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3/4/2008

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CATAMARCA | El trabajo infantil, preferido por los patrones

Las condiciones de los obreros de la aceituna

La campaña olivícola 2006/7 recolectó 54.000 toneladas; sólo 2.000 corresponden a pequeños productores; el resto a latifundios (Suplemento Expolivo, 2007).
El boom olivícola en la Argentina tiene en Catamarca sus grandes beneficiarios. Se trata de los nuevos dueños de la tierra, entre los que figuran Mastellone, Domingo Cavallo, el ex gobernador de Salta Romero y el ex goberndor Castillo. El emprendimiento "La bonita", propiedad de Romero, socio del ahora senador Oscar Castillo, tiene 1.500 hectáreas. La finca más grande, en manos de capitales españoles (Noble SA), tiene 600 hectáreas en producción.
De las 30.000 hectáreas de tierras cultivables de Catamarca, un tercio pertenece a los dueños del olivo.

La situación de los trabajadores
Un cosechero junta por jornal unos 35 pesos diarios. Por cada canasto o bandeja de aceitunas (que tiene 25 kilos), le pagan 7 pesos. Este mismo cajón es vendido a 100 y hasta 120 pesos. El trabajador debe pagarse la comida; en la mayoría de la fincas no tiene un lugar donde comer. Muchas veces duermen en jergones o camastros armados con madera de embalar, en el mejor de los casos en colchones desvencijados sobre el suelo. El Renatre (organismo estatal) y Uatre se presentaron en una finca en la localidad de Chumbicha-Capayán, propiedad de la firma Producir SA, y constaron "que los trabajadores dormían sobre los mismos cajones que usaban para la cosecha (…) que el lugar carecía de mínimas condiciones de higiene y seguridad (…) que los trabajadores debían asearse en un pozo de agua de un metro de profundidad, de donde increíblemente sacaban el agua para cocinar" (El Ancasti, 13/3). De acuerdo con un informe de la fiscal Patricia Olmi, que fue más allá que el gremio de los trabajadores rurales, "en el establecimiento había casi un centenar de trabajadores en condiciones infrahumanas, mal alimentados, sin sanitarios y agua potable" (ídem).
El Renatre Catamarca dice que este año hay unos 4000 trabajadores "bajo libro"; la Cámara Olivícola habla de 8.600 trabajadores; es decir, más de la mitad en negro.
Los cosecheros se deben arreglar como pueden, sin guantes ni ropa de trabajo, que Uatre no se encarga siquiera de gestionar. Los trabajadores que no viven en las fincas son llevados en camionetas particulares, aunque ahora se han puesto líneas de colectivos que van hasta las fincas. Entre el traslado y el jornal un cosechero está 13 ó 14 horas a fuera de su casa.
En el interior de la provincia, donde se concentra el 35% por ciento de la producción, las inspecciones laborales prácticamente no existen. En Pomán, Andalgalá y Tinogasta trabajan familias enteras, con menores incluidos, que son victimas de una explotación sólo comparable con la de la esclavitud tres siglos atrás. Los menores son muy codiciados para recoger la aceituna que sirve para el aceite de oliva, ya que se trata de un fruto más pequeño, que es recogido con pequeños rastrillos. La mano delicada del menor es la preferida para este trabajo.

Enrique Traverso

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