son un factor de contención de la mano de las iglesias y las organizaciones sociales oficialistas.


Luego de su triunfo en las elecciones del año pasado, el gobierno armó una “mesa contra el hambre”, que reunió a una enorme cantidad de personalidades políticas, religiosas y hasta del mundo del espectáculo, pero el león parió un ratón: la única política alimentaria fue la creación de una tarjeta para obtener alimentos de $133 por día, solo para niños menores de 6 años.


Desatada la pandemia se creó el “comité de emergencia alimentaria” con los intendentes, las iglesias católica y evangélica y casi todos los movimientos sociales, con excepción del Polo Obrero y el Frente Piquetero de Lucha.


Es indudable que los sectores clericales, que incluso son parlamentarios de las listas del PJ y la oposición patronal, tienen una enorme injerencia en el Estado, en la crisis social y las organizaciones del triunvirato de la UTEP, cuyos integran son, además, funcionarios de Alberto Fernández. En la crisis de renuncias de la corrupción en el Ministerio habían postulado al director papal de Scholas Ocurrentes para ocupar el cargo que dejó vacante el eyectado Gustavo Calvo, encargado de las compras de alimentos; son la correa de trasmisión de una política impotente, que combina falta de recursos, corrupción y cercos preventivos con fuerzas de represión provinciales y nacionales.


Una gota de agua en el desierto


Una radiografía del agravamiento y los problemas para comer, son los 12 millones de inscriptos en el Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) que dejó uh tendal de 4 millones de excluidos.


Los millones de rechazados, las demoras inadmisibles de un mes y las caóticas inscripciones, demostraron que los gobernantes no están a la altura de las circunstancias gravísimas en las que se encuentra una enorme población sin ingresos.


La llegada del Ejército en algunos distritos del conurbano bonaerense como Quilmes, La Matanza y ahora Moreno, son una pantalla que oculta la verdadera intención: dar vuelta la página con las Fuerzas Armadas y naturalizar su presencia en los barrios populares bajo el temor de que crezca la bronca social.


Sin ir más lejos, el Ejército, en La Matanza, destinó 100 efectivos militares en siete puntos del distrito donde alimentan sólo al 1% de la población. El total de las “cocinas de campaña” en la que se preparan 500 raciones es apenas de 7 cocinas en todo el país. 


La carencia de agua potable en todo el país alcanza al 97% de los 4.400 barrios carenciados encuestados (datos de la Encuesta Nacional del 2018) y es un agravante de la situación ¿Quién puede lavarse correctamente las manos si no cuenta con agua potable como en las villas de CABA o en lo profundo del Chaco? En ésta última ya hay aproximadamente 2 mil casos de dengue y 258 casos de coronavirus y 11 muertos.


La necesidad de levantar los reclamos y la independencia política frente al Estado


¿Cómo se expresan ahora los reclamos sociales en medio de la cuarentena obligatoria? A pesar del cuadro defensivo que crea la pandemia y la amenaza latente de detención de las fuerzas que patrullan los barrios, sobran las razones para luchar: el hambre y la falta de recursos sanitarios, los femicidios, los despidos y cierres de empresas, han empezado a perforar el cuadro de contención y las limitaciones objetivas que presente la situación.


Ocurrió en Mar del Plata y Moreno con los casos de femicidios; con los médicos y enfermeros de los hospitales, que reclaman insumos; con los trabajadores del frigorífico Penta, que marcharon al Puente Pueyrredón; y con el Frente Piquetero de Lucha, el pasado jueves, que realizó acciones en varias provincias y en el obelisco.


Los municipios, en articulación con los Estados provinciales y nacionales, armaron en varios distritos Comités de Emergencia, un calco del consejo nacional de emergencia pero distritales. La orientación es la cooptación de las organizaciones sociales al Estado. No tienen autonomía para decidir en qué gastar los presupuestos millonarios brindados a los intendentes, que están con el cuchillo entre los dientes con el desborde generado por la pandemia.


El Polo Obrero con su cuerpo de delegados a la cabeza, se ha dado a la tarea de colocar ollas populares con almuerzo, merienda y cena. Un ejemplo es La Matanza que colocó ollas en 38 barrios y en menos de 48 horas repartió 8 mil raciones calientes. En todos los distritos hay esfuerzos enormes por llegar con un plato de comida a una población en riesgo.


Estás ollas se replicaron en otros distritos como Luján, Moreno, José C.Paz, Avellaneda, Lanús, en el interior de la provincia de Buenos Aires como San Nicolás y en el resto de país.


Fueron presididas por consignas y carteles de reclamos “con hambre no hay cuarentena”, “entrega inmediata de kits de limpieza e higiene”, “seguro social al desocupado de $30.000 por mes”, combinando la ayuda social con la denuncia y la agitación de un programa de salida a la crisis.


 



 

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