Partido
30/3/2026
Para que los laburantes sean tapa, bancá un periodismo de otra clase
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@ojoobrerofotografia
Alguna vez un multimedio de esos que se jactan de poner y sacar presidentes dejó una publicidad para la historia. “La realidad se puede tapar o se puede hacer tapa”, decía el locutor del grupo Clarín. El lema penetró entre risas y preocupaciones en las escuelas de comunicación, viniendo de un grupo económico-mediático cuya característica principal es esconder la realidad al servicio de los grupos de poder. Desde “asume el nuevo gobierno”, en alusión a la llegada de Videla, Massera y Agosti al poder, hasta “la crisis se llevó dos nuevas muertes”, para evitar hablar del gobierno de Eduardo Duhalde y la represión de la Bonaerense en el Puente Pueyrredón. Clarín tapa con sus tapas.
La frase, igualmente, tiene algo interesante. La comunicación, entendida como mercancía y como herramienta de los sectores de poder para la construcción de significados que les permitan hacer pasar su interés particular por universal, tiene un carácter de clase. En algún punto, la combinación de palabras “medio de comunicación capitalista” es una contradicción: ninguna tira de masas dirá ni hará ver la realidad como una minoría que explota a las mayorías populares.
Esa misma línea se agrava en tiempos de fake news y tuiteros pagos con la tuya que quieren ordenar el debate nacional de la mano de Milei, que dice no odiar lo suficiente a los periodistas pero tuvo que armar una puesta en escena con uno del prime time cuando fue el caso $Libra. Los ataques permanentes a los trabajadores de prensa y a la “libertad de expresión”, son la misma lógica histórica del multimedio de Magnetto: ocultar para tapar, amedrentar para esconder, hacer circular una información para que otra no se sepa.
Un periodismo, por así llamarlo, transformador, debe tener una perspectiva de clase. De otra clase. La comunicación orientada hacia ese lugar rechaza, o debe rechazar, las palabras separadas de la acción: se escribe, se piensa, se elabora para actuar. Lenin y los bolcheviques, ya antes de la Revolución de Octubre, decidieron ponerle Iskra (Chispa) por un poema de Aleksandr Odoiëvski. "¡De la chispa nacerá la llama!". Es decir, de cada periódico puede venir una rebelión, de ahí un proceso revolucionario y de ahí mucho más. Rodolfo Walsh alguna vez estampó el carácter emancipador de construir sentidos para el pueblo: “Difunda esta información, sienta la satisfacción moral de un acto de libertad”.
Prensa Obrera recoge estas tradiciones y las coloca detrás de un objetivo preciso: poner la comunicación y el periodismo al servicio de las luchas populares. Eso tiene como premisa una concepción política: las luchas de los trabajadores entran en choque con la clase dominante, porque, al final del camino, los intereses sociales de cada clase son incompatibles entre sí. Por eso, en definitiva, incluye como perspectiva estratégica la pelea por una reorganización social de fondo bajo la dirección de los explotados.
La energía de nuestra prensa está ordenada a partir de ese concepto. Luego está la elaboración: notas de análisis político, crónicas de cada lugar del país en donde haya un trabajador alzando la cabeza, lineamientos de apoyo a los laburantes, a poner sobre la mesa la lucha del pueblo palestino, a poner el cuerpo con los jubilados, con el Garrahan, Fate y todas las luchas obreras, a organizar las luchas de los comedores y del movimiento piquetero, a plantarse contra el imperialismo, a formular y difundir los debates de interés de clase. Los formatos para hacerlo son diversos: un portal que tiene actualización diaria con los temas de la semana; una revista teórica, llamada En Defensa del Marxismo, que aborda con precisión la política nacional e internacional; un canal de streaming, con una grilla semanal de programación y discusiones; redes sociales que se mueven todos los días al servicio de los que laburan.
Si la comunicación es de clase, el soporte también. Clarín y los varios medios que se le asemejan son empresas para ganar plata, con capacidad de financiamiento a través de los negocios del poder. En algún punto, es coherente: a la comunicación para los de arriba la bancan los negocios y el lobby de la clase dominante.
Nuestro caso es exactamente el contrario: necesitamos el apoyo de los laburantes. Si no, no podríamos denunciar a los capitalistas que tanto mal les hacen a los trabajadores. No podríamos denunciar al régimen que los apaña.
Por eso, necesitamos algo: suscribite a Prensa Obrera. Por el monto que puedas, cualquier ayuda es una mano enorme. No por una etiqueta: para que exista otro periodismo. Para defender cada lucha, para que lo justo no sea un reclamo marginal, para que los medios hegemónicos y comerciales tengan obstáculos en querer tapar lo que pasa.
Hoy la prensa gráfica tiene otra significación, pero el concepto es el mismo. Queremos lo contrario a Clarín: que los que estén en la tapa sean los laburantes.



