02/12/2020

Por una comunicación de los trabajadores

Hace unos días una diputada kirchnerista, frente al pedido de autocrítica, dijo que el gobierno había tenido grandes políticas sociales que nadie había conocido porque fueron mal comunicadas. Algo parecido decía el macrismo, conocido por su trabajo con gurúes de la comunicación, cuando su gobierno empezó a derrumbarse.

Sin duda, hoy día, la comunicación ocupa un lugar importante en el accionar de todos los partidos y es un elemento del desenvolvimiento de la propia crisis política. De hecho, nuestro 27° congreso elaboró un documento especial sobre el problema de la comunicación, lo que representa un gran paso adelante.

¿Por qué comunicación?

Flota en el aire de la política nacional hace tiempo este nuevo término y también en nuestra vida partidaria. ¿De dónde viene?

La tarea de comunicar ideas es central en la actividad de cualquier partido político y el nuestro se ha distinguido siempre por su afán de difundir entre las masas sus planteos socialistas. Pero en el pasado la tarea de comunicar se confundía, se mimetizaba con la labor del periodismo escrito y la construcción de periódicos. Los periódicos impresos fueron, por lo menos desde la década del 30 del siglo XIX, la mejor forma de comunicar ideas masivamente, y casi la única hasta la llegada de la radio primero y de la televisión en la segunda mitad del siglo pasado.

Hoy las formas de comunicar se diversificaron. Con los años 2000, internet ha conectado una cantidad enorme de personas a una velocidad instantánea. Periódicos, libros, volantes, afiches, televisión, radio, comunicación grafica, producción audiovisual, publicidad, internet, Twitter, Instagram, YouTube, whatsapp, etc. Una cantidad pasmosa de formas de comunicar montada sobre canales que distribuyen a la velocidad de la luz a millones a personas. Con esa diversidad, con el reconocimiento de rasgos comunes en los distintos canales y formas de comunicar, se fue coagulando una nueva teoría, una nueva esfera del conocimiento: la comunicación. Son esas nuevas condiciones en el terreno de los medios las que engendraron el concepto. Esto porque “las abstracciones más generales nacen, en definitiva, con el desarrollo concreto más rico, donde un carácter aparece como común a muchos, como común a todos. Entonces se deja de poder pensarlo solo bajo una forma particular” (Marx, 1857). Se trata de una experiencia riquísima y reciente de la que debemos apropiarnos, criticarla y procesarla para construir una comunicación de los trabajadores, una comunicación revolucionaria.

Comunicar, parte de nuestra tradición

Aunque el tema parezca una novedad, el problema del medio de comunicación está presente desde la formación misma de nuestra corriente política en los 60 y como elemento central en el desarrollo del socialismo moderno, incluso desde su nacimiento.

La primera tarea que Marx y Engels se dieron al estallar la revolución de 1848 fue precisamente impulsar un medio de comunicación: el periódico “La Nueva Gaceta Renana”, que fue la primera publicación de lucha política basada en los principios y la táctica expuestos en el Manifiesto Comunista.

Impreso en la fronteriza Colonia, llegó a conquistar en pocos meses una tirada cercana a los periódicos más grandes de Alemania (y ser el más famoso de Alemania según Engels) y en él se publicaron obras fundamentales como los textos sobre el trabajo asalariado y capital. Tan extraordinaria fue la experiencia que, planteada la derrota de la revolución, abandonado por sus accionistas y perseguido por la reacción, su último número fue impreso en tinta roja aguantando el desalojo.

El propio Trotsky afirma que uno de los elementos por los que llegó a ser presidente del soviet de San Petersburgo fue la popularidad que había cimentado como escritor de Natchalo, el periódico que fundó a sus 25 años junto a Parvus y que llegó a ser durante 1905 el periódico (el medio de comunicación) de mayor tirada en la capital revolucionaria, y en Izvestia, medio de comunicación del Soviet.

Criticando la dispersión y el carácter provinciano y estrechamente sindical de los varios periódicos que se reclamaban socialdemócratas, Lenin propone un gran periódico en el que todos puedan colaborar y coloca ese periódico (el medio de comunicación) como el eje en torno al cual gravite la estructuración partidaria cuando afirma y explica que el periódico puede ser un organizador colectivo.

Pero lo más importante es que Lenin propone un periódico buscando una respuesta a la pregunta, ¿cómo aumentar la agitación política revolucionaria? Propone un periódico destinado a toda Rusia porque es el mayor medio de comunicación de su tiempo. La misma pregunta hoy no va a obtener la misma respuesta que en 1902. El progreso tecnológico y el desarrollo de la división social del trabajo crearon, en los terrenos de los medios de comunicación nuevas industrias (televisión, internet, redes, software, hardware, etc). Y también, atadas a estas nuevas industrias crearon nuevas esferas de conocimiento (comunicación), se profesionalizó gente en estos terrenos y de los debates y experiencias va surgiendo una literatura que tenemos que procesar para potenciar lo nuestro, discutiendo una estrategia de comunicación.

Es lo que expresa el documento sobre comunicación de nuestro congreso. Muestra que en los últimos años el partido fue tomando conciencia de los enormes recursos que dormitaban a su alrededor y los está poniendo a andar, elaborando una primera estrategia de comunicación.

¿Por qué es importante tener una estrategia de comunicación?, porque puede permitirnos aumentar nuestra agitación revolucionaria entre todas las clases sociales, ¿y por qué es importante esto?, porque desde el punto de vista leninista un aumento en la agitación revolucionaria es un principio de desarrollo partidario.

La operación permanente

El aparato mediático de la burguesía nunca fue tan grande y poderoso como hoy. En ese monstruo se expresan distintas fracciones de la burguesía pero invariablemente saben cerrar filas frente a cualquier disputa con los trabajadores o en torno a los objetivos estratégicos de su clase. La operación que aglutinó a todos los medios contra los ocupantes de Guernica y las organizaciones que los apoyaban, contrastada con la disputa en torno al campo de los Etchevehere, es un claro ejemplo. Se trata de un enorme aparato de engaño y distracción que opera con mucha fuerza y llegada todos los días contra los trabajadores.

El macrismo, además del acuerdo con la poderosa estructura del grupo Clarín, tiene montado un enorme laboratorio de comunicación en el gobierno de la CABA, que opera nacionalmente y que se distingue por la precisión con la que llega a las audiencias que busca.

El kirchnerismo le da, a la comunicación, un lugar preponderante en su estrategia política. De hecho, enfrentó a la oposición política que se formó después de la crisis del campo buscando desarmar su comunicación (“Clarín miente”). Hoy día ha logrado establecer grandes plataformas de comunicación y un bombardeo cotidiano sobre franjas enormes de la juventud.

Una comunicación al servicio de los trabajadores tiene que buscar desnudar esas operaciones. Buscar levantar una pared de desconfianza entre los trabajadores y los medios de la burguesía. Poner en evidencia la contradicción que existe entre lo que un partido (de gobierno o no) dice en su demagogia comunicacional y cómo opera en verdad en la realidad. Confrontar con sus operaciones y sus comunicadores.

El PTS hace todo lo contrario, invita a los comunicadores de la burguesía para entrevistarlos amablemente. Se definen como el Pradva 2.0, y lo que ofrecen a los trabajadores son entrevistas elogiosas a operadores despreciables como Verbitsky, Blank o Pagni. Incluso mantiene abierto su portal a “colaboraciones” de “referentes del albertismo y el kirchnerismo” (Newsletter LID, 8/10), etc.

Ese coqueteo con la burguesía es, en verdad, menchevismo 2.0. Es la expresión, en el terreno de la comunicación, de una política de adaptación. Así no se separa a los trabajadores de la influencia de la burguesía; atrás de este orientación parece primar el objetivo de ser la pata izquierda en el terreno de los medios.

Eran los mencheviques quienes invitaban a los “referentes” de la burguesía liberal rusa a participar de su prensa. La orientación que Lenin dio a Pravda fue ser el periódico de un partido de combate marcando una ancha línea divisoria entre nosotros y ellos, entre los trabajadores y la burguesía, en todos los planos.

El cartón se llena cuando, al tiempo que ayuda a difundir a los operadores burgueses más encumbrados, La Izquierda Diario ataca las conquistas más caras del clasismo como el Sutna, y a las “personas con necesidades» que salen a luchar con el Polo Obrero.

Su comunicación y la nuestra

El documento sobre comunicación le da al partido un norte en este terreno cuando coloca como objetivo de nuestra comunicación el reclutamiento. ¿Dónde queremos crecer?, ¿qué contenidos producir para penetrar en esos nichos?, ¿cómo logramos que las interacciones se conviertan en relaciones que podamos sumar a la lucha revolucionaria?, ¿qué nivel de información manejan los diferentes estratos de las clases laboriosas?, ¿por qué canales se informan?, ¿cómo combinamos nuestro trabajo en las redes con la agitación de nuestros materiales impresos en los frentes?, ¿cómo mejoramos esos materiales impresos haciéndolos más sintéticos y fáciles de asimilar con las herramientas del diseño gráfico, etc.?

La propia pandemia, por el distanciamiento que impone, nos empuja cada vez más a echar mano a estos nuevos recursos y pensar en qué tipo de contenidos producir para, por ejemplo, penetrar entre los trabajadores de la salud que toman nota de cómo el gobiernos los deja en pelotas frente a un virus mortal, y desarrollar en forma pedagógica y atrapante nuestro programa frente a los problemas que la pandemia volvió candentes, como los negocios privados de la salud, los medicamentos, la contradicción entre el interés de los grandes capitalistas y la salud de la población trabajadora, etc.

Prensa Obrera

El documento del 27° Congreso va en esa dirección y afirma que tenemos que difundir nuestro programa por todos los canales y formatos a nuestro alcance. De todos ellos, la producción audiovisual es por muy lejos la herramienta más potente de educación política. Así lo definió el propio Trotsky en 1923 en su artículo “Alcohol, iglesia y cine”. Y mucho más potente hoy que hace 100 años, porque la estructura de distribución ya está montada, son las redes. En los últimos meses logramos progresar en este terreno, progreso que debemos profundizar. El documento lo expresa así cuando resuelve impulsar una editorial audiovisual de Prensa Obrera.

Entonces, ¿necesitamos un periódico? sí. ¿Solo un periódico? no. Necesitamos un medio de comunicación en el sentido más amplio. Prensa Obrera en diferentes formatos de comunicación. Discutiendo sobre nuestros contenidos, segmentando la producción en función de las audiencias a las que queremos llegar, y aprendiendo sobre ubicación en redes, articulando este trabajo con nuestras publicaciones impresas, son enormes las posibilidades de aumentar nuestra agitación y propaganda revolucionaria.

Un saludo y una felicitación a todos los compañeros que participaron de esa elaboración. Han permitido que el partido dé un paso hacia adelante.

También te puede interesar:

Dime qué opinas y te diré si lo difundes.
Sábado 14 - 15.30h en Plaza de Mayo (con sillas y distanciamiento).
Las tergiversaciones y mentiras de los canales informativos acerca de lo sucedido durante el brutal operativo represivo.
De la desmonopolización a la observación de los monopolios.