Mujer

27/5/2026

El armado “feminista” de Kicillof, con los responsables del ajuste y el hambre de las mujeres

Este 3J pongamos en pie una gran movilización por Ni Una Menos contra el gobierno de Milei y todos sus cómplices,

Lanzamiento de la rama “Mujeres y Diversidades” del MDF.

El pasado 15 de mayo, en el Polideportivo Municipal de Ensenada, Axel Kicillof encabezó el lanzamiento de la rama “Mujeres y Diversidades” del Movimiento Derecho al Futuro (MDF), acompañado por Verónica Magario, Estela Díaz, Cristina Álvarez Rodríguez, Mario Secco y otros funcionarios, intendentes y dirigentes sindicales del oficialismo bonaerense. El acto no fue más que una puesta en escena para ordenar la interna del peronismo y reforzar el armado político de Kicillof de cara al 2027. El discurso del gobernador no presentó una sola medida concreta para enfrentar la degradación de las condiciones de vida de millones de mujeres trabajadoras bonaerenses.

En la provincia de Buenos Aires viven más de 17 millones de personas, de las cuales las mujeres representan más de la mitad de la población. Son ellas quienes cargan con los peores índices de pobreza, precarización laboral y sobreexplotación doméstica. Los últimos datos del Indec muestran que la pobreza alcanza al 31,6% de la población y la indigencia al 6,9% en los aglomerados urbanos bonaerenses. Detrás de esos números hay millones de mujeres sosteniendo hogares, llevando adelante changas, trabajos precarizados y tareas de cuidado para sobrevivir.

El lanzamiento del “Movimiento de Mujeres y Diversidades” pretende presentarse como una trinchera frente al ajuste y la ofensiva reaccionaria del gobierno de Javier Milei. Sin embargo, detrás de los discursos y las fotos oficiales aparece la profunda contradicción entre una narrativa “progresista” y una gestión que descarga la crisis sobre las trabajadoras, sostiene salarios de pobreza y le da la espalda a las principales demandas del movimiento de mujeres y diversidades.

Mientras tanto, el gobierno bonaerense sostiene beneficios fiscales y mecanismos de alivio impositivo para sectores concentrados del agro, incluyendo exenciones, segmentaciones y descuentos vinculados al inmobiliario rural y regímenes especiales para grandes propietarios y exportadores. En contraste, ajusta sobre las necesidades populares.

Las escuelas públicas bonaerenses sufrieron el recorte del programa Mesa (Módulo Extraordinario para la Seguridad Alimentaria), complemento del Servicio Alimentario Escolar (SAE), que garantizaba módulos alimentarios para millones de familias y que vio reducidas sus entregas en medio de una crisis social creciente. Los comedores escolares funcionan con presupuestos miserables mientras el hambre avanza en los barrios.

La situación de la docencia bonaerense es un ejemplo brutal de esta política. Se trata de uno de los sectores más feminizados del país, donde miles de trabajadoras sobreviven con salarios de pobreza, pluriempleo y endeudamiento permanente. Bajo el gobierno de Kicillof, el salario docente perdió poder adquisitivo de manera sostenida; con el gobierno de Milei, la eliminación del Fonid y el ajuste inflacionario profundizaron todavía más el derrumbe salarial.

Esa política de espalda a las y los trabajadores también quedó expuesta frente al conflicto de las familias obreras de Fate. Mientras cientos de trabajadores del neumático enfrentan despidos, suspensiones y una ofensiva patronal contra sus condiciones laborales, el gobierno de Kicillof se negó incluso a recibir a las familias. El mismo gobierno que pretende hablar en nombre de las mujeres trabajadoras le cierra las puertas a las obreras y familias que luchan por conservar su fuente de trabajo, dejando correr los ataques patronales en una de las principales industrias de la provincia.

Por su parte, el gobierno bonaerense no cuenta con herramientas suficientes para asistir efectivamente a mujeres en situación de violencia. Los dispositivos de emergencia y refugio son completamente insuficientes frente al aumento de las denuncias por violencia de género y femicidios. La propaganda oficial contrasta con la falta de presupuesto real para políticas integrales: viviendas de emergencia, subsidios habitacionales, acceso al trabajo, acompañamiento psicológico y patrocinio jurídico efectivo.

El intento de arrogarse la representación del movimiento de mujeres y diversidades choca además con hechos políticos concretos. Fue el gobierno de Kicillof, con Sergio Berni como principal ejecutor, el que llevó adelante el brutal desalojo de las familias de Guernica. Mujeres, niñas y niños fueron reprimidos violentamente por reclamar un derecho elemental como la vivienda. Esa postal mostró con claridad de qué lado estuvo el gobierno bonaerense cuando se enfrentaron las necesidades populares con los intereses de la propiedad privada.

También sigue pesando la responsabilidad política de un Estado que no da respuestas ante la desaparición de Tehuel de la Torre. A más de cuatro años de su desaparición, Tehuel sigue sin aparecer y el reclamo de justicia continúa vigente. El discurso oficial sobre “diversidades” convive con la impunidad frente a uno de los casos más emblemáticos de violencia contra la población trans.

Lo mismo ocurre con las familias víctimas de femicidios. El caso de Lucía Pérez es paradigmático. La lucha de su familia expuso no solo la violencia machista, sino también la complicidad judicial y estatal que revictimiza y garantiza impunidad.

En el terreno educativo, la distancia entre el discurso y la realidad también es evidente. La Educación Sexual Integral en la provincia no pasa, muchas veces, de jornadas aisladas o de una “semana de la ESI” anual sin continuidad pedagógica real. Mientras Milei impulsa una ofensiva reaccionaria contra la ESI y los derechos conquistados por mujeres y diversidades, el gobierno bonaerense tampoco garantiza condiciones materiales para defenderla efectivamente.

Las y los docentes no cuentan con formación en servicio sistemática ni con recursos pedagógicos suficientes para desarrollar una ESI científica, laica y con perspectiva de género en las escuelas. La sobrecarga laboral, la falta de horas institucionales y los salarios de miseria convierten cualquier política educativa en letra muerta.

Este 3 de junio volveremos a movilizarnos en las calles bajo la bandera de Ni Una Menos, contra los femicidios, el hambre, el ajuste y la violencia estatal. Frente al gobierno reaccionario de Milei no sirve un “mal menor” que aplica el ajuste con otro lenguaje. Hace falta desarrollar un verdadero plan de lucha hasta derrotar el ajuste nacional y provincial: impulsar la huelga general y construir una alternativa política propia de la izquierda y de las y los trabajadores, que pelee por salarios equivalentes a la canasta familiar, presupuesto para educación y salud, refugios y asistencia integral para mujeres en situación de violencia, ESI científica y laica en todas las escuelas y todos los derechos para las mujeres y diversidades.

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