31/01/2002 | 739

Multitudinario cacerolazo

Miles de personas se movilizaron por las calles de Mar del Plata en la mayor manifestación política que se recuerde en los últimos años. Tomadas de conjunto, la marcha céntrica y las concentraciones en los barrios, la concurrencia superó las 20.000 personas.


La impresionante columna cosechó la entusiasta adhesión de los turistas, que se sumaban en todas las esquinas al cacerolazo y fue ganando combatividad con las consignas coreadas, y con la quema de papeles y basura en las avenidas para impedir el tránsito. Finalmente desembocamos en la Municipalidad, donde después de 2 horas, más de 1.500 personas continuábamos caceroleando y gritando consignas contra el gobierno.


La intervención del Partido y la lucha de consignas


Ya desde el comienzo participamos activamente: desde el campamento que comparten el Polo Obrero y la Juventud con el MTR y otras organizaciones, nos integramos a la marcha, que partió desde la Municipalidad y terminó frente a la acampada. A partir de ese momento, megáfono en mano y con la bandera de la UJS, marcamos el tono de las consignas que coreaban la mayoría de los manifestantes.


Echando por tierra los prejuicios de los democratizantes y los antipartido, el grueso (clase media en su mayoría) cantaban consignas contra Duhalde (che Duhalde, tampoco te vas a salvar, te vamos a echar a la mierda, igual que a todos los demás) y Aprile; los banqueros (ya lo veo, que la crisis la paguen los banqueros) y por un gobierno de trabajadores. Tomaban, además, con mucho interés nuestra invitación a participar de la jornada de lucha del lunes 28 y de la Asamblea Popular que se realizará en el campamento piquetero.


Párrafo aparte merece el papel jugado por la juventud del PCR y de Patria Libre: se les pasó el Argentinazo, llegaron tarde y sin banderas al marplatazo, e intentaron por todos los medios que la gente cantara consignas despolitizadas. Su táctica para «no espantar a las capas medias» fue derrotada y se retiraron con más pena que gloria.


Se pone de relieve así, más que nunca, el rol que debe jugar un partido revolucionario, orientando y empujando la lucha popular, siendo un factor de peso en la rápida evolución política que están experimentando las más amplias masas.