20/12/2016

#19y20dediciembre: Cavallo, las declaraciones de un despechado

A 15 años de la rebelión popular que determinó su caída como ministro de Economía y luego la del gobierno de De la Rúa todo, el economista hace un panegírico de sí.


Quince años después de que una rebelión popular lograra la caída del gobierno de Fernando De la Rúa, Domingo Cavallo -que fungía como su ministro de Economía y cuya cabeza también demandaban las masas (y la obtuvieron en la medianoche del 19)- realizó unas declaraciones a varios medios que se destacan por su cinismo. 


 


“Me tendrían que hacer un monumento por haberme jugado todo el prestigio que traía y todo el apoyo que tenía”, dijo a Radio Nacional sin ruborizarse. “Las encuestas de popularidad daban que era una de las personas con mayor apoyo de la gente y todo el mundo me pedía que ayudara al gobierno de De la Rúa”. 


 


Asistimos al reproche despechado de uno de los mayores servidores políticos de la clase capitalista, desde la dictadura al gobierno de la Alianza. Cavallo estatizó la deuda pública bajo la dictadura como director del Banco Central y llevó adelante un brutal ajuste contra las masas como ministro de economía menemista. He ahí su “prestigio” acumulado.


 


Por sus servicios prestados durante la bancarrota de 2001, corralito incluido, concentró el odio de las masas que lo derrocaron. La burguesía lo mandó a guardar bajo la alfombra estos años, como a tantos otros impresentables, e intentó recurrir a figuras menos repudiadas.


 


Cavallo, principal responsable del programa económico del menemismo de desindustrialización y desempleo, asumió como ministro de Economía de De la Rúa luego del rutilante fracaso de Ricardo López Murphy en la cartera para enfrentar la crisis capitalista, luego de que intentara realizar un ajuste que incluía rebaja de jubilaciones y disminución del presupuesto universitario y a quien las movilizaciones y protestas obligaron a dimitir. 


 


El ex ministro menemista inició su mandato usando los fondos retenidos de los bancos para pagar deuda externa. Si bien al principio de su gestión esbozó un cambio de rumbo capitalista para enfrentar la crisis (había anunciado una “canasta de monedas” para salir de la convertibilidad), pronto la idea pasó al olvido para plantear un acuerdo directo con el FMI y el Tesoro estadounidense. Esto incluyó el famoso “megacanje” que duplicó la deuda externa, la reducción de 900 millones de dólares de los gastos sociales y la generalización de cuasi-monedas en vastas provincias del país, señales de la bancarrota generalizada. La pobreza y el hambre se extendieron como pocas veces y, junto a De la Rúa, Cavallo se convirtió en el centro del odio popular. La consigna que el Partido Obrero levantaba desde mayo de 2001 se generalizó en todas las capas sociales: “Fuera De la Rúa-Cavallo”.


 


Cavallo es uno de los artífices de la bancarrota nacional y la pauperización de las masas que condujo a la rebelión de 2001.


 


Luego de que De la Rúa anunciara el Estado de Sitio comenzó la rebelión popular que se convertiría en el Argentinazo. Las cacerolas se hicieron escuchar en señal de protesta contra la medida represiva de De la Rúa y las masas marcharon de a centenares de miles hacia Congreso y Plaza de Mayo. A la medianoche, Cavallo presentaría su renuncia, el primer anuncio de la caída del día siguiente. 


 


Hoy Cavallo, sin que se le mueva un pelo, demanda que se le levante un monumento. Pero su único lugar está reservado a la galería de la infamia, en el momento en el que los trabajadores argentinos gobiernen y la lacra capitalista a la que Cavallo representa haya abandonado el poder.


 

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