Mujer

27/10/2016|1434

Así se gestó la marcha del 19 contra los femicidios


La indignación fue inmediatamente convocante. Un grupo de periodistas, desprendido del grupo que en el 2015 había largado la convocatoria al Ni Una Menos, llamó a reunión en la sede de la Ctep. Las organizaciones que de manera sistemática coordinamos acciones relacionadas con la lucha de las mujeres, la izquierda y la Secretaría de Género de la CTA autónoma, participamos sin dudar de la reunión. La convocatoria se concretó en un ámbito que no participó jamás de ninguna acción por los derechos de las mujeres y que, además, está ligada fuertemente a la Iglesia. La Ctep actúa en el marco de las acciones del Movimiento Evita, antes kirchneristas y ahora colaboradores estrechos de las estrategias fijadas por el gobierno nacional y la Iglesia para contener el malestar y la miseria en ascenso. 


 


Paro Nacional y Movilización


 


La propuesta de realizar un Paro Nacional de las Mujeres, como forma de levantar la apuesta con relación a las masivas marchas del Ni una menos, fue defendida de manera unánime. El uso de esta herramienta sumaba un contenido de denuncia a las las centrales sindicales, que renunciaron a ella para defender al movimiento obrero. De manera unánime, también se estableció un horario de movilización hacia la Plaza de Mayo. 


 


En la primera de las dos reuniones que se hicieron, el punto de desacuerdo estuvo marcado por una propuesta de nuestra organización. Planteamos que la misma consigna que precedió a la marcha del 3 de junio fuera tomada de manera integral, a pesar de los grandes esfuerzos mediáticos y políticos que se produjeron para mutilarla. “Ni Una Menos, Vivas Nos Queremos, El Estado es Responsable”. 


 


Marcar la responsabilidad del Estado no es sólo denunciar la violencia cultural, social e institucional que precede al asesinato de mujeres, sino también que, una vez ocurridos los hechos, el Estado es responsable de encubrimientos, revictimizaciones, desprecio por la asistencia y abandono de las víctimas que quedan, todos aspectos fundamentales de la violencia que hoy se despliega en forma de barbarie. El silencio de parte de la mayoría frente a esto fue total. La periodista y militante del Movimiento Evita, Florencia Minici, respondió que la consigna era “larga”. Una manera vulgar de despolitizar y rebajar el debate necesario. 


 


La segunda reunión tuvo otros elementos. La consigna de “El Estado Es Responsable" se impuso bajo la forma de que la bandera que teníamos de la marcha del 3 de junio ya la contenía. 


 


Pero el colectivo de 10 periodistas denominado “Ni Una Menos” había promocionado un texto en el que colocaba la pelea entre los géneros, y llamaba a desmovilizar a los varones en pos de una falsa pretensión de protagonismo de las mujeres. Este intento de diluir el contenido de clase de un Paro Nacional, donde trabajadoras y trabajadores salían a luchar en común contra la violencia de género, fue rechazado de manera unánime. Pero el principio divisionista que habían introducido de manera unilateral ya estaba circulando por las redes sociales y los medios. 


 


Ese divisionismo fue denunciado de diversas maneras. La Junta Interna de ATE Cultura, sacó un texto concreto de rechazo a este golpe a la movilización, que encontró eco en amplios sectores del gremialismo independiente y antiburocrático. El día lunes 17 miles de trabajadoras y trabajadores se sumaban a la convocatoria.


 


De la mano de una militante del Movimiento Evita que integra el Colectivo Ni Una Menos, ex funcionaria durante el gobierno kirchenrista, se filtró la preocupación de la Iglesia. Frente a un conglomerado de activistas feministas y de izquierda no tuvo empacho en proponer cerrar el acceso a la Plaza de Mayo con un escenario. Ello, en nombre de defender a la Catedral de la “posible presencia de provocadores”.


 


Pero las provocaciones las monta el poder, como ocurriera frente a la Catedral de Rosario durante el pasado Encuentro de Mujeres. El rechazo a esta “propuesta” fue total. En esta segunda reunión, propusimos que se diera lectura a un documento elaborado de manera común. El rechazo y las maniobras contra este planteo terminaron consumándose el mismo día de la movilización. Ya sobre el escenario, se fue tejiendo la adhesión a un documento con posiciones con las que claramente no podíamos comulgar todas: en él se reivindica la trayectoria política de Milagro Sala, más allá de su injusta detención. De igual manera, el documento retrata una realidad sin responsabilizar al Estado. Reivindica políticas del gobierno anterior y no inscribe entre los ajustadores a la Iglesia, las burocracias sindicales y los gobernadores. Coloca la responsabilidad mayor del asesinato de Lucía en la conducta de un “macho”, cuando sin la participación del Estado explotador y misógino, la muerte no se hubiera producido. Se priva de señalar que a los asesinos de Lucía les puso el abogado la propia Secretaría de Seguridad de la Intendencia Pro, y varias ausencias y deformaciones más. 


 


Cuando llegó el momento de la lectura el Plenario de Trabajadoras iba a leer una “adenda”, algo que habían acordado y todas podían hacer. Esto fue impedido físicamente por Vilma Ripoll y por Alejandra Angriman de la CTA Autónoma, que hicieron el trabajo sucio de las escribientes.


 


Ninguna gran gesta como la que protagonizamos el 19 de octubre en todo el país se pone de pie sin contradicciones, debates y luchas políticas. La extraordinaria masividad y combatividad de la jornada dio la razón a quienes luchamos por ligar la jornada –y la lucha de las mujeres- a la de todos los trabajadores y explotados.


 


 


 


Foto: Javier Entrerriano