El asesinato impune del niño Julio A. Carrión

Julio César Oviedo, acusado de asesinar al niño de ocho años Julio Antonio Carrión, ha sido extrañamente absuelto por un tribunal de Córdoba.


Resulta legalmente incongruente esta absolución, ya que la acusación fiscal (basada en pruebas materiales) sindicó a Oviedo como autor del crimen.


Las evidencias del caso demostraron que el acusado (quizás ayudado por cómplices) trató de ocultar el crimen bajo la excusa de que lo habían matado unos»perros guardianes».


La actitud mendaz de Oviedo se reveló en que estuvo prófugo luego del hecho. Al ser detenido, mintió diciendo que al niño lo habían matado «unos pumas».


Según los fiscales Flora Adle de Ramallo y Raúl Héctor Casado, Oviedo asesinó al niño Carrión asestándole una puñalada de once centímetros. Luego de ello disfrazó el crimen haciéndolo rematar por los perros.


La propia autopsia —que tardó en hacerse— reveló que la puñalada existió, más allá de las dentelladas de los perros.


Una madre acusa


Desde el principio, la madre del niño no creyó en la versión de Oviedo.


El agente Miguel Angel Liendo declaró que no se encontró la «chomba» del niño, lo que confirma la denuncia de la madre de que no estaban las ropas de su hijo en el cadáver yacente al momento de encontrarlo.


El policía Liendo fue más lejos y les dijo claramente a los jueces que «el chico había visto algo», lo que causó la decisión de matarlo. Curiosamente, los jueces declinaron preguntarle por qué decía eso y de dónde lo infería.


La policía confirma


El agente policial Jorge Alberto Combina denunció que al ser encontrado el cadáver… ¡no se quiso hacer la autopsia! También declaró que en las fotografías del lugar en el que supuestamente murió el niño atacado por los perros «no había rastros de sangre».


Se pregunta Combina: «¿Dónde está la sangre?, ¿Qué, la chuparon los perros, y sin que caiga nada al suelo?».


Los jueces nada dijeron ni investigaron ante estas evidencias y pruebas aportadas por el policía, confirmando todas las denuncias de los fiscales y la madre, de que en realidad fue un asesinato.


Los Achilla


Oviedo es empleado ‘de confianza’ de la familia Achilla.


Esta honorable familia de terratenientes fue testigo «de concepto» respecto de su dependiente.


La tía del acusado, la religiosa Martha Oviedo, habría logrado —mediante un viaje relámpago al Vaticano— los fondos necesarios para los dos costosos abogados de Oviedo.


Cualquiera sea la versión, es evidente que un peón de estancia nunca podría haber pagado semejantes honorarios. Alguien los pagó por el.


Encubrimiento


Como lo prueban las fotografías y testimonios del caso, Oviedo encubrió el crimen. El cuerpo apareció con faltante de ropa y en un lugar en el que no había sangre.


Esto revela que el cuerpito del niño fue desplazado del lugar en que fue ultimado, a otro para ‘montar una escena’.


Para hacer todo esto un par de brazos no bastan. ¿Quién encubrió este crimen? ¿Por qué motivo Oviedo habría de asesinar a un pequeño peoncito inocente?


La investigación que el Tribunal en lo criminal ha cerrado, absolviendo a Oviedo, ha quedado abierta como herida en la conciencia de Cruz del Eje.


Es evidente que Oviedo ha sido ‘apadrinado’ por fuerzas poderosas. Si el niño ‘vio’ algo ¿qué se esconde en esas tierras cordobesas que obligó a silenciarlo?


Cadena perpetua


Como resulta evidente, los fiscales que consideraron probado el crimen han quedado legalmente obligados a apelarlo ante la Corte. Ignoramos si lo hicieron.


Queda abierta esta apelación para demostrar lo ya comprobado según la fiscalía: hubo un terrible crimen en Cruz del Eje.


De acuerdo a la Constitución argentina (artículo 75), queda como última instancia la Corte Interamericana de Derechos Humanos, que interviene cuando se pretende dejar impune un caso aberrante.


Se ha abierto, entonces, una nueva etapa en el esclarecimiento del crimen de Julito, para lograr la cadena perpetua para los autores materiales e intelectuales de este infanticidio.

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