28/08/2008 | 1052

El taller de feminismo y el clero

El taller estaba integrado en general por feministas jóvenes, muchas independientes. Había del MIR, de Boca en Boca, de Mujeres en Búsqueda de San Luis, de la Casa del Encuentro. Se discutió mucho, acalorada pero respetuosamente, sobre el acto de apertura, sobre la relación del feminismo y el movimiento de mujeres y con los partidos de izquierda, sobre cómo incidía la cuestión de clase también dentro del feminismo, sobre cómo articular una lucha en común con otros sectores en lucha, sobre los retrocesos en los derechos de las mujeres y cómo nos defendemos.

Cuando ya estaba cerrada la lista de oradoras y empezábamos a redactar las conclusiones, dos mujeres pidieron la palabra y se pronunciaron para revalorizar la función de la mujer como madre y ama de casa, y en defensa de la vida desde la concepción. Eran dos mujeres de la Iglesia encubiertas -junto con la elegida como coordinadora a falta de la designada-, que habían participado del taller con frases «inocentes», datos de internet, citas a Maitena y hasta preguntando «¿quién es Romina? ¿qué le pasó?».

La maniobra para incluir las posiciones de la Iglesia en las conclusiones despertó la ira del taller. Luego de discusiones y gritos, en conjunto decidimos registrar lo que habían dicho, con qué método, cuántas eran, y dejar constancia del repudio unánime del taller. Exigieron que no se precisara que eran tres sino que se las mencionara como «minoría».

«El feminismo no discute el derecho al aborto», respondían las feministas. «No les vamos a permitir que se nos infiltren y nos hagan aparecer conclusiones en nuestro taller sobre temas que en el feminismo están fuera de discusión». «El año que viene no les vamos a permitir la entrada desde el principio. Vamos a aclarar que los talleres de feminismo no cuestionan principios básicos que hacen a la defensa de las mujeres».

Ante la insistencia clerical, nos pusimos de pie y el taller estalló en un «que se vayan». La coordinadora quiso huir con los originales de las conclusiones y tironeó hasta romperlos. La representante de la Comisión Organizadora (PCR) tardó más de 20 minutos en reponer el papel membretado, pretendiendo que en las conclusiones debía figurar todo. El taller le respondió que éramos autónomas y que ya habíamos resuelto qué figuraba y cómo. Las conclusiones se escribieron con un cordón de resguardo contra las católicas.

Los principios del feminismo, la autonomía y la defensa de los derechos de las mujeres son el Encuentro mismo, no se ponen en cuestión. Sin embargo, es lo que pretendió hacer el PCR con su aliada histórica: la Iglesia. El taller también se pronunció en defensa de los Encuentros y repudió el apoyo a las posiciones sojeras y la violencia que se ejerció en el acto de apertura. También se pronunció mayoritariamente a favor de marchas unitarias en setiembre por el aborto legal y en noviembre contra toda forma de violencia hacia las mujeres «para mostrar nuestra fuerza, lo que se está haciendo y a quién le estamos reclamando».

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