04/02/1999 | 616

Día Internacional de la Mujer

En estos tiempos, las mujeres estamos obligadas a hablar y actuar como madres de familia de desocupados, de bebés internados, o como suspendidas o despedidas o esposas de suspendidos y despedidos.


Nos preocupa cómo nuestro sindicato nos deja abandonadas a la ferocidad patronal.


Algunas formamos parte de comisiones internas que quieren luchar contra esta política de guerra hacia los trabajadores, o pertenecemos a organizaciones barriales que enfrentan el hambre y la desocupación impuestos. Otras estamos desvinculadas, impedidas de organizarnos en nuestros sindicatos vaciados. Despedidas y alejadas de nuestras compañeras. A muchas sólo nos han permitido actuar en conjunto como madres en las escuelas de nuestros hijos.


En estos tiempos se nos plantea la necesidad elemental de organizarnos y responder a los verdaderos bombardeos que nos dirigen.


‘Ellos’ sí están organizados. El caso de las tres menores embarazadas por violación (una de ellas discapacitada) es uno de los más claros ejemplos: desde el Estado, los partidos patronales y el clero, se les niega el derecho al aborto, que en estos casos es legal.


Son los que en íntima unión con el imperialismo y el empresariado ‘nacional’ nos imponen los mayores sufrimientos y humillaciones. Los ‘moralistas’ que, con sus planes económicos al servicio del enriquecimiento minoritario y del empobrecimiento general, y con sus mafias de traficantes, son los responsables de la prostitución de miles de mujeres y niños.


¿Acaso nuestros dirigentes sindicales se han pronunciado en contra de este contubernio?


‘Ellos’ también mantienen una unión estrechísima con la Iglesia y el arco oficialista, por eso desalientan, desvían o se oponen a la lucha. Cuando nos permiten ‘estar’ en los sindicatos es para limpiar, decorar la fachada o asimilarnos.


Las trabajadoras argentinas tenemos una historia de lucha, antigua y cercana.


A principios de siglo, en la industria de la confección, fibras textiles, fósforos, cigarrillos, trabajaban mayoritariamente mujeres. Pero sobre todo eran ocupadas en el trabajo artesanal, doméstico y de servicios a domicilio, donde la explotación era mayor que en los talleres.


Estas compañeras también protagonizaron y fueron determinantes en las primeras oleadas de huelgas en Argentina.


En 1901, luego de luchas contra la imposición del horario nocturno por el mismo salario, un grupo de obreras funda la Unión Gremial Femenina, en la misma sede donde se reunían los sectores en lucha del movimiento obrero de la época. Con sucesivos y simultáneos conflictos como el de camiseras, modistas y planchadoras, se llega al año 1906, cuando 1.300 obreras de la Compañía General de Fósforos llevan adelante una huelga durante cinco meses.


En nuestros tiempos, las desocupadas convertidas en dirigentes de los piquetes y cortes de ruta, las docentes que protagonizaron las huelgas y marchas en la Capital, Neuquén, etc. Las trabajadoras de la salud del Castex, llevando adelante una lucha ejemplar contra la flexibilidad laboral y la autogestión hospitalaria, las comisiones de mujeres de obreros en huelga de Atlántida, de Río Turbio. Las miles de trabajadoras movilizadas en los Encuentros anuales de Mujeres, en actos contra la violencia social, política y sexual o por el derecho al aborto. Estos hechos, junto con los derechos arrancados y violados por la política patronal, ¿no son suficientemente contundentes para declarar que ha llegado la hora de que nuestras organizaciones obreras se den una política desvinculada totalmente con la de los patrones, convocando a movilizaciones, tomas de fábrica contra los despidos y plan de lucha nacional?


Las organizaciones como Ctera y ATE deben servir para encaminar la lucha de las bases con un plan de huelgas, movilizaciones, tomas de escuelas y hospitales que pongan la educación y la salud al servicio de sus trabajadores y la población, derogando las leyes de este gobierno y su socio aliancista y no hacernos perder tiempo y fuerzas, sujetando nuestras organizaciones a la política oficial, atrás de ‘financiamientos’ o ‘autogestión’ que sólo llevan a la liquidación de la salud, la educación y sus trabajadores. Los Daer (alimentación), Cavallieri (comercio), Barrionuevo (gastronómicos) o Andrés Rodríguez (UPCN), entre muchos, deben ser destituidos como dirigentes de nuestros sindicatos porque han firmado los peores atropellos laborales contra la mujer y los trabajadores.


Son tan responsables de la desocupación, degradación y violencia que sufrimos como los políticos oficialistas, los capitalistas explotadores y el clero.


Es preciso que las luchadoras, ocupadas y desocupadas, ocupemos el lugar que nos corresponde en las organizaciones obreras.


Todas los necesidades de la población trabajadora y la mujer, deben ser tomados por las organizaciones obreras y el movimiento de mujeres. Desde los planes de lucha por la prohibición de los despidos, el subsidio de 500 pesos a todo desocupado, el reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados, sin bajar el salario, la derogación de la reforma laboral y los convenios flexibilizadores, la atención legal y gratuita del aborto, la anticoncepción y la planificación familiar, hasta la organización de guarderías, comedores y contra la violencia en los hogares y barrios.


Pongamos nuestra muy mentada «inagotable devoción, abnegación y espíritu de sacrificio y lucha» a nuestro servicio y no al de nuestros explotadores y opresores.


Las Trabajadoras Autoconvocadas, comprometidas con esta tarea, llamamos a las mujeres y a las organizaciones de luchadoras a lograr, en este 8 de marzo de fin de siglo, un Día Internacional de la Mujer que encuentre y supere el camino iniciado por nuestras compañeras que nos antecedieron, hacia la organización independiente de la mujer unida a la de toda la clase obrera y los explotados.