08/06/2021
TUCUMÁN

La eterna impunidad para Alperovich

El Senado le extiende la licencia que tiene desde 2019 por una denuncia de abuso sexual.

La semana pasada, el Senado de la Nación decidió extender nuevamente la licencia de José Alperovich, quien desde 2019 la solicitó debido a la denuncia por abuso sexual que pesa sobre él.

Recientemente, la Corte Suprema de Justicia resolvió que el exgobernador sea juzgado en Buenos Aires, ya que la víctima, su sobrina, había radicado la denuncia en ambos distritos. Durante casi dos años, la justicia tucumana buscó razones para excusarse y patear la responsabilidad de la investigación a la capital, debido a los fuertes lazos y poder que tiene Alperovich en la provincia, los cuales ya fueron evidenciados en el caso Paulina Lebbos.

Luego de la sesión del Senado mencionada, el diputado nacional y extitular de la Caja Popular de Ahorros de Tucumán (CPA), Carlos Cisneros, denunció que Alperovich estaría faltándole el respeto a lxs tucumanxs al negarles un voto en la cámara por esta licencia, y que debería renunciar para que asuma Marieta Ureña Russo, secretaria general del Sindicato de Trabajadores Judiciales (Sitraju).

Esta movida de Cisneros nada tiene que ver con una jugada justiciera, sino que se trata de una pasada de factura por cuentas pendientes debido a una vieja pelea que mantiene con Alperovich. Desde los años en que cada uno cumplía sus viejas funciones, se disputaron el manejo de la CPA, que en definitiva significaba el manejo de grandes fondos como el proveniente de las quinielas de la provincia. Durante su gobernación, Alperovich se enfrentó a La Bancaria por este tema, hubo acusaciones de todo tipo, y terminó imponiendo un interventor de su ala de confianza, Armando “Cacho” Cortalezzi.

Pero este conflicto no es ajeno a la disputa, que ya lleva más de un año, entre Juan Manzur y Osvaldo Jaldo. Con las viejas estrategias de tirar acusaciones a diestra y siniestra, en los últimos meses esta pelea llegó a nuevos niveles. Desde el ejecutivo, se intenta vincular al vicegobernador con Alperovich y Bussi, queriendo aparentar que sería el sector de Manzur el PJ “bueno y progre”. Un verdadero disparate muy lejos de la realidad que vivimos en Tucumán. Sabemos bien que si bussistas fueron en las listas oficialistas y llegaron a ocupar cargos relevantes en la legislatura y otros órganos fueron directamente por la connivencia de los dos cabecillas provinciales del peronismo. Fuerza Republicana, el partido fundado por el represor Domingo Bussi, es una pieza fundamental del armado pejotista provincial que busca mantener cerca y a su favor a los sectores más reaccionarios.

Ahora, debido a la interna y al posible acercamiento de Sara Alperovich al sector jaldista, se pretende hacer pasar como que sería éste, y ninguno más, el único capaz de bancar al ex gobernador, tratando de desligarse, cuando fue Manzur con todo su partido quienes durante años pusieron todas las herramientas de la justicia y el poder político para garantizar la impunidad de Alperovich, quien ya arrastraba diversas denuncias y, sin embargo, nunca pareció importarles.

Cisneros nos quiere hacer pasar como que quien asuma en lugar del denunciado sería un voto a favor de lxs tucumanxs, cuando muy lejos están de defender nuestros intereses y derechos aquellos que decidieron acompañar a Alperovich, saqueador de la provincia. La complicidad de llevar a un hombre acusado por el terrible encubrimiento del crimen de Paulina no plantea la perspectiva de representar al movimiento de mujeres y diversidades tampoco, todo lo contrario. Esta maniobra responde simplemente a la rosca política y sus intereses individuales.

No debemos dejarnos engañar ni confiar en que será la justicia porteña la que condene al senador. Sabemos bien que, al momento de aplicar el ajuste, el PJ no tiene fisuras, y se apoya en el bussismo o en cualquier sector reaccionario para estos fines. Debemos redoblar la pelea para sacarnos de encima a los Manzur, Jaldo y Alperovich de una vez por todas. Es necesario un cambio de raíz en este Poder Judicial re podrido hasta sus bases, con elección popular de jueces, fiscales y su revocabilidad, un cambio que ninguna perspectiva de género (que las candidatas alperovichistas supuestamente ya tienen) podrá conseguir si la complicidad como garantía de la impunidad atraviesa a todo el Estado y los partidos patronales. Es por esto que no tenemos expectativas en una reforma judicial feminista, sino que planteamos que solo la lucha y la organización independiente es el único camino posible que arrancará la justicia para las víctimas.

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