10/10/2020

Cuando Mariano y Elsa militaron a la par

Un periodo de lucha política en las tierras de Berazategui.

Si algo se sabe de la militancia de Mariano Ferreyra es que a sus jóvenes 23 años le había tocada atravesar casi todas las facetas de la vida militante, o como se dice en la jerga del Partido Obrero, había militado en todos los frentes.

Cuando secundarios, organizando su escuela; al egresar derecho a la universidad; recorriendo los barrios de cuando en cuando; yendo a los conflictos sindicales de todo tipo; haciendo sus primeros oficios en el gremio metalúrgico; con aspiraciones e impulsos artísticos y, en este caso, construyendo la juventud y el Polo Obrero en Berazategui.

Mariano no pertenecía a aquel distrito lejano del Conurbano bonaerense, sino que había desarrollado toda su militancia en su Avellaneda, de dónde provenía, más propiamente de las tierras de Sarandí.

Cuando, con su conformidad, se resolvió que colaborara con la regional Berazategui para organizar una juventud del Partido Obrero y otras tareas en ese lugar, Mariano ya se había destacado como dirigente de la UJS de Avellaneda y de toda la zona sur con Conurbano. Corría mitad de año del 2009.

Un “pacto de caballeros”

Mariano no era el único refuerzo a la actividad política del Partido Obrero de Berazategui, sino que llegaba a ese lugar, con una amplia organización del Polo Obrero en decenas de barrios, junto a la colaboración de Edgardo, quien provenía de la militancia en Florencio Varela. Allí, ambos experimentados militantes cruzarían su camino con una destacada organizadora: la uruguaya Elsa Rodríguez.

El amplio territorio del distrito y las inmensas tareas por delante obligaron a Mariano y a Edgardo a estrechar su relación. Esto los llevó incluso a establecer un “pacto de caballeros” entre sí, el cual consistía en que sin importar las razones, y considerando que ambos habían ingresado allí juntos, ninguno se retiraría del lugar abandonando al otro. Meses más adelante, Mariano quebrantó el pacto con el pretexto de su “proletarización” –incorporación en un frente fabril- en el distrito de Lanús, más cerca de su querida y anhelada Avellaneda.

Pero Edgardo, más viejo y experimentado, no se la dejaría pasar así nomás: el vínculo establecido entre ambos sería el pretexto perfecto para sumar a Mariano y sus amigos a las tareas de organización y seguridad en las marchas y actividades que se presentaran. Una de ellas implicó, incluso, un viaje a altas horas de la noche a la ciudad de La Plata para colaborar con los docentes que peleaban la elección del Suteba (sindicato docente) contra la burocracia de la lista Celeste que había convocado patotas para garantizar un fraude impuesto a la fuerza.

Mariano, Edgardo y el resto de los y las compañeras permanecieron toda la madrugada en el lugar, bajo un frío penetrante, con la convicción de luchar con los y las trabajadores para evitar la maniobra de la burocracia y el gobierno, en ese entonces de los Kirchner.

La juventud desde el Polo

La militancia en Berazategui también reunión, como aquí mencionamos, a Mariano y a Elsa en los mismos organismos militantes, donde discutían cómo avanzar en la organización de una fuerza socialista y revolucionaria en el distrito.

Mariano se encontró con un vasto terreno para intervenir, no solo por la magnitud del distrito, sino particularmente por el desarrollo de un fuerte Polo Obrero. Allí, entre otros, estaba el protagonismo de Elsa, quien organizaba un comedor en su barrio, el “rayito de sol”, y como responsable del funcionamiento de más de 30 comedores de una organización que reunía a cientos de desocupados.

Como preludio de lo que más adelante sería la conformación de la Juventud del Polo Obrero, Mariano se esforzó por recorrer todos los barrios en busca de los jóvenes más interesados en organizarse por sus reivindicaciones, que las eran muchas. En un distrito sin universidad y con no mucha tradición de organización estudiantil, Mariano fue reuniendo a los jóvenes más inquietos para desde allí construir un núcleo partidario.

También no se privó de pedir la colaboración de sus amigos y compañeros de la zona sur. Realmente había que apreciarlo para ir un domingo a Berazategui a volantear un festival juvenil que reunía a chicos de distintas escuelas. Su mayor desafío era abrir un trabajo en el colegio Politécnico, el más numeroso y con actividad político-estudiantil, donde Mariano llegó a agrupar a un sector de la juventud con el Partido Obrero.

Mariano ya tenía algo de experiencia al respecto, recorriendo los barrios de Avellaneda y las asambleas del Polo para charlas con la juventud y logrando que algunos jóvenes de cada lugar se sumaran a los campamentos anuales que realizaba, y aún realiza, la UJS.

Pasados siete meses y ni bien empezado el 2010, apremiado por obtener un empleo y con la dificultad de seguir viajando a Berazategui, Mariano volvería a su militancia habitual, donde más temprano que tarde tendría el desafío de organizar el Estudiantazo desde el CBC Avellaneda de la UBA. Más tarde, fiel a su compromiso y versatilidad, tomaría la responsabilidad de colaborar con los trabajadores tercerizados del Ferrocarril Roca, participando de todas y cada una de sus iniciativas y dejando la vida en la defensa de sus ideas y convicciones.

Esta historia, entre anécdotas y una empeñada militancia, es un fiel relato de lo que para nosotros significa Mariano.

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