Opinión
24/10/2026
El espectro cada vez más estrecho de la política israelí
Artículo de opinión de Yoav Haifawi, integrante del movimiento Abnaa el-Balad
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El siguiente texto forma parte de un artículo de opinión más amplio titulado "Los palestinos del '48 y las elecciones del Apartheid israelí", de Yoav Haifawi, que puede consultarse en la revista En Defensa del Marxismo.
La principal línea divisoria en la política de los palestinos del ’48 pasa entre una orientación palestina, que se organiza como parte integral del pueblo palestino bajo la ocupación, y un intento de participar en la política israelí, que busca sobre todo ganar algo de influencia a través de la representación en la Knesset.
El punto más alto de la influencia palestina a través de la política israelí se dio durante el segundo gobierno de Rabin (1992-1995). En realidad, fue la Intifada palestina la que obligó a Israel a reconocer a la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) y a negociar con ella. Pero Rabin necesitaba el voto de los partidos árabes en la Knesset para formar y sostener su gobierno y para aprobar los Acuerdos de Oslo. Incluso en ese pico de su influencia política, Rabin hizo una cuestión de principios mantener a los partidos árabes fuera de su gobierno y fuera de las negociaciones políticas sobre la orientación de su gobierno. Aun así, apoyarse en votos árabes fue una de las principales razones por las que la extrema derecha israelí consideró ilegítimo el gobierno de Rabin y uno de los motivos de la incitación en su contra que llevó a su asesinato.
Los gobiernos israelíes posteriores, encabezados por Netanyahu, Barak y Sharon, desmantelaron en los hechos los Acuerdos de Oslo, continuaron la política de asentamientos y limpieza étnica, y forjaron un viejo-nuevo consenso sionista de que no debe haber un Estado palestino independiente. En las últimas décadas, incluso la palabra “paz” quedó completamente excluida del léxico político israelí. La principal razón que justificaba la participación palestina en las elecciones israelíes desapareció.
Con un argumento propagandístico muy utilizado, los políticos sionistas acusan a los partidos árabes de la Knesset de preocuparse más por los palestinos “ajenos” de Cisjordania y Gaza que por los derechos económicos y civiles cotidianos de los ciudadanos árabes de Israel. Los dirigentes sionistas incluso suelen echarle la culpa de la discriminación sistemática contra los palestinos del ’48 a este “fracaso” de la dirigencia árabe. Los diputados árabes de la Knesset usan estadísticas y registros para demostrar que dedican el 90% de su tiempo a intentar mejorar la vida cotidiana de sus votantes, pero en la mayoría de los casos sus súplicas a las instituciones del Estado caen en oídos sordos u hostiles.
En las próximas elecciones compiten dos listas “árabes”. Son los únicos partidos participantes que no apoyan el genocidio en Gaza, la ocupación y los asentamientos en Cisjordania ni la guerra contra Irán. En ambas listas hay también candidatos judíos, pero se espera que muy pocos judíos voten por una lista bajo dirección árabe.
Como no hay perspectiva de influencia política, y todo lo que los partidos árabes pueden esperar es usar la representación que obtengan para defender los derechos cotidianos de la población, existe un consenso en que las marcadas diferencias políticas entre los partidos son irrelevantes. Uno no va a la Knesset a promover el islam, ni a alcanzar el comunismo o el socialismo, ni a impulsar una agenda árabe o palestina. Incluso es difícil sostener que se pueda defender la democracia en la Knesset. La agenda común que los votantes esperan de todos los partidos árabes es frenar (o desacelerar) las demoliciones de viviendas y la confiscación de tierras, reducir la discriminación, conseguir presupuestos para los municipios y, sobre todo, obligar a la policía a enfrentar a las bandas criminales.
Este fuerte deseo popular de unidad en la lucha por los derechos cotidianos estalló en Sajnín en enero de este año. Sajnín, en el corazón de la Galilea, tiene una larga historia como centro de la lucha palestina. En enero, el pueblo de Sajnín encabezó una ola nacional de huelgas y protestas contra la violencia, el dominio de las bandas criminales y la complicidad del gobierno. El 22 de enero de 2026, culminó con la manifestación palestina más grande de los últimos años. Al final de la manifestación, las masas “secuestraron” a la dirigencia de los cuatro partidos que planean participar en las elecciones y les hicieron firmar el compromiso de formar una lista común. Muchos de quienes llaman al boicot a las elecciones también apoyan la unidad entre los “partidos de la Knesset”, para reducir los conflictos internos y ayudar a formar un frente único en las luchas contra las políticas racistas del gobierno.
Por lo visto, los propios dirigentes de los partidos estaban menos convencidos de la necesidad de la unidad. Mantuvieron una larga y delicada disputa por posiciones partidarias y personales dentro de la lista común casi hasta los últimos días. Para los propios partidos, la representación en la Knesset les asegura el acceso a presupuestos estatales, que son el principal sostén del funcionamiento cotidiano del aparato partidario.
Convencer a los votantes de que vayan a votar es lo más difícil para los partidos. Para eso tienen que demostrar que participar sirve para algo. El problema es que, para tener influencia en la política israelí, hay que apoyar a uno de los grandes bloques sionistas que compiten por formar el próximo gobierno. Eso significa que, según el mapa político actual, la mayor esperanza de los partidos árabes es apoyar al general Eisenkot. La trampa, sin embargo, es que Eisenkot declara día y noche que no dependerá del apoyo árabe. Para él, solo una mayoría judía sionista puede formar un gobierno israelí legítimo.
Con estas sombrías perspectivas, nuestros partidos árabes lograron dividirse por cuestiones de principios y no por el reparto del botín de las bancas en la Knesset. La Lista Árabe Unida (Ra’am), encabezada por Mansour Abbas —la escisión del Movimiento Islámico favorable a participar en la Knesset—, sigue explorando el camino de las concesiones ilimitadas para formar parte del próximo gobierno israelí. Hasta ahora, su principal logro es ocupar el centro de los afiches de campaña del Likud de Netanyahu, como el cuco que lleva a la oposición sionista a la traición.
Cuando Abbas aceptó las condiciones extorsivas de Eisenkot, incluido el “servicio nacional” para la juventud palestina como compensación por no servir en el ejército, Eisenkot agregó una nueva condición: que todo integrante de su gobierno debía apoyar la eliminación de Hamás. Abbas sigue diciendo que la única razón para estar en la Knesset es formar parte del gobierno. En una muestra de desesperación, llamó a sus seguidores a manifestarse frente a las casas de quienes llaman al boicot. No apareció nadie.
Los otros tres partidos, unidos en la “Lista Conjunta”, son el “Frente Democrático por la Paz y la Igualdad”, encabezado por el Partido Comunista y conocido por su sigla en hebreo, Hadash; la “Alianza Nacional Democrática”, también conocida por su sigla en hebreo, “Balad”, una formación progresista-liberal dirigida inicialmente por Azmi Bishara; y el “Movimiento Árabe por el Cambio”, el partido unipersonal del político todoterreno Ahmad Tibi. Los dirigentes de la Lista Conjunta son muy conscientes de la contradicción entre mantenerse fieles a sus principios y participar activamente en la política israelí. Ya pasaron por esto. Después de que las elecciones de septiembre de 2019 terminaran en un empate entre el general Benny Gantz, un archicriminal de guerra que dirigió las masacres de Gaza de 2014, y el entonces y actual primer ministro Netanyahu, la Lista Conjunta (que entonces también incluía a Abbas) recomendó a Gantz, con la intención de cambiar algo. El valiente general tuvo tanto miedo de recibir apoyo árabe que renunció a formar gobierno y, tras otras elecciones, pasó a servir bajo Netanyahu. Ahora la Lista Conjunta intenta evitar un compromiso explícito, pero dice claramente que su objetivo final es terminar con el gobierno de Netanyahu.
En otro precedente significativo de estas elecciones, la Corte Suprema de Israel avaló la decisión del politizado comité electoral de proscribir a Sami Abu Shehadeh, dirigente de la Alianza Nacional Democrática, de las elecciones. Para ser más exactos, el presidente de la Corte “aconsejó” a Abu Shehadeh retirar voluntariamente su nombre de la Lista Conjunta, ya que la mayoría del tribunal estaba a favor de proscribirlo. Abu Shehadeh, por consejo de sus abogados, aceptó, para evitar un fallo infame que sentaría un precedente vinculante para casos futuros. Su decisión le ahorró a la Corte la ignominia formal de estrechar aún más los límites de la falsa democracia de Israel, pero el efecto intimidatorio sobre la libertad de expresión de los palestinos no fue menor.
El movimiento Abnaa el-Balad, que solía llevar adelante una campaña pública por el boicot a las elecciones a la Knesset, se limitó esta vez a una única declaración pública y a participar en debates organizados por otros. Aun así, la principal discusión en las redes sociales palestinas se da entre quienes intentan movilizar el voto y quienes llaman al boicot. En una sociedad todavía traumatizada por el genocidio y por el terror estatal que lo acompañó contra toda expresión pública de resistencia, el sentido de destino compartido y el deseo de unidad de la gente son los sentimientos más fuertes.
El efecto más significativo de la participación palestina en estas elecciones es volver casi inevitable que terminen en un punto muerto entre los dos campos sionistas en competencia. Cautivos de su rechazo racista a cualquier participación árabe en el poder, ni Netanyahu ni Eisenkot tienen probabilidades de reunir suficientes votos judíos “kosher” para formar gobierno. Como difícilmente superen sus principios racistas, quizá tengan que elegir entre tragarse todas sus promesas de campaña para formar coaliciones cruzadas o apostar a nuevas elecciones que repartan las cartas de otra manera.
Yoav Haifawi es integrante de Abnaa el-Balad (“Hijos de la tierra”), movimiento palestino de izquierda. Publica artículos para su página https://freehaifa.wordpress.com/
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