Mujer
9/4/2026
El recorte de los programas sociales: un ataque directo a las mujeres trabajadoras de los barrios
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Imagen: archivo.
El gobierno nacional profundiza el desmantelamiento de los programas sociales, en el marco de un ajuste que tiene como principales víctimas a los sectores más vulnerables. Lejos de cualquier discurso de “retorno al trabajo”, lo que se verifica en los barrios populares es un crecimiento de la desocupación, la precarización y el hambre. Y en ese escenario, son las mujeres trabajadoras quienes cargan con el peso principal de la crisis.
El Polo Obrero viene denunciando que los recortes masivos en programas como Volver al Trabajo no representan ninguna política de inserción laboral real, sino un mecanismo de expulsión. No hay generación genuina de empleo, no hay políticas de formación, y lo único que crecen es la informalidad y la desocupación. Mientras tanto, miles de familias quedan sin ingresos básicos.
Esta ofensiva golpea particularmente a las mujeres. No es un dato menor que cerca del 70% de quienes perciben este programa son mujeres que sostienen mayoritariamente las tareas comunitarias en comedores, merenderos y espacios de cuidado, garantizando la alimentación de miles en los barrios. El Estado descarga sobre las mujeres la responsabilidad de contener la crisis social, al mismo tiempo que les quita los recursos para hacerlo. De este modo, se refuerza una doble explotación: como trabajadoras precarizadas y como principales responsables de las tareas de cuidado en sus hogares.
A su vez, el discurso oficial estigmatiza a las beneficiarias de programas sociales, presentándolas como “planeras” y responsabilizándolas de la pobreza. Buscan justificar el ajuste y dividir a la clase trabajadora, ocultando que la verdadera causa del desempleo y la miseria es un régimen económico que excluye a millones.
Los datos acompañan esta realidad. Según el Indec, la tasa de desocupación es sistemáticamente más alta entre las mujeres que entre los varones, y la brecha se agrava en los sectores más jóvenes y de menores ingresos. A esto se suma una menor tasa de actividad femenina, atravesada por la sobrecarga de tareas de cuidado, lo que implica que millones de mujeres directamente quedan fuera del mercado laboral. Entre quienes sí acceden a un empleo, predominan las formas más precarias: trabajo no registrado, changas y ocupaciones de bajos ingresos; de hecho, más de un tercio de las mujeres ocupadas se encuentra en la informalidad.
Esta situación se agrava en ramas específicas donde la presencia femenina es alta, como la industria textil, que viene siendo fuertemente golpeada por la apertura de importaciones impulsada por el gobierno. La entrada masiva de productos más baratos ha provocado el cierre de talleres y la pérdida de puestos de trabajo, profundizando la expulsión laboral de miles de trabajadoras que ya se encontraban en condiciones precarias.
El recorte sobre estos programas no solo impacta en nuestros ingresos, sino también en la economía de los barrios. Los escasos $78.000 del programa -congelados hace más de dos años- se destinan en su enorme mayoría a la compra de alimentos en almacenes y comercios barriales. Su eliminación o reducción implica un golpe directo a estos circuitos económicos locales, que ya se encuentran debilitados por la recesión. De esta manera, el ajuste no solo empobrece a las familias trabajadoras sino que profundiza el deterioro del entramado económico de los barrios populares.
En este contexto, también crecen las amenazas sobre políticas como la Asignación Universal por Hijo. Los rumores de nuevos recortes o congelamientos en la AUH no hacen más que profundizar la incertidumbre en millones de hogares que dependen de este ingreso para garantizar condiciones mínimas de vida. La AUH, que esta “indexada a la inflación”, viene sufriendo aumentos miserables que no corresponden con el aumento los alimentos, servicios, alquileres, etc. Nuevamente, son las mujeres -principales titulares de esta asignación- quienes se ven directamente afectadas.
A esto se le suma el congelamiento de la Tarjeta Alimentar desde 2024 y el avance del Gobierno de la Ciudad que anunció mediante un decreto la eliminación de todos los programas como el de Veredas Limpias -destinado a la limpieza de los barrios y la recolección de residuos. Nuevamente se trata de un programa donde el 90% de quienes trabajan son mujeres.
El ataque a los programas sociales es, en definitiva, un ataque a las familias trabajadoras, pero con un impacto diferencial sobre las mujeres pobres y desocupadas de los barrios populares.
Frente a esta ofensiva, se plantea la unidad en contra del millón de despidos en el Volver al Trabajo, su universalización y aumento acorde a la canasta básica, el reconocimiento de las tareas comunitarias como trabajo y la creación de empleo genuino bajo convenio. Solo a través de la organización y la lucha de las y los trabajadores será posible enfrentar un ajuste que busca descargar la crisis sobre las espaldas de quienes menos tienen.




