Opinión

16/6/2026

Los límites capitalistas de la IA

Todo apunta a otra crisis de sobreproducción capitalista.

En el mundo empresarial corren vientos de euforia: se habla de la cuarta revolución industrial, del fin del trabajo y del reemplazo de toda la acción humana por la del nuevo poder mágico de la inteligencia artificial, que viene a generar incrementos nunca antes vistos en las capacidades productivas. Pero, a pesar de esto, hay poco dicho sobre la viabilidad económica de estas innovaciones vendidas como la cura de todos los males del sistema en su crisis actual, y mucho menos existe un análisis marxista de cuál es su potencial como herramienta aplicable a todas las esferas de producción.

Como sabemos, el motivo principal de la producción en el capitalismo es el incremento de las ganancias de cada capitalista. Por la competencia, existe una presión que obliga a todos los capitalistas a incorporar las tecnologías más avanzadas posibles para recortar los costos de producción. Normalmente esto también significa adoptar las herramientas de mayor productividad del trabajo para cada proceso, pero una de las trabas que pone el capitalismo frente a esto es justamente la cuestión del costo. ¿Y quiénes más que nosotros, los trabajadores de un país con capitalismo atrasado, sabemos mejor de esto?

La industria argentina está plagada de empresas que usan máquinas viejas, métodos anticuados y procesos de producción que no tienen la capacidad de competir en el mercado mundial. Todo esto impulsado principalmente por la crisis de los salarios bajos generada por la burguesía local, que se expresa en la mano de obra barata. Una situación que no es exclusiva de Argentina, sino de toda la región y de la mayor parte del mundo, menos para un puñado de países ricos y avanzados donde los salarios más elevados sí fomentan, entre sus empresas, el uso de estas tecnologías de punta. Ahora queda la pregunta inicial: ¿es la IA ese tipo de herramienta universal para todos los sectores de la economía que nos quieren vender, o el capitalismo mismo va a ponerle un límite a su aplicación por sus propias contradicciones?

Para conocer los límites de la IA en el sistema actual basta con observar el caso de Uber. Sus ejecutivos afirmaron que en abril ya se había agotado todo el presupuesto anual destinado a su uso. Praveen Neppalli Naga, CTO de la empresa, reportó que durante una demostración gastó 1.200 dólares en tokens en solo dos horas. En la misma línea, el COO Andrew Macdonald declaró que cada vez es más difícil justificar el gasto en tokens ante el bajo retorno de inversión que obtienen. Otro ejemplo lo da Microsoft, que canceló la mayoría de sus licencias de Claude, la herramienta de IA de Anthropic considerada una de las más avanzadas del mundo en este momento. También se conoció el caso de una empresa que dio uso libre de IA a sus trabajadores y dilapidó más de 500 millones de dólares en un mes solo en tokens, según reveló una nota de Axios.

¿Cómo se explican estos costos? Cada tarea, pregunta o consulta que se le da a un chatbot o agente de IA requiere tokens, que representan un alto consumo de energía y el uso intensivo de procesadores y memoria de alta velocidad para procesar los prompts y generar respuestas. Ahora bien, mientras que el precio por token viene bajando sostenidamente desde 2023 -hoy es 280 veces más barato que ese año-, el volumen de tokens por tarea ha subido tanto que esa reducción de costos se anula.

La crisis de la IA da sus primeros síntomas
Las expectativas en que la emergente industria de la IA podría empujar al capitalismo hacia adelante ya están oficialmente enterradas. -
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Para resolver tareas complejas, los modelos de IA no solo generan una respuesta: antes "piensan en voz alta", descomponiendo el problema en pasos y evaluándose a sí mismos. Todo ese proceso intermedio también consume tokens, lo que dispara el uso de cómputo, energía e instalaciones especializadas en data centers. Cuanto más avanza la IA hacia tareas más complejas, mayores son estos costos. 

Hasta ahora ninguna empresa de IA ha generado ganancias. Las tarifas actuales de uso están subsidiadas para ganar participación de mercado, alimentar las expectativas y atraer más capital, pero aun así ya obligan a las mayores multinacionales del mundo a replantear su uso ante una relación costo-beneficio que no cierra. Los precios se sostienen a pérdida, y cuando dejen de serlo, el problema se va a agravar.

Pero con los costos y la inversión en constante alza, el margen de espera se agota: el capitalista invierte para obtener ganancias y las empresas necesitan mostrar resultados pronto. Por eso, la mayoría de los inversores anticipa un aumento contundente en los precios del servicio en un plazo de 12 a 14 meses, con el único fin de atenuar las pérdidas. Estas subas de precios van a expulsar a aún más empresas de la capacidad de adoptar estas tecnologías, lo que generaría nuevas subas de precios para compensar al mercado que queda cada vez más limitado, hasta estabilizarse en un precio mucho más elevado que el actual e incluso que el imaginado por los inversores. 

A pesar de los precios subsidiados actuales, los sectores con mayor adopción son los servicios financieros, la industria informática, la tecnología médica y los grandes estudios jurídicos que prestan servicios a multinacionales y grandes empresarios. El reemplazo de la mano de obra barata, aunque sea calificada, no parece un horizonte cercano. Estos factores explican por qué ciertos medios especializados ya hablan de una burbuja en el sector y de inversiones que derivarán en una pérdida masiva de capital (tanto en infraestructura como en insumos), adquiridos bajo la ilusión de una prosperidad que no llegará. Este crecimiento actual solo tiene unos ganadores específicos: por un lado, las empresas tecnológicas que producen los chips, memorias y demás hardware; por el otro, las constructoras de data centers y las empresas energéticas que ponen a funcionar todo este equipamiento. Sin embargo, la IA misma parece estar destinada a perder dinero a mediano plazo. 

Escasez de memorias RAM en medio del auge de la IA
La necesidad de memorias HBM para la ejecución de LLMs causa un desplazamiento industrial. -
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Ni siquiera los grandes ganadores están a salvo. Las empresas de chips y las constructoras de datacenters entraron en una escalada inversionista para ampliar su capacidad productiva e infraestructura y estas apuestas costosas dependen de un crecimiento exponencial en el uso de la tecnología: una expansión que, por ahora, parece divorciada de la realidad. Todo apunta a que estamos ante otro caso típico de crisis de sobreproducción capitalista por la caída de estos eslabones centrales, paradójicamente frágiles. Un derrumbe que afectará a toda la cadena de producción en cuanto las pérdidas reales de estas corporaciones queden al descubierto.

Este panorama no indica que no habrá lugar para estos desarrollos. Los modelos más baratos de IA siguen siendo útiles para la automatización de tareas más simples. Por otro lado, alternativas de código abierto impulsadas por China como DeepSeek -que además permiten correr el software en servidores propios- brindan a las empresas con mayor capacidad técnica más control sobre sus costos y la implementación de sus agentes. Pero estas opciones no llegan a tener el mismo potencial productivo de los más avanzados que alimentan la fiebre actual. Paradójicamente, incluso estas herramientas de punta solo generan mejoras moderadas en la productividad, a contramano de la revolución estructural que prometen quienes las comercializan.

Para agregar leña al fuego, la guerra imperialista contra Irán, Líbano, Yemen y Palestina que iniciaron Israel y Estados Unidos está poniendo las cadenas de suministro bajo una fuerte presión. Esto se traduce en una crisis de los precios de la energía, el freno en el flujo de inversiones y, fundamentalmente, en la escasez de helio de alto grado. Este insumo, clave para los chips de IA, tiene su principal planta mundial en Ras Laffan (Qatar) -paralizada desde el bloqueo del estrecho de Ormuz el 28 de febrero, única vía de exportación del país- y la única alternativa global se encuentra en Texas. 

Las compañías más importantes del sector, como Anthropic y OpenAI, soñaron con la lluvia de inversiones de las monarquías petroleras árabes y la oportunidad de postergar la necesidad de rentabilidad, sostenidas en la apuesta de que la evolución de los chips licuaría los costos por token a largo plazo. Pero este escenario parece conducir de manera inevitable a un punto de inflexión para estas firmas y para la burbuja alimentada a su alrededor.

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