22/12/1993 | 409

“¡Sí, somos un partido de lucha contra el catastrofismo capitalista!”

Compañeros:


Tan sólo tres o cuatro años atrás, con la caída del Muro de Berlín, por todo el planeta circuló la especie de que el capitalismo había logrado un triunfo histórico sobre el socialismo y sobre el proletariado internacional. En ese mismo momento, como lo hemos visto en el propio desarrollo de este Congreso, se desarrollaba, a escala internacional, un período muy importante que se caracterizaba, precisamente, por una crisis capitalista internacional, la más importante, la más general y la más aguda después de la Segunda Guerra Mundial. Mientras que según la teoría del triunfo definitivo del capitalismo sobre el socialismo, ello debía inaugurar un período de constante crecimiento de las fuerzas productivas por parte del capital, comenzamos a ver un proceso de quiebra muy importante de regímenes capitalistas y de gobiernos capitalistas. Fue justamente en ese momento que apareció otra teoría correctiva de la anterior, la teoría de los “dos  capitalismos”, que cuestionaba una forma particular, “americana” del capitalismo, a la cual oponía el estilo “europeo” del capital.


Bastó que esa teoría se pusiera en boga, para que se produjera toda esta crisis fenomenal que tiene precisamente por centro a Europa, con las devaluaciones monetarias, con esta formidable caída de gobiernos y de regímenes como en el caso de Inglaterra, el caso de Italia, etc., etc. Entonces se planteó otra “corrección”, la de la vitalidad del capitalismo japonés… Y hoy el mundo entero se está preguntando hasta dónde va a proseguir esta formidable recesión, crisis y quiebras que está experimentando Japón.


La especie que circula ahora habla de que en realidad el problema pasa por otro lado: ya no es la victoria del capitalismo sobre el socialismo, ni el capitalismo alemán o nipón, … sino que son los llamados “mercados emergentes” … la nueva categoría que se ha inventado para asegurarnos que el capitalismo tendría un futuro.


Lo interesante, compañeros, es que este achique terminológico de los “mercados emergentes” …, esta demostrando el callejón sin salida en el cual está colocado el capitalismo, ¡porque el “mercado emergente”  no es otra cosa que la expoliación especulativa de un conjunto de naciones atrasadas por parte del capital financiero! Ustedes miren que ya ni siquiera las llaman “naciones”, sino que las llaman “mercados”: ¡cuán devaluadas están estas naciones para el capital especulativo que ni siquiera entran en la categoría de naciones!


Hemos visto también en el desarrollo de este Congreso que la ganancia especulativa no existe como categoría económica, sino que ella es una fracción de la plusvalía que el capital extrae al trabajador. Esto está señalando el carácter totalmente, ya no sólo parasitario de estos “mercados emergentes”, sino la inevitabilidad de sus crisis, porque, precisamente se caracterizan desde el punto de vista de la producción real como “mercados emergentes” para el capital especulativo, pero no como naciones en donde las burguesías pueden tener un acceso independiente al mercado internacional, y menos cuando hay una guerra interimperialista, una guerra comercial interimperiaista, una recesión y una crisis capitalista internacional que no le da mercados a esa burguesía semicolonial.


Si uno mira, compañeros, el período en el cual estamos, vemos, al mismo tiempo que esta “devaluación” de todas las sucesivas teorías capitalistas que se “desvalorizan” en el curso de solamente dos o tres meses por los propios acontecimientos de la crisis económica; vemos que el pronóstico del Partido, que efectuamos cuando se proclamó este triunfo del capitalismo sobre el socialismo hace cuatro años, fue totalmente confirmado y que estamos en un período en donde la burguesía mundial no ha podido abrir una perspectiva de desarrollo de las fuerzas productivas capitalistas en los regímenes burocráticos, al tiempo que ya está sintiendo el movimiento de la clase obrera en esos paises, que se levantan frente a lo que es la descomposición y la crisis.


Ayer, cuando salí de aquí, vi un noticiero internacional en un video cable, que mostraba, básicamente, dos grandes noticias internacionales: una en Rusia y otra en Europa, en Suiza. De Rusia, mostraban la apertura de un cabaret con “strip tease” en Moscú, y el periodista a la salida, preguntándole a una mujer qué opinaba de la situación, recibió como respuesta: “Hace cuatro días que no estoy comiendo porque no tengo ninguna posibilidad de conseguir comida…”. Al rato, la noticia se trasladó a Suiza, con la información de que después de muchos años, diez mil trabajadores de la industria química de Suiza habían descendido a la calle, en una huelga. Unos franceses que estaban casualmente al lado mío me dijeron: “Si los ‘petit suisse’ han salido a la calle, han descendido a la calle, realmente estamos en un acontecimiento histórico…”; porque, ustedes saben, el proletariado suizo no se ha movido en mucho tiempo, y si un proletariado tan conservador ha descendido a la  calle… hay que imaginarse el proceso que se ha abierto en Europa.


Este elemento de terrible descomposición en Rusia, en los ex-Estados burocráticos y, al mismo tiempo, esta movilización que está llevando a la calle a lo más conservador del proletariado europeo, está marcando cuál es el carácter del período al que asistimos, y cómo ha sucumbido toda la izquierda democratizante y la izquierda superficial, incluida la llamada “izquierda trotskista“, en el análisis de estos acontecimientos. Pero el hecho de que esta izquierda, como hemos visto nosotros acá, esté girando hacia la derecha, es otra manifestación, compañeros, de que tenemos por delante un período revolucionario tomado en su conjunto. Si los Frentes Populares —dice el Programa de Transición—, se constituyen precisamente para hacer frente a una insurgencia revolucionaria de las masas, como último recurso del imperialismo para frenarla…; nosotros tenemos que darnos cuenta que con la terrible crisis del stalinismo, ese rol del Frente Popular lo quiere cumplir y lo está cumpliendo la izquierda democratizante, y por eso este profundo viraje hacia la derecha de estas organizaciones centroizquierdistas e izquierdistas. Pero el fenómeno que tenemos que valorar, es cuál es el proceso fundamental que están pasando las masas, y no las posiciones de estas superestructuras centroizquierdistas que buscan representar el punto de vista del imperialismo y que usufructúan precisamente la miseria de las masas para potenciarse aún más ante el imperialismo; no tiene que ser ésa nuestra referencia, sino que tenemos que pegar nuestro oído a las reivindicaciones de las masas, porque de conjunto, tenemos un período revolucionario, de guerras, de luchas interimperialistas, de caída de regímenes, en donde los regímenes y gobiernos capitalistas, como se señaló acá, no logran, incluso cuando le infringen al proletariado una derrota, armar un nuevo equilibrio, por lo que nuevamente tienen que llevar adelante una política de mayor sometimiento y de agudización de la lucha de clases. Por lo tanto, el lugar que tiene el Partido en la lucha de clases nacional e internacional es importantísimo, y creo que la importancia que tiene este Congreso es que ha podido procesar en el debate todos estos aspectos contradictorios del período revolucionario en el cual nosotros estamos inmersos.


Muchas veces, compañeros, es algo común, la prédica centroizquierdista e izquierdista acusa al Partido Obrero de tener un pronóstico catastrofista; yo creo que cuando, como dijo el compañero de Brasil, hay cincuenta millones de brasileños que están muriéndose de hambre y ochenta por debajo de la línea de pobreza; cuando la perspectiva que se avecina es una perspectiva de mayor desempleo masivo en los países capitalistas centrales; cuando está totalmente infranqueado el camino de desarrollo a los países atrasados; cuando todas las políticas parasitarias y especulativas del capital financiero preanuncian una crisis y un crac en estos llamados “mercados emergentes”; creo que es un honor esa “acusación” de ser un Partido catastrofista, que lo tenemos que tomar como un honor, como un verdadero trofeo para el Partido, porque señala con claridad y con realismo las tendencias fundamentales de la lucha de clases y que esos cincuenta millones de brasileños que se mueren de hambre; el 30% de desocupados; el proletariado que ve que le bajan los salarios ya no solamente en términos reales sino en términos nominales; que le sacan las “ocho horas”; que le sacan las vacaciones; que le roban la jubilación,… evidentemente, va a encontrar en la prédica del Partido Obrero, el camino no solamente de su desarrollo sino de la emancipación del conjunto de la humanidad.


Sí compañeros, somos un partido catastrofista no subjetivo, ilusorio, sino que tenemos la catástrofe delante de nuestras narices. Si queremos parafrasear a ese cómico brasileño que se mencionó en los debates, que hablaba de la indecencia: sería una indecencia de nuestra parte, frente a este panorama, no señalar con claridad cuál es el conjunto de las consignas revolucionarias que el mundo y el país necesitan para terminar con la catástrofe capitalista que estamos experimentando todos los días.


Compañeros, clausuro este Congreso; creo que ha servido y que las resoluciones servirán para poner al Partido a disputar la dirección de la lucha en el próximo período que, con seguridad, es un período de agudización de la lucha de clases. El Partido tiene que prepararse para convertirse en la dirección revolucionaria de las masas y abrir una senda para construir una Internacional revolucionaria, una IV Internacional.


Nada más compañeros (aplausos).