Partido

22/8/2020

Elsa Rodríguez: la lucha por su recuperación como una tarea militante

A 10 años del crimen de Mariano Ferreyra.

Junto con el asesinato de Mariano, las gravísimas heridas de Elsa Rodríguez fue el suceso que más conmovió, tanto a los militantes como a la población en general, luego de los hechos de aquel 20 de octubre del 2010. La tarde que Elsa cayó en los adoquines de la esquina de Lujan y Río Limay, a una cuadra de la esquina donde caía Mariano, comenzaba unan lucha por su recuperación.

Ni bien se produjo el ataque de la patota surgió que, a primera vista, las heridas de Elsa eran las más graves: estaba tirada en esa esquina con un tiro en la cabeza, de donde emanaba abundante sangre. Desde allí, corriendo con desesperación, llegó hasta la esquina de Perdriel –donde se había apostado el cordón de seguridad- otra compañera del Polo Obrero, Nancy de Varela (como la conocemos en la militancia), gritando “a Elsa la mataron”. Salimos corriendo hacia la esquina donde encontramos a Elsa inconsciente y parecía, efectivamente, que la patota la había matado.

La aparición providencial de una ambulancia, con chofer pero sin médico, nos decidió a una cuasi confiscación del vehículo, rodeándolo con los militantes y convenciendo al chofer de que levantara los heridos. Entre los militantes estaba el doctor Leo W. que le garantizó al atribulado chofer que el asumía la responsabilidad, entonces subimos en la camilla a Elsa y a Nelson, herido de bala en sus piernas y desde allí la ambulancia recorrió los 100 metros que separan Limay de Perdriel, donde estaba caído Mariano.

La lucha por la recuperación de Elsa fue una batalla que unió la ciencia y la técnica de los extraordinarios profesionales del Argerich, el fervor y tenacidad de su familia, la solidaridad de miles de personas y la actividad militante de los compañeros del Polo Obrero y del Partido Obrero.

Ni bien llegó Elsa al hospital se constató que su estado era muy crítico, los médicos no le dieron ninguna esperanza de vida a la familia. Estaba en coma y con parte de su cabeza destrozada por el proyectil de la patota asesina. No había casi esperanzas para los médicos y para todos los que esperábamos noticias, con excepción de Vanesa, su hija, un elemento clave en la recuperación de su madre, que desde el primer minuto se negó a rendirse. Se recuerda todavía su irrupción a los gritos, y algo más, sobre el director del hospital que, rodeado de medios nacionales, informaba del gravísimo estado de Elsa, a la que estaba desahuciando en cadena nacional sin hablar antes con los familiares.

Mientras organizábamos la lucha por justicia se estableció una guardia de militantes del Polo y el Partido Obrero en el hall del hospital, que acompaño a los familiares desde el primer minuto y durante meses.

Fueron más de 500 compañeros del PO los que hicimos el aguante, día y noche, a lo largo de los 86 días que estuvo internada en el Hospital Argerich.

El parte médico diario era seguido de una asamblea de militantes en el mismo hospital para organizar las tareas diarias, el almuerzo, el desayuno y la cena, preparada por los comedores y locales del Partido más cercanos al hospital. También las guardias que se distribuían entre las regionales y el apoyo y la asistencia a los familiares con los que nos reuníamos periódicamente.

Todos los hijos de Elsa (siete en total) estuvieron al pie del cañón apuntalando la lucha por su recuperación y se rotaban en las interminables guardias en terapia intensiva. Vanesa comandó la relación con los especialistas, que no creían en la recuperación de Elsa. Pero Vanesa insistía en que se recuperaría “mi mama va a salir” sostenía. Y a pesar de que Elsa estaba en coma, todos los días le ponía a Elsa un auricular con música y mantenía un contacto físico muy intenso con ella. Cuando nuestra compañera finalmente despertó y comenzó a moverse y a comunicarse, la neuróloga le dijo a Vanesa “tenías razón”, una primera victoria que fue festejada por la guardia militante del Argerich como un triunfo.

El aporte que hicieron los médicos del Partido fue también parte de esa lucha. Trombeta, Iorio y Pacha eran parte de las interconsultas que seguíamos con la familia para aportar a su recuperación.

Al mes del ataque de la patota a nuestros compañeros, realizamos el primer acto el 20 de noviembre del 2010 en Lujan y Perdriel, Barracas. Desde allí miles de compañeros marchamos decenas de cuadras, durante más de una hora, hasta el Argerich, para reforzar el apoyo del Polo Obrero y el Partido Obrero y expresar nuestra fuerza para que Elsa se recupere. Del hospital salieron Vanesa y Estefanía para agradecer y saludar a los compañeros. Nos gusta pensar que Elsa, en coma aun, nos escuchaba gritar sobre la avenida ¡Fuerza Elsa!

La recuperación de la uruguaya de Berazategui fue asombrosa para los que no la conocían. Una luchadora que se vino de su Uruguay natal sin nada, con hijos chicos a cuesta, sola, sin trabajo y sin casa, que venía sobreviviendo y peleando contra todas esas cosas. Cómo millones de trabajadoras en el régimen capitalista Elsa estaba sometida a una opresión enorme, por lo que estaba curtida en luchar contra la adversidad y en su recuperación mostró también de la madera de la que estaba hecha.

Luego de meses de internación Elsa fue derivada al Instituto de Rehabilitación Psicofísica (IREP) donde siguió un estricto régimen de rehabilitación ya que quedó con afasia, no podía caminar y apenas movía sus miembros superiores. En el IREP, estuvo internada varios meses y comenzó otra etapa de una lenta y laboriosa recuperación.

La recuperación de Elsa, como la de todos los explotados, estaba condicionada por su condición material: su vivienda no reunía las condiciones para colaborar con esa rehabilitación. Conscientes de ello, nos organizamos para superar ese obstáculo fundamental. Una enorme ola de solidaridad y lucha contra el Estado se puso el objetivo de levantar una vivienda adecuada y adaptada para su rehabilitación. Aquí la REDI (red de defensa de los derechos de las personas discapacitadas), nos asesoró para su concreción.

Así arrancamos al Gobierno de la provincia de Buenos Aires los materiales para su construcción. Se consiguieron donaciones solidarias de sindicatos como el de Telefónicos, que trató el punto en una asamblea general del gremio y realizó, a pedido de la Naranja Telefónica, una importante donación. Además periodistas y gráficos, entre otros, colaboraron activamente en esta campaña y se realizó un extraordinario festival, a estadio lleno, en el gimnasio Gatica de Wilde, que encabezaron La Manos de FIllipi, Los Gardelitos, Jauria y La Bersuit, entre otros, con lo que se reunieron los recursos para construir la casa de Elsa, adaptada para su rehabilitación.

También se hizo el festival de bandas musicales de Berazategui, que fue un éxito total. Basta decir que se desarrolló desde las ocho de la noche hasta las seis de la mañana: una proeza de creación y de organización de los compañeros de su regional.

Cuando Elsa fue dada de alta en el IREP, ingresó a su nueva casa para continuar su recuperación, una conquista colectiva en la que participaron artistas, militantes, sindicatos y la población solidaria que colaboró con esta gesta popular. En ella se puso de manifiesto la conciencia de vastos sectores de la clase obrera con el carácter político que tuvo esta lucha.

La recuperación de Elsa fue y es una lucha política contra el gobierno Kirchnerista al que hubo que arrancarle cada ladrillo y cada tratamiento, y una reivindicación de los militantes que se elevan a una conciencia política en defensa de su clase.

Un enorme esfuerzo colectivo reunió las fuerzas necesarias para su recuperación. Un acto de clase para recuperar y reivindicar una luchadora que puso en alto la bandera de la unidad de ocupados y desocupados. Que junto con Mariano, sean tal vez la expresión más alta de esa consigna.

La lucha por la rehabilitación de Elsa continua. A la cabeza esta hoy su familia y los compañeros del Polo y del Partido, y forma parte de la enorme lucha que realizamos durante 10 años por reivindicar a nuestros compañeros que fueron atacados en Barracas. Tal vez un símbolo de esa pelea sea la imagen de Elsa entrando en los Tribunales de Comodoro Py para sentarse en la sala donde se desarrollaba el juicio contra la patota de Pedraza y la policía cómplice, de frente ante los que la quisieron matar.

Todo esto formó, y forma, parte de la lucha por arrancar “justicia” en el marco de este sistema, pero que solo puede guardar un valor si está ligada a la lucha por terminar con la explotación capitalista y todas sus descomposiciones, lo que se plasmará, a su turno, en un gobierno de los trabajadores y en el socialismo.

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