La jornada del viernes 17

Luego de una maniobra distraccionista con un grupo de camiones, la Gendarmería procedió a volar, mediante disparos, un transformador (132 kw) que alimenta la ciudad, dejándola a oscuras. Allí comenzó la represión más salvaje que los correntinos recuerden: a tiros, gases y bastonazos, los gendarmes de Storani procedieron al desalojo del puente, golpearon y detuvieron a numerosos docentes, mujeres y chicos que habían bajado minutos antes y hasta a periodistas que estaban sobre la costanera, y entraron a barrios aledaños, con allanamiento de viviendas y edificios. Parapetados arriba del puente, no dejaron de gasear y de disparar hasta bien entrada la tarde, y aunque ya los manifestantes habían encontrado la vuelta para apagar los gases, el aire era irrespirable. En los barrios, fue un infierno. Esto da por tierra con el bolazo de Storani de que el operativo de la Gendarmería no vulneró terreno provincial.


Tras el desalojo, centenares de compañeros bloquearon la Avenida 3 de Abril –que desemboca en el puente– con barricadas y fuego, y se defendieron a gomerazo limpio. Muchos vecinos aportaron refugio y agua a los manifestantes. Ya se sabe de los compañeros muertos, 2, 3, 5. Un par de tipos de civil, identificados como de la Brigada de Investigaciones, disparan con 9 mm contra la Gendarmería. Un policía de uniforme cae con un balazo en la pierna proveniente del puente y la gente lo socorre. El aparato represivo aparece tan quebrado como el bloque político patronal. Pasan por la radio un comunicado del obispo pidiendo el cese de la represión, muchos se burlan. Cuando habla Storani por los medios explota la indignación. «Storani asesino, mentiroso; De la Rúa asesino». Al rato se habla con odio del apoyo de Ruckauf a la represión. Hay mucha deliberación entre los grupos de manifestantes; se conoce el paro llamado por ATE, al rato la convocatoria de la CTA nacional.


A media tarde, aparece la policía provincial y se interpone entre los manifestantes y la Gendarmería con trapos blancos. Algunos aplauden, otros desconfían y putean. Al rato aparece Perié, del PJ, con un numeroso contingente de funcionarios. Muchos lo insultan, algunos le hablan. Un dirigente del Ptp local le dice «no se arrodille Perié, póngase de pie».


Entre los manifestantes –mucha gente de barrios y docentes, trabajadores independientes, estudiantes– están los Docentes y Tutores Autoconvocados, el Cabildo Abierto, directivos del Suteco (docentes de Ctera). Ausentes notorios: la CTA y el Sitraj (judiciales); éstos promovieron el corte el 10 y se bajaron en cuanto tomaron contacto con Storani a las pocas horas. Sin embargo, unos 70 judiciales autoconvocados volvieron al puente al rato ese mismo día. Ausentes de siempre –de los meses de lucha– la CGT y, en particular, el sindicato municipal.


 


Ausencia de directivas claras


Durante la jornada, nadie atina a orientar o a procurar definir un rumbo a la lucha. Los distintos agrupamientos –Autoconvocados, Cabildo, estudiantes– no actúan mancomunados. Cuando amaina la lucha, tras la formación del muro de policías provinciales, no se aprovecha para sacar una asamblea masiva para definir un curso de acción y un planteo frente a la anunciada intervención. Esto afecta principalmente a los compañeros de los barrios más pobres, carentes de todo vínculo con las organizaciones, muy combativos contra la agresión de la Gendarmería, pero también a la masa de compañeros dispuestos a movilizarse.

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