02/07/2020

José Luis Velárdez, Cachito, un imprescindible

La noticia del fallecimiento de nuestro compañero Cachito nos duele mucho. Nos duele porque Cachito era un tipazo. De esas personas cálidas, amigables, entrañables. Bromeábamos muchas veces entre los compañeros que lo queríamos tener de abuelo. Es que Cachito poseía un tipo especial de sabiduría. Muchas veces cuando estábamos enmarañados el algún tipo de debate, pedía amablemente la palabra y desentrañaba el problema al poco de hablar. Los compañeros de Escobar militamos poco tiempo con él. Su trayectoria en el partido era gigantesca. Pero bastó muy poco tiempo para quererlo montones. Él no lo sabía pero entre algunos compañeros lo llamábamos “el Cachito de la gente” porque lo quería todo el mundo.


Cachito, en su función de responsable de organización, tenía una disciplina militante envidiable. Estaba en cuanta agitación callejera o movilización del partido. Siempre firme. Su voz pausada pero certera era una fija luego de cada actividad, aportando siempre para mejorar nuestra intervención. Las pocas cuadras que nos separaban del local y el lugar donde agitábamos la Prensa Obrera nos servían para escuchar alguna anécdota de su larga militancia. Nos parecían proezas. Es que Cachito, allá por los ’70, fue baleado en una movilización obrera por las patotas sindicales. Y el tipo, con muchos dolores en cuerpo y 60 años encima, seguía viniendo con 3 grados de temperatura, de noche, a volantear y agitar la prensa. A todos nos parecía inédito y, al mismo tiempo, nos mostraba de qué está hecho nuestro partido.


Cuando apenas despuntaba la crisis en el partido me tiró una sentencia que en su momento me pareció exagerada e imposible. Pero fue un adelantado y yo estaba equivocado. Dio en el clavo en su pronóstico muchísimo antes. Se ganó una enorme autoridad entre todos.


Nos parece increíble no tener más su presencia física. Antes de estar internado por casi un mes, seguía de manera minuciosa todos los temas de organización de la regional. Pero Cachito no se fue. Cachito vive en cada compañero donde dejó su huella imborrable de convicciones inquebrantables.


Meses antes de su partida Cachito estaba muy contento. Su nieta había comenzado a participar de las actividades del partido. La acompañaba al local, esperaba a que la reunión finalice, y la acompañaba de vuelta a su casa. No lo demostraba mucho pero todos sabíamos que estaba feliz. Aprovechamos para saludar especialmente a su nieta Agostina (con la cual Cachito tenía especial devoción) y toda su familia.


Cachito, nunca te olvidaremos. Se nos fue un revolucionario. Un socialista. Una gran persona. Un imprescindible.



 

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