25/01/2001 | 695

El crimen de Gisella Vallejos (Pilar)

El crimen de Gisella Vallejos es uno de los casos que han caracterizado estas últimas décadas. Como ha sucedido con María Soledad, Carrasco, las mochileras, Jimena Hernández y tantos otros, en donde la investigación del caso comienza con el oscurecimiento de las pistas; como en esos casos, los datos fuera de toda lógica dados por la policía y los peritos y demás “interesados” apuntan más a marear que a aclarar la cuestión. Por alguna razón misteriosa los grandes medios, que durante semanas informaron minuto a minuto sobre la hija del juez de Rufino, apenas hablaron uno o dos días sobre esta muchacha que desapareció la noche del 25 de noviembre y fue encontrada muerta diez días después. A Gisella la policía no la quiso buscar, dijo que seguramente se había fugado y les pidió a los familiares y amigos que no concurrieran a los medios. A los seis días sus compañeros del Colegio Almañierte organizaron una sentada frente a la Municipalidad y frente a la comisaría reclamando que se comenzara la búsqueda. La policía se molestó por esta demostración e increpó a los manifestantes ante las cámaras de la red local; volvió a decir que la víctima andaría con un noviecito. A partir de ahí comenzaron a aparecer distintas versiones sobre el lugar donde se la había visto por última vez (todas ellas echando dudas sobre la inocencia de la víctima). El sábado 2 de diciembre comenzaron a aparecer versiones sobre la aparición de una muchacha muerta y violada en San Alejo, un barrio periférico. El lunes 4, al concurrir la que escribe para tratar de conversar con algrin pariente o amigo (ya que se hablaba de otra marcha), la secretaria del colegio nos preguntó con una actitud distante si era verdad que ya había aparecido muerta; paralelamente, corrían también rumores sobre una niña violada. También María Soledad y Carrasco habían sido paseados por clínicas en estado agónico con la idea de revivirlos y, luego, camuflar su muerte.


Gisella apareció el martes 5 de diciembre en un baldío cercano a la Panamericana y Ruta 25 en un estado de descomposición que “impidió” a los peritos saber si hubo violencia y se dijo que siempre estuvo ahí. Ibdo Pilar sabe que no pudo ser así; ni siquiera un animal pudo pasar desapercibido en ese lugar durante tanto tiempo; a la mañana se varean caballos, durante el día suelen jugar al fútbol vecinos de la zona y durante la noche sueltan ñeros “doberman” que custodian las solariegas casas de la zona. Curiosamente, este predio estuvo sin iluminación artificial hasta el mismo día. Esta aparición causó la remoción de los jefes de policía y se amonestó al secretario de Seguridad, portador de un aullido Ligado a la dictadura (Caícagno), por decir a los medios sin ningún fundamento y por su propia inventiva que Gisella había sido vista en la estación la noche en que desapareció.


Los interrogantes en esta tostona surgen solos, y siguiendo el espinel del encubrimiento podemos señalar fácilmente a los sospechosos. El dinero, el poder y la “seguridad” están unidos en este asesinato. A nosotros nos interesa recalcar que nna vez más una joven de condición plebeya (Gisella) resulta víctima de una sociedad que no tiene lugar para los jóvenes, así como tampoco para los viejos, y que parece tratar de resolver su incapacidad liquidando partes de su propio cuerpo. La juventud hoy en día resulta mi paria social, salvo que pertenezca a determinado rango social. Está marginada culturalmente, está reducida a realizar trabajos descalificados, es perseguida por vagancia y es víctima del gatillo fácil, como si ella fuera culpable de la falta de trabajo y de que florezca el narcotráfico; sobre ella avanza la prostitución infantil, el secuestro y la trata de blancas y también, como posiblemente en el caso de Gisella, el intento de uso y abuso para la diversión insaciable y decadente del capitalismo. Luego se la tira por ahí, se le echa la culpa a la víctima y a la familia tratando de que la sociedad justifique el de-fl lito aberrante, con aquel viejo dicho: «Por algo habrá sido…».


Esto debe terminar, la juventud debe enfrentar esta situación, debe ser apoyada por sus padres, en defensa de su vida y su futuro. Los estudiantes del colegio Almafuerte y de todos los colegios secundarios de Pilar deben solidarizarse con los familiares de Gisella y con ella misma. El día viernes 15 de diciembre de 2000 se realizó la primera marcha de silencio, en la cual el Partido Obrero estuvo presente. Pero el temor, la falta de organización y el silencio de los medios nacionales permitieron su aislamiento. Es hora de ponerse de pie y luchar jpor el esclarecimiento del asesinato de Gisella hasta las últimas consecuencias, por la formación de una comisión de familiares y amigos de Gisella que siga y controle la investigación y consiga la intervención de peritos de parte; hay suficientes ejemplos de fabricación de pruebas como para dejar las cosas en manos de los propios sospechosos.

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