16/09/2020 | 1605

Pablo Rieznik, un revolucionario vigente

Nuestro homenaje en el quinto aniversario de su muerte.

Este 17 de setiembre se cumplen cinco años de la muerte de nuestro compañero Pablo Rieznik. Recordarlo no obedece solo a la necesidad de seguir asimilando su desaparición física, algo que motiva los homenajes a quienes extrañamos, sino porque es también la oportunidad de hacer un reconocimiento a lo que aún sigue aportando a la hora de abordar problemas centrales de la lucha política de los revolucionarios.

Pablo fue un representante de la llamada generación del Cordobazo, este acontecimiento fue el que lo definió para incorporarse a Política Obrera (nombre que tenía el Partido Obrero hasta 1983) y a la militancia activa por la revolución socialista, venía precedido por el influjo del Mayo Francés, la Primavera de Praga, un poco antes el triunfo de la Revolución Cubana y todos aquellos acontecimientos que le dieron a la década del ’60 la impronta del resurgimiento de los planteos de izquierda y de la necesidad de la lucha por el poder.

Pablo fue un marxista revolucionario en el sentido más profundo del significado. No solo atravesó la tortura, el exilio y las derrotas de la clase obrera, con cuya causa histórica había establecido un compromiso indisoluble, manteniendo intactas sus convicciones, sino que aportó fuertemente a la tarea de la construcción del partido revolucionario con el convencimiento de que era una tarea ineludible si optamos por enfrentar a la barbarie, que con mayor fuerza se asoma con el derrumbe del capitalismo, con la perspectiva del socialismo.

Para muchos, Pablo son sus libros y sus escritos, los cuales son material de consumo cotidiano. Pero en sus escritos se puede apreciar que no estamos ante un intelectual, en el sentido que se le suele dar al término, sino frente a un hombre de acción.

Él escribió de la misma forma que se comportó frente a la tortura cuando estuvo detenido-desaparecido en 1977, el que en el exilio se comprometió en la construcción del PT brasileño y su fracción clasista; el que fue miembro fundador de la UJS en diciembre del ’72 y la volvió a organizar después de la dictadura; el que cuando retornó al país empezó a trabajar como docente universitario y con otros compañeros puso en pie el sindicato de los profesores de Sociales, que sería el puntapié inicial para lo que hoy es la Asociación Gremial Docente de la UBA; el que en sus intervenciones en la televisión se delimitaba con enorme claridad y firmeza de quienes pretendían convertirnos en una parte del “sistema”; el que en los actos provocaba aclamaciones; el que se paró en el Foro de San Pablo con una moción de orden para que se excluyera al Movimiento Bolivia Libre por ser parte de un gobierno represor, provocando una crisis del encuentro; o el gran polemista, al que vi, en plena era menemista y cuando las privatizaciones tenían “buena prensa”, arrasar con uno de sus defensores en un debate organizado por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Córdoba, provocando tal impacto que rápidamente armamos un curso sobre «El capital» con más de 100 concurrentes. Su agudeza, fundamentalmente, era una muestra cabal de la profundidad de su asimilación de la teoría y la práctica marxista. Pablo dirigía su acción a provocar la conciencia de la necesidad de la intervención política independiente de la clase obrera y, por lo tanto, la tarea de construir su propio partido para llegar al poder como primer paso en la lucha por el socialismo.

En ese sentido, solemos  apelar a sus textos. Por citar algunos ejemplos, en estas últimas semanas hemos recurrido a aquellos sobre el catastrofismo, tema al cual Pablo dedicó varios artículos. Polemizando sobre la teoría del derrumbe con los anticatastrofistas se encargó de reivindicar la adhesión de nuestro partido a los conceptos de Trotsky volcados en Una escuela de estrategia revolucionaria, contrarios a los planteos mecanicistas que por lo tanto no ponen el acento en la tarea de construir un partido de combate. En la revista En Defensa del Marxismo N° 34, Pablo decía: “El texto de Trotsky es muy interesante porque descarta cualquier vínculo mecánico e inmediato entre esta misma condición catastrófica y la revolución correspondiente; o sea que el capitalismo puede ‘seguir en pie’… catastróficamente (de hecho ocurrió así con el ascenso del nazismo). Trotsky observaba que la burguesía se presenta como más poderosa que nunca en sus métodos de dominio político en el mismo momento en que, en función de ese mismo desarrollo, las posibilidades históricas de la sociedad capitalista llegan al límite. No existe automatismo entre la descomposición capitalista y la revolución llamada a superarla”. La vigencia de este debate recorre a la izquierda y lo hizo en nuestra propia organización.

Los compañeros de la UJS, que están en la preparación de su congreso, volvieron sobre sus muchos escritos sobre la educación; la conclusión de Pablo de que “educación y socialismo se reclaman mutuamente porque educación y capitalismo se han vuelto incompatibles” es recogida por nuestra juventud como una síntesis en su intervención en las escuelas, universidades y en la lucha por el acceso a la educación.

Como se puede apreciar en solo dos ejemplos, Pablo Rieznik está presente de una u otra forma en nuestra lucha cotidiana.

No quiero en este recordatorio de nuestro compañero hacer un racconto de su vida. Decenas de compañeros lo han hecho donde se reivindicaban su lucha, su obra y sus condiciones personales.

He dejado de lado en este homenaje mi amistad con Pablo (de lo que siempre me sentí muy honrado), pero puedo agregar, y corresponde que se haga, que sus cualidades políticas eran la expresión de su gran humanidad.

Lo que sí quiero resaltar es que Pablo Rieznik contribuyó y contribuye con una fuerte impronta a que el Partido Obrero sea lo que es hoy, a que pueda concentrar en su acción la historia de más de 160 años de la intervención consciente de la clase obrera con su propia estrategia y perspectiva histórica. A que pueda reivindicarse como expresión del marxismo revolucionario consecuente en la lucha de clases. Sin Pablo no hubiera sido igual.

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