Floresta: pueblada contra el «gatillo fácil»

La lucha sigue

Los hechos


Como otros 800 vecinos de Floresta, Maximiliano Tasca, Christian Gómez y Adrián Matassa participaron del corte y cacerolazo que comenzó en la noche del viernes 28 en Juan B. Justo y Jonte. Mientras los vecinos de Floresta manifestaban en esa esquina, varias decenas de miles marchaban a la Plaza de Mayo.


Al finalizar el cacerolazo, los tres amigos fueron al maxikiosco de la estación de servicio de Bahía Blanca y Gaona. Allí fueron asesinados a sangre fría por el policía Juan Belástegui, que les disparó desde muy corta distancia y los remató en el suelo. La encargada del maxikiosco se salvó, porque cuando Belástegui intentó dispararle, su arma se trabó. Otro joven, que estaba con los tres pibes asesinados, logró escapar y desde la misma madrugada del sábado ha sido amenazado de muerte varias veces. Los vecinos de Floresta han formado guardias frente a su casa para garantizar su seguridad.


Como en tantos «enfrentamientos» armados por la policía para «cubrir» el fusilamiento de inocentes, Belástegui *auxiliado por otro sujeto* sacó los cuerpos afuera y les tiró encima un cuchillo: otra vez, los métodos del «gatillo fácil». El asesino no estaba loco ni drogado, como afirman algunos; era un represor con experiencia: dicen los vecinos que se jactaba de haber sido el chofer del asesino Videla.


Comienza la pueblada


La pueblada empezó al mediodía del sábado 29 y fue protagonizada, inicialmente, por la juventud del barrio; muchos de los pibes se identifican con la hinchada de All Boys. Primero un corte de calle y después una marcha hacia la Comisaría 43a., donde se encontraba Belástegui. La furia por el asesinato a sangre fría se desató contra el frente de la seccional que fue destrozado y en donde se quemaron dos móviles policiales. Mientras tanto, los vecinos protestaban golpeando cacerolas por todo el barrio.


Cerca de las 17 horas, se realiza la primera asamblea. Deliberan en común «los pibes» y «los vecinos», que resolvieron marchar pacíficamente, de nuevo hacia la comisaría. La marcha es reprimida salvajemente por la Guardia de Infantería que acababa de llegar al barrio. Gases y balas de goma contra las piedras, como en Plaza de Mayo una semana antes. El combate se generaliza: la juventud aguanta a pie firme; avanza y retrocede. En el medio de los combates, los vecinos manifiestan contra la policía. Las puertas de las casas se abren para resguardar a los manifestantes; desde los balcones y las ventanas llegan limones y botellas de agua para resisitir los gases. La represión es feroz y va haciendo retroceder a los manifestantes. Frente a la estación de servicio, se reagrupan los vecinos.


El velatorio


Los mismos pibes que enfrentaron a la policía durante toda la tarde del sábado, organizan el velatorio de los chicos asesinados. Lo defienden, impiden las provocaciones.


Esa noche, nadie duerme en Floresta. Como se temía, con la caída de la noche comienza la «caza» policial contra los jóvenes del barrio. En una esquina, la policía detiene a dos pibes. Un vecino da el alerta. Inmediatamente, bajan cincuenta de las casas y edificios aledaños golpeando cacerolas. Rodean a la policía y le impiden llevarse a los chicos. La policía retrocede y «entrega» los detenidos a los vecinos. Los rumores de nuevas detenciones hacen movilizar a los vecinos de una cuadra a la otra. Grupos móviles recorren el barrio para garantizar la seguridad de los pibes. Así amanece el domingo.


Quinientos jóvenes y vecinos acompañan en caravana el entierro de los tres pibes asesinados.


Domingo, primera asamblea


En la tarde del domingo, Floresta se autoconvoca para marchar en repudio de los asesinatos. No es una marcha «espontánea»; es el resultado de la iniciativa de los vecinos y los jóvenes que encabezaron la protesta el día anterior. Empiezan marchando 500 personas, que recorren todo el barrio. A cada paso, se suman más vecinos: la marcha termina con 2.000 compañeros y comienza una multitudinaria Asamblea Popular, que tiene un carácter muy combativo.


La remoción de la jefatura de la Comisaría 43a. no ha calmado los ánimos. En la asamblea alguien plantea la «municipalización de la policía». Le responden: «Ni municipal ni federal; la policía asesina a nuestros pibes». Aplausos y ovación. Un vecino plantea, en forma sintética, un programa: formar una comisión de movilización e investigación; exigir el desarme de la Comisaría 43a.; formación de una guardia vecinal para proteger a los jóvenes del barrio contra la policía.


Primero uno, después otro, comienzan a repetirse los planteos de desarme de la Comisaría 43a. y de que los vecinos deben organizarse para defender el barrio. Son intervenciones de una enorme agudeza. Plantean, en perspectiva, la disolución de los organismos represivos y la autodefensa por parte de los propios vecinos. Detrás de estos planteos hay una experiencia acabada con la «policía de la democracia», la que asesina a diez jóvenes inocentes por mes (La Nación, 30/12). El levantamiento de Floresta es una pueblada contra el «gatillo fácil» y contra el régimen político que lo apaña y lo defiende, incluido el centroizquierdista Ibarra, que es abucheado cada vez que se lo nombra.


La asamblea resuelve una marcha de antorchas para el día siguiente.


Marcha de antorchas


La marcha del lunes duplica la concurrencia del día anterior: 4.000 vecinos y jóvenes que reclaman «¡Basta de represión! ¡Basta de hambre!». Los jóvenes del barrio marchan a la cabeza y garantizan la seguridad.


Después de la marcha, se realiza una nueva asamblea, aun más combativa que la del domingo. La movilización del barrio es total. Aunque de vacaciones, las escuelas del barrio están completas. A fin de mes, cuando muchos no cobraron el sueldo o la jubilación, se reúne el dinero para pagar el velatorio. Los kiosqueros y los comerciantes regalan botellones de agua, pilas para los megáfonos y se comprometen a imprimir volantes. Llegan delegaciones de Paternal, de Flores y de otros barrios adyacentes.


Habla la madre de Florencia, la niña que murió en el natatorio Megatlon de All Boys. «La policía que mató a los pibes es la misma que vendió los expedientes del caso de mi hija. Es la policía que protege a Cavallo y Colombo, que están implicados en el caso del Megatlon», denuncia.


Habla un vecino que recuerda que en la noche de navidad otro pibe había sido asesinado por la policía en Floresta: «El barrio tiene cinco víctimas de la policía: los tres pibes, Florencia y el pibe de Navidad».


Habla el padre de uno de los chicos asesinados. «Hoy me tocó a mí. Hoy le tocó a Floresta. Pero esto empezó hace rato, con Budge, con Bulacio, con todos los muertos del «gatillo fácil». Quiero una comisión que investigue y que movilice; quiero el desarme de toda la policía. Es la responsabilidad de los padres garantizar la auto-organización del barrio para su seguridad». Llama a sostener la movilización y a organizar una nueva marcha el próximo sábado.


Como en Budge, como en las movilizaciones del caso Bru, como en la pueblada de Río Negro contra el triple asesinato de las jóvenes de Cipolletti, o la de Miramar contra el asesinato de Natalia Mellman, en Floresta hay un levantamiento popular contra el «gatillo fácil», contra la maldita policía asesina de pibes. Recoge esa tradición de lucha y toma esos pibes como bandera pero va un paso más adelante; al calor de la movilización y de la deliberación en asambleas populares está surgiendo un programa: la disolución de la policía y la auto-organización de los vecinos para garantizar la seguridad del barrio. Floresta manifiesta, de una manera aguda, las tendencias revolucionarias que se agitan en el rebelado pueblo argentino.


(Realizado en base al informe del círculo del PO de Floresta)

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