28/12/2020
ABORTO LEGAL 2020

Claudia Peiró, el peronismo y su nada insólita militancia contra el aborto legal

Sobre la columna en Infobae.

Refugiada detrás de argumentos que repiten desde las alas más reaccionarias y procatólicas del peronismo desde hace 60 años, y que están en la base misma de su andamiaje ideológico, la periodista peronista Claudia Peiró, vuelve a plantear en su columna de Infobae “Aborto: la insólita militancia de la izquierda y del progresismo por la eugenesia social” que la legalización del aborto “financiada por el imperialismo”, sería una política eugenésica destinada a frenar por la vía del exterminio de embriones, la reproducción de pobres.

En una construcción aggiornada a los tiempos que corren, en la columna de opinión se critica la militancia de Amnistía Internacional sobre el tema, organismo que impulsa el financiamiento internacional de las campañas a favor del aborto. No olvida por supuesto, a la fundación Ford, a la Rockefeller y al Fondo Monetario Internacional, al que sólo le achaca estar a favor del aborto legal, mientras que no ve que su política económica promueva el incremento de la pobreza en el mundo. Las intervenciones parlamentarias de los curas bergoglistas, a quienes Peiró defiende abiertamente, transitaron este perfil de denuncia que la periodista expresa en el principal portal de noticias del país.

El texto también cita a su favor a Juan Domingo Perón, un enemigo declarado de la emancipación de las mujeres y al Eduardo Galeano de los 70 del libro por excelencia de la progresía setentista “Las venas abiertas de américa Latina”, que influenciado, por entonces, por aquel ascendente nacionalista ligado a sectores católicos, se oponía a la legalización, y no al Eduardo Galeano de antes de fallecer en 2015, que apoyaba al aborto legal y los reclamos del movimiento feminista.

“En los años 60 y 70 denunciaban el carácter imperialista del control de la natalidad financiado desde el exterior. Hoy, sin el menor reparo, apelan a los mismos argumentos malthusianos que antes repudiaban” afirma la periodista. Quienes denunciaban la política de legalización del aborto como malthusiana en los 60 y 70 y se oponía a la píldora anticonceptiva (se cuida la periodista de no referir a esta política en concreto), hoy son parte del movimiento peronista en el que una facción, para poder gobernar, debió sucumbir a un reclamo que le es y le fue siempre ajeno. Por su parte, la izquierda trotskista que predomina en nuestro país, siempre defendió la legalización del aborto.

La periodista larga su columna haciendo hincapié en que la progresía mundial se escandalizó cuando Donald Trump cortó el financiamiento que diferentes organismos estadounidenses le daban a “programas de planificación familiar y campañas pro aborto en otros países” y se pregunta por qué el país imperialista debía tolerar esto. La periodista oculta varias cosas: olvida recordar que lo mismo había hecho a pocos días de asumir su mandato el demócrata Barak Obama y que este tironeo sobre cómo actuar frente a las políticas de “salud reproductiva” es una herencia de la segunda ola del feminismo frente a la cual el capital ha actuado de formas contradictorias, tan contradictorias como lo son la mayoría de las pujas por negocios importantes bajo el capitalismo y más cuando esos negocios afectan políticas consideradas importantes para manejar la vida sexual y reproductiva de una sociedad.

Como Estados Unidos también financia las campañas en contra del aborto legal, y particularmente es la fuente de financiamiento de los grupos pentecostales más reaccionarios de América Latina asociados a los golpes de Estado institucionales como los que se han vivido durante estos años, que militan contra la “ideología de género” y fomentan las campañas “con mis hijos no te metas”, la periodista no informa al respecto de que el imperialismo yanqui y su dinero están detrás de las dos políticas que se disputan los sectores capitalistas. La salud en general es un enorme negocio y ninguna de las prestaciones médicas existentes quedan fuera de ese negocio. Lo es la práctica del aborto legal para ciertos sectores de laboratorios y clínicas privadas, y lo es la del aborto clandestino para los mismos u otros sectores de los laboratorios y para las clínicas privadas también.

Durante las últimas décadas en que se desarrolló el aborto químico como alternativa al quirúrgico, en la Argentina un laboratorio monopolizó el negocio de la ilegalidad, vendiendo pastillas que tenían Misoprostol pero no estaban destinadas a la práctica del aborto, no sólo en farmacias sino al propio Estado también. El artículo de Peiró se cuida de no incomodar al laboratorio Beta y sus dueños ligados a la política vernácula. Ni el gobierno de Mauricio Macri, con quien el dueño de Beta, Gregorio Zidor, compartió con el ex presidente uno de los periodos en la conducción de Boca Juniors, ni el de Cristina Kirchner quien llegó a beneficiar al laboratorio colocando su medicamento Oxaprost entre los medicamentos promovidos por “Precios cuidados”, cuando aún el Anmat prohibía la comercialización de Misoprostol, sin siquiera objetar que un medicamento reumático elaborado con drogas sencillas tuviera un costo de mercado varias veces superior al promedio de ganancia que suelen contener otros medicamentos.

Volviendo a lo que la editorialista Peiró si dice, las citas a Perón le hacen honor y recuerdan que el peronismo actual debe estafar en materia de derechos de las mujeres para inscribir eso en su corriente histórica. El dominio católico del principio de control de la reproducción de la familia obrera al interior de los movimientos nacionalistas ha sido su principio rector.

Peronismo contra el feminismo y contra la izquierda

Es bueno recordar que esta ideología contraria a la emancipación de las mujeres del yugo de la vida doméstica, fue la piedra angular del peronismo en la que reposaban todas corrientes internas y que la lucha por el aborto legal en Argentina justamente fue posible por la ruptura de este principio nacionalista católico de la mano de la izquierda trotskista y de la mano de feministas de diferentes procedencias.

La estafa de la “Evita abortera” es una construcción reciente tendiente a emblocar al ascendente movimiento de mujeres con esta corriente. El peronismo es un movimiento político que resistió a la segunda ola del feminismo y antes al feminismo en general, con ferocidad. Eva Duarte reflexionó al respecto y decidió no integrar “el núcleo de mujeres resentidas con la mujer y con el hombre, como ha ocurrido con innumerables líderes feministas”. Su impulso tardío al voto femenino fue hecho sobre bases reaccionarias buscando reforzar el rol maternal y el lugar de la mujer en el hogar, incluso cuando frente a ella miles y miles de mujeres eran parte fundamental de la clase obrera de entonces. Eva Perón militó conscientemente la causa del voto femenino buscando oponerse al feminismo liberal en el que representaba al conjunto del feminismo de entonces y por supuesto a los principios socialistas que contenían en su raíz un impulso a la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres en términos socialistas -a diferencia de la igualdad capitalista, elitista y de clase que impulsaba el feminismo liberal de la época. Eva Perón se colocó en contra de estas variantes “aquello que el país tiene de más puro e incorruptible: la conciencia de una madre de familia, la conciencia de una mujer para quien Dios creó el supremo derecho a crear” es el principio que destacó para hacer campaña por el voto femenino al que consideró “la voluntad de elegir, la voluntad de vigilar, desde el sagrado recinto del hogar, la marcha maravillosa de tu propio país”.

No hay concepción extemporánea en la mirada de Eva Perón, como plantean quienes intentan exculparla o directamente buscan reinventar la historia. Las cartas de las diferentes variantes del feminismo y la posición revolucionaria y socialista sobre la cuestión de la mujer, estaban echadas y Eva Perón había elegido erigirse en una defensora heterodoxa de los reaccionarios principios impartidos por el catolicismo. (En defensa del marxismo Nº 55: el lugar del primer peronismo en las relaciones entre la Iglesia y el Estado nacional).

En 1974 Juan Domingo Perón fue autor de un decreto presidencial que prohibía la venta de anticonceptivos y disponía el cierre de las salas de salud destinadas a atender cuestiones de “salud reproductiva”. En otra publicación del portal de noticias, Peiró destaca que Juan Domingo Perón fue el último estadista para quien “el crecimiento de la población era un imperativo y en el Plan Trienal (1974-77) se preveían medidas para aumentar la fecundidad, reducir la mortalidad y fomentar la inmigración.” Los esfuerzos para incrementar la población a través del cuidado de embriones, luego fueron balanceados matando activistas obreros que molestaban a las patronales golpistas, a la Iglesia y a Perón y su política abrió paso a la dictadura criminal que se cargó la vida de miles de personas.

La Iglesia sabe de exterminios

Por otra parte las iniciativas eugenésicas, que varios Estados han emprendido en diferentes momentos históricos, hunden sus raíces en intentos de control social al servicio del capitalismo que las Peiró y el Vaticano defienden con fuerza. Claro que el Vaticano sabe de eugenesia. A través de su historia la ha fomentado de manera intensa, con el impulso al aborto y al infanticidio que dio durante siglos para garantizar derechos hereditarios o el particular “honor” de las clases acomodadas a las que el catolicismo respondió. O incluso para fomentar el crecimiento poblacional de la religión católica frente a otros cultos. Claro que la iglesia católica sabe mucho de eso. La Iglesia supo apoyar las políticas de exterminio del peronismo y de la dictadura militar, fomentando la eliminación de quienes afectaban los intereses patronales de entonces.

China, otro de los ejemplos que selecciona Peiró, en su etapa comunista legalizó el aborto y desde 1979 implementó un detallado proceso de forzamiento a abortar embriones femeninos para convertir al aborto en una política de control estatal de la natalidad. La eliminación de embriones femeninos, recurriendo a las tecnologías recientes que pueden identificarlos u otros tipos de prácticas, asumen esta forma bajo el Estado restauracionaista chino, un detalle que Peiró olvida porque es, antes que nada, una defensora del capital.

En este rincón de la militancia por el control social de pobres se encuentran unidos el Vaticano y las poderosas iglesias pentecostales financiadas desde la década del 50 por parte del capital norteamericano alineado con esas políticas. Los argumentos de Peiró fueron construidos por el Vaticano en el siglo pasado y tomaron forma con la aparición de la píldora anticonceptiva, a la que el Estado confesional se opuso en la encíclica de Pablo VI “Humanae Vitae” de 1968.

Con el presidente católico Joe Biden a la cabeza del país imperialista de mayoría protestante la conjunción de ambos poderes cristianos pueden imprimir un fuerte retroceso en esta materia. En la puja de la política interimperialista por el dominio social, los demócratas necesitan del peso electoral de un sector de la población que pugna por preservar los derechos adquiridos por las mujeres en la segunda ola del feminismo, sólo la movilización de este sector con su peso electoral logrará que los demócratas dirigidos por el derechista Biden sostengan los precarios y golpeados derechos alcanzados. “Veremos si Joe Biden sigue la tradición de su partido o mantiene la restricción siguiendo sus íntimas convicciones humanitarias” dice en su nota la periodista Peiró, que busca que la balanza se incline hacia el lado de la cercenación de derechos por parte del imperialismo.

La columna en cuestión pone en dimensión la verdadera naturaleza de la resistencia al aborto legal que está fundamentalmente en la función política que cumple el aborto clandestino y el adoctrinamiento social que permite vehiculizar a quienes desde el Estado y desde las iglesias buscan disciplinar a las mayorías populares en favor de los intereses capitalistas.

Nuestra tarea de luchar por la separación de las iglesias del Estado recién empieza con la enorme conquista del aborto legal que vamos a defender movilizadas en las calles.

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