Mujer
12/6/2026
Mujeres detenidas fueron torturadas y abusadas sexualmente por el servicio penitenciario en la cárcel de Magdalena
Ocurrió en la Unidad 51 del servicio penitenciario bonaerense.

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Unidad 51.
El pasado 3 de junio, mientras miles de mujeres y diversidades inundábamos las calles del país a 11 años de la primera movilización por Ni una Menos, en medio de la conmoción y la bronca luego de los femicidios de Agostina, Dulce y Noelia, cuatro mujeres detenidas en la cárcel de Magdalena (Unidad 51) fueron víctimas de torturas y abuso sexual por agentes del Servicio Penitenciario Bonaerense y autoridades de la unidad. La Comisión por la Memoria pudo constatar los abusos y realizó la denuncia penal y administrativa ante la Fiscalía 11 de La Plata de turno, a cargo de Álvaro Garganta.
Las torturas consistieron en golpizas, amenazas, violencia verbal, gas pimienta en los ojos, abuso sexual y submarino húmedo. Luego de unas horas, tres de las víctimas fueron trasladadas a otras unidades y la única que permaneció allí sin ninguna asistencia psicológica intentó suicidarse. Al día siguiente, otra de las detenidas fue víctima de torturas.
Según los testimonios de sus compañeras y de las propias víctimas, la jefa del penal Daiana Balmaceda se encontraba presente en el momento de las agresiones sexuales y la tortura, dirigiendo el operativo y pidiendo que le “besaran las botas”. Una de las mujeres, que se encontraba semidesnuda en una celda, separada del sector de convivencia, fue rodeada por agentes varones del llamado Grupo de Intervención de Emergencias. Le sumergieron varias veces la cabeza dentro de una bacha con agua y cada vez que se negaba a besarle las botas a Balmaceda, la víctima era golpeada, escupida o agredida sexualmente con las escopetas sobre su cuerpo. Luego, los agentes se turnaron para abusar de ella. Después del hecho, y a pesar de las brutales lesiones que tenia la víctima, según el cuerpo médico penitenciario “no se constataron lesiones visibles”.
Otra de las mujeres trasladadas al penal de Melchor Romero relató que luego de golpizas también abusaron de ella en presencia de las autoridades del penal; la ataron de pies y manos, y la agarraron y le rompieron la ropa. Al ser trasladada se encontró con todas sus pertenencias rotas y llenas de basura. Ninguna de las mujeres trasladadas recibió asistencia médica en los penales a los que las llevaron.
El sistema se protege a sí mismo
El titular del Juzgado de Garantías N° 4 de La Plata, Juan Pablo Masi, rechazó la presentación como particular damnificado institucional de la CPM por considerarla “prematura” para esta instancia del proceso judicial. La resolución, claramente violatoria de la ley nacional 26.827 que crea e implementa el Sistema Nacional de Prevención de la Tortura, apunta por supuesto al encubrimiento de estos crímenes atroces.
Las cárceles se encuentran superpobladas de mujeres pobres y jóvenes, que son carne de cañón para el servicio penitenciario. El 70% de las mujeres privadas de su libertad en el país están presas por causas ligadas con estupefacientes, como tenencia para consumo, narcomenudeo o transporte (“mulas”). Del 30% restante, casi todas cursan penas por homicidios contra parejas o exparejas con un común denominador: golpes, abusos y denuncias por violencia de género, en un país donde ocurre un femicidio cada 31 horas. La gran mayoría tiene entre 24 y 35 años. Más de la mitad son madres y, por supuesto, son muy pocas las que tienen una condena firme.
Todo esto pone de manifiesto que la población en las cárceles se compone mayoritariamente de mujeres pobres y jóvenes, como consecuencia de una degradación social del propio régimen capitalista, que no solo no garantiza la vida y los derechos elementales de las mujeres trabajadoras sino que descarga sobre las espaldas de los sectores más vulnerables las consecuencias de su propia descomposición.
Por otro lado, en contextos de encierro, la violencia sexual no puede considerarse como un hecho más. Es una forma específica de tortura y disciplinamiento, que reproduce jerarquías de poder dentro del servicio penitenciario sobre mujeres que ya se encuentran privadas de su libertad.
Ni una menos en todos lados, también las cárceles
Como en otras ocasiones, este caso aberrante salió a la luz gracias a que las mujeres se organizaron dentro de la cárcel y se animaron a gritar “Ni una menos” denunciando públicamente lo ocurrido. Es indispensable la organización independiente de las personas en situación de encierro para denunciar y terminar con un sistema penitenciario podrido. Ni una menos es también la lucha dentro de las cárceles contra las torturas, las agresiones sexuales y toda forma violencia y opresión.




