La Utep y la procesión de San Cayetano el 7 de agosto

Entre la interna y el ajuste que no se puede disimular más.

Luego de casi dos años de hacer la plancha cómodamente instalados en los sillones gubernamentales de un gobierno que ha llevado adelante un ajuste con el monitoreo del FMI y que ha dejado casi el 50% de la población por debajo de la línea de pobreza y 4,5 millones de indigentes, la Utep (ex Ctep), que integran el Movimiento Evita, la CCC, Somos, La Dignidad, una parte del FOL y el FPDS, ha convocado a una especie de marcha-procesión el sábado 7, día de San Cayetano, patrono del trabajo para la Iglesia Católica.

La movilización que encabezará la imagen del santo del trabajo repite una fórmula que el llamado Triunvirato de San Cayetano desarrolló durante todo el gobierno de Macri, en el que las procesiones-marchas eran la fórmula de hacer como que hacían algo para no hacer nada.

El pacto con la ministra Carolina Stanley, firmado tempranamente en 2017 con el gobierno del PRO, constituyó una marca indeleble de la política de contención que actuó durante todo el gobierno de Macri y que junto con la burocracia sindical le permitió al gobierno neoliberal y derechista una gobernabilidad impensable, ya que no controlaban ni el parlamento ni los barrios, ni los sindicatos, ni las calles. Sin este pacto, Macri no hubiera hecho lo que hizo, junto a las más de 100 leyes que el peronismo le votó en el parlamento.

Pero la acción del 7 de la Utep es también una manifestación de la interna en la que los grupos oficialistas, de las organizaciones sociales integradas al gobierno, han sido prácticamente borrados de las listas del Frente de Todos.

El caso más emblemático es el de La Matanza donde, por intermedio de la manipulación en la presentación de avales, fue eliminada la lista opositora muy competitiva que habían armado el Evita, Somos y la CCC, con el apoyo del inefable D’Elía. La bronca de los Cayetanos provocó hasta una manifestación contra Espinoza el 26 de julio, al que le impidieron un homenaje que anualmente le realizaba el matancero encendiendo una vela a Eva Perón en el día de su fallecimiento.

En la misma línea, uno de los dirigentes del grupo de San Cayetano, el Chucky Menéndez, fue relegado a un lugar en la lista de diputados que lo deja prácticamente fuera del Parlamento, siendo uno de los pocos representantes de estos grupos integrados al gobierno que fueron aceptados en las listas oficialistas.

La batalla en ese terreno la ganaron claramente los intendentes que además, y no es un dato menor, han tenido el premio mayor de colocar en el Ministerio de Desarrollo Social a «Juanchi» Zabaleta, un representante de los intendentes del Conurbano bonaerense que han puesto el grito en el cielo por la pérdida de poder territorial y el avance de las organizaciones de lucha independientes, como el del Frente de Lucha Piquetero y la Unidad Piquetera, y especialmente el Polo Obrero, que está la cabeza de todo ese proceso de organización y frente único para luchar contra el ajuste.

Más allá de las internas y del descontento por el reemplazo en el Ministerio de Desarrollo Social, el componente más importante de la movilización del 7 es la enorme bronca popular en las propias bases de estos movimientos con el ajuste del gobierno de los Fernández, quienes se han desilusionado tempranamente con un gobierno que, según estos dirigentes, venía a reivindicar a los sectores más vulnerables y ha creado millones de nuevos pobres, aplica un ajuste salvaje y defiende un pago de la deuda externa que es absolutamente funcional a los intereses de los mercados financieros, internacionales y de un acuerdo con el FMI, que tiene como norma el control y monitoreo de las cuentas fiscales.

Las bases de estos movimientos sufren el ajuste brutal de los ingresos vía inflación, ¡cómo los programas sociales de apenas $12.200, un tercio de la canasta de indigencia! y salarios promedio de $40.000 cuando la canasta básica está arañando los $70.000, un escándalo de ajuste que debería haber sido motivo de una huelga general.

Sin embargo, no habrá ninguna ruptura. Ninguna de estas organizaciones se va a ir del gobierno, pero el ruido se sintió y hasta se habló de llamar a votar en blanco. Pero ya se están alineando y todos harán campaña por los ajustadores, como lo reconoció el propio líder de la Utep, el Gringo Castro, que dijo que “se pondrán la campaña al hombro”. Los heridos se quejan, pero la sangre no llegará al río, después de todo son hombres y mujeres de Estado.

En el medio, Juan Grabois, Lozano y la Utep consensuaron un proyecto de ley para la creación de un ingreso básico universal en la línea del Banco Mundial, que ante la creciente desocupación aconseja crear estos programas básicos y que los trabajadores desocupados se resignen a la marginalidad y a la lógica capitalista de que sobra mano de obra y hay que asistir a los hambrientos. En cambio el Polo Obrero ha sostenido un planteo de conjunto sobre la crisis capitalista, que parte de un programa de unidad para la clase obrera ocupada y desocupada, levantando la consigna histórica de las siete ANT (Asamblea Nacional de Trabajadores) sucesivas: el reparto de las horas de trabajo entre todos los trabajadores, con reducción de la jornada laboral y la creación de nuevos turnos de trabajo, ocupando la capacidad ociosa instalada, sin afectar el salario, la creación de un plan de obras públicas y viviendas y para que la crisis la paguen los que la crearon, es decir, los capitalistas.

La movida del 7 no tiene reclamos concretos, ni hay un pedido de aumento de los programas Potenciar Trabajo u otros, ni la apertura irrestricta de los mismos a todos los desocupados.

“Será una marcha oficialista, con algunas críticas” reveló uno de los organizadores: a confesión de parte relevo de prueba. Una marcha de apoyo a un gobierno ajustador que prioriza el pago de la deuda a los intereses de los que sufren el ajuste.

Sin embargo, y a pesar de esa manipulación, será una manifestación distorsionada y manipulada de la bronca popular contra el gobierno, que brota en cada vez más amplios sectores de la clase obrera y que el Triunvirato de San Cayetano trata de contener, moviendo para hacer como que luchan, como los actos de la burocracia sindical de la CGT a la que aspiran integrar la Utep. Quieren descomprimir con la procesión del sábado 7, es también entonces un intento vano de detener un drenaje de fuerzas que no se detiene.

Es que la bronca en los barrios empieza a arrastrar a las bases desencantadas del Frente de Todos, el PJ y sus organizaciones a las asambleas de las organizaciones que integramos la Unidad Piquetera, que ven con más fuerza cada vez en nuestra UP un canal de lucha para sus reivindicaciones.

Una semana después, la Unidad Piquetera prepara una acción nacional de lucha en 20 provincias, que levantará un programa con los reclamos más sentidos de las barriadas arrasadas por la pobreza y el hambre.

Es un camino de lucha que también reforzamos en la campaña electoral en el FIT-U con el Partido Obrero, en la que el Polo Obrero está poniendo el cuerpo para enfrentar en las calles y en las urnas a los ajustadores.

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