23/03/2011 | 1169

Algo huele a podrido en Dinamarca

Otra vez la bomba. Su boca desahuciada. La demencia en los ojos de dioses homicidas. Los cruzados terrestres del hambre y la mentira otra vez perforando la mirada del Hombre.

Bombas sobre Libia.

Poderosas.

Murientes.

Como en Afganistán, 2001, los talibanes y Bin Laden sin rostro en las Torres del Aire.O Irak, el 2003, contra Saddam Hussein, los negociados de la Halliburton y las armas de destrucción masivas que aún siguen buscando.

El mundo contrahecho.

Bombas como lágrimas de Dios cayendo hacia la tierra y, en la tierra, los hombres, las mujeres, los niños volviéndose de polvo y alarido.

Operativo Amanecer, casi vergüenza el nombre de amanecer en llamas, con la muerte y el miedo que en la garganta triza sus demonios sagrados.

Operativo Amanecer y Gran Bretaña y Estados Unidos y Francia llevan la luz a punta de misiles. Jinetes de caballos retorcidos.

Tres de los cinco miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones han abierto sus fauces para mascar a Libia. Dos degluten lo que sueñan. Todos responsables de la muerte. Pretores del mundo. Piratas a escala universal. La Liga Arabe, la Unión Africana, Canadá mirando y asintiendo de reojo.

Cientos de tomahawak, rafeles y mirages como sombras sin pausas sobre el pueblo y sus casas. Otra vez la bomba sacude la memoria.

¿Qué diría Sartre cayendo hacia delante? ¿Otra vez los condenados de la tierra con la sangre mordida por los perros de siempre?

No hablaré de Gaddafi porque es sólo una excusa: Thierry Bruckhard se llena de dientes la palabra. Sarkozy balbucea y Obama vuelve a tener blanca la sonrisa (recuerdo las palabras de Petras: «Obama es sólo un blanco que ha tomado sol»).

Gaddafi no es mi sueño ni el que amenazaba ser; sólo quiero volver al punto cuando la Europa o Estados Unidos canturreaban con él, «el oro negro», los millones de euros en su cuenta bancaria, los leprosos, los náufragos y Silvio Berlusconi escudriñando la costa de un país que explotaba.

Zapatero en España con un ojo desviado en Libia, pero ciego en Marruecos, donde sus intereses colisionan con los derechos humanos de civiles asesinados. Zapatero a tus zapatos me dan ganas de decir, más no lo digo.

Ahora el Tigre Libio no levanta sus tiendas en los Jardines de Versalles ni su excéntrica figura camina los senderos de Buckingham, ni Vladimir Putin lo cubre con su estola.Las damas de la Unión Europea no perfuman ni lucen en sus cuellos diamantes ni rubíes del Africa. No pasean su piel desmenuzada.

Muammar Gaddafi empieza a sentir la soledad de sus propios errores. También siente la muerte y amenaza bombardear poblaciones en el Mediterráneo. Ladra con el resto que tiene. Bombas sobre Libia, allí donde la violencia se apodera de las palabras. Las diseca. Las obstruye. Las carcome.

Invadieron de pronto y refucilo como dice un poeta. Sin buscar otros modos de ayuda. Estrategias sin bombas. Inficionando de inteligencia lo que se derrumbaba.

Recuerdo el Unasur y Bolivia, Ecuador y Colombia, y la palabra entonces como un arma sagrada. La muerte en un rincón solloza todavía.

Hasta el cansancio habré de recordar que en nombre de la Libertad y la Democracia atacaron Malvinas, invadieron Afganistán, masacraron a Irak o estuvieron en la India o… ¿Volverán los ojos sobre los monstruos de esta América Libre, Evo Morales, Chávez, Correa cuando el agua, el petróleo agonice en sus pozos o el aire se oscurezca sin árboles ni pájaros?

¿En dónde debo estar con la Palabra y el cuerpo sino con el agredido? ¿Con los sometidos de siempre? ¿Con los que rozan la luna con sus sueños?

La razón de ser de los imperios es el sometimiento. No levantan otras banderas. Tampoco toleran otras.

Los pueblos, sólo ellos, encuentran el camino de su liberación.

Sólo nosotros.

Algo huele a podrido en Dinamarca.

Texto de “La Palabra y los Días”, de Hugo Francisco Rivella para Los Ocultados

http: hugofranciscorivella.blogspot.com

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