Kristina y sus hermanas
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La candidata francesa Ségoléne Royal, en su visita a la Argentina, presentó la posibilidad de que Kristina fuese presidenta como una victoria del género femenino.
“Las mujeres podemos aportar una perspectiva distinta, más humana, dentro de este mundo desquilibrado”, señaló Royal.
El hecho de que las mujeres hayan conquistado espacio en la “vida pública” al punto tal de arribar a la presidencia de una nación, señala el destino final de la igualdad tan reclamada por el feminismo burgués, al interior del sistema de representación política y demás mamposterías capitalistas.
¿Cuál es el cambio profundo impulsado por la chilena Bachelet? ¿El refuerzo de la represión al movimiento estudiantil chileno, que señala una continuidad con la “desprocesada” dictadura?
¿Cuál es la perspectiva “humana” en función de la cual las mujeres como Kristina están dispuestas a intervenir en sus países?
No cabe duda que Condoleezza Rice y la sionista Tipsi Livni, manifiestas simpatizantes de la presidenta electa, al igual que las militares estadounidenses que violaron y torturaron a los prisioneros iraquíes en Abu Ghraib, han conquistado un importante lugar como mujeres: respaldar y llevar hasta las últimas consecuencias la política del imperialismo.
Más que a un “cambio profundo”, asistimos a una mentira feminista.
En su discurso del 28 de octubre, Kristina convocó a sus “hermanas de genero, a las obreras, a las estudiantes, y a las profesionales” (Clarín, 29/10) a recomponer el “tejido social”.
De Kristina, más que un gesto de “humanidad” hacia sus “hermanas” podemos esperar un fratricidio. Miles y miles de compañeras mueren por año por abortos clandestinos mal practicados, cuyas muertes Kristina no pretende detener puesto que declaró no estar dispuesta a legalizar el aborto.
La conquista del poder de las mujeres no puede ser para matar de hambre a las mujeres aborígenes del Chaco, para despedir a las obreras de Alcoyana ni para mandar gendarmes contra las mujeres que luchan en el puerto de Mar del Plata.
El Encuentro en Córdoba resolvió un plan de lucha porque las mujeres llevaron su experiencia de lucha contra el Estado a todas las comisiones. Llevemos a nuestros barrios, lugares de trabajo y estudio la fuerza de un movimiento de mujeres que siga conquistando posiciones de clase. Organicémonos para llevar nuestras posiciones adelante. Sostengamos nuestras banderas en las calles, movilizándonos, y denunciando la política antiobrera y antipopular, y completamente hostil a nuestros derechos, de la nueva presidenta patronal.
El 2008 nos debe encontrar en las calles. Es el año del aborto legal.

