27/04/2006 | 943

25 de mayo: Una convocatoria reaccionaria


Nada ilustra mejor el carácter social del gobierno de Kirchner que la convocatoria a un acto oficialista para el próximo 25 de mayo en la Plaza de Mayo. El ‘ideólogo’ del Frente para la Victoria, Carlos Kunkel, no pudo haber sido más claro: hay que “recuperar” la Plaza, dijo en una entrevista televisiva, para “que deje de ser, agregó, la plaza de la protesta”. Con más rigor, hubiera debido decir que el espacio de la lucha contra el poder debía convertirse en el espacio del poder; para confirmarlo levantará las vallas que han protegido al poder desde diciembre de 2001. Esta ‘recuperación’ es, precisamente, lo que hubiera querido hacer efectiva el 24 de marzo pasado. Ha debido conformarse, sin embargo, con trocar el escenario de una tragedia nacional por el del recuerdo de la formación de una Primera Junta de los hacendados y comerciantes de Buenos Aires.


 


El propósito de ‘recuperar’ la Plaza denuncia la tentativa restauracionista del gobierno: restaurar el Estado; restaurar la (vieja) política; restaurar la regimentación de las organizaciones populares a los despachos oficiales. La convocatoria del 25 pone en evidencia la hilacha conservadora de este régimen. Es un intento de clausurar simbólica y prácticamente el período inaugurado por el Argentinazo. Es la aspiración mayor de la burguesía argentina, que no podría hacer palidecer ningún ‘control de precios’. Esta maniobra para emparentarse al primer peronismo, pone al desnudo, incluso, las diferencias, porque incluso las más alcahuetas de las manifestaciones populares, del ‘45 al ‘55, recogían la bandera bautismal de una lucha contra la oligarquía o contra la década infame. Pero después de haber votado con Bush contra Irán, desde el sitial que ocupa Argentina, por un período, en el Consejo de Seguridad, el chocolate del próximo 25 de mayo no va a tener ni un gramo de antiimperialista. Si Kirchner quiere pelearse ese día con alguien lo va tener que elegir al pobre Tabaré, porque ya no le queda ni Macri después de la ignominiosa entrega del Belgrano Cargas al grupo que vació el Correo Argentino.


 


Quizá porque viene de un costado con más ‘grasa’, el duhaldista reconvertido, Díaz Bancalari, se animó a decir que el acto debía ser una “fiesta”. El puntero de San Nicolás abreva, sin saberlo quizás, en el ‘gorila’ Bernardo Neustadt, que inventó la “Plaza del sí”, porque ya era hora, decía, de “hacer propuestas”. Los seguidores de D’Elía y de Barrios de Pie ocuparán el lugar de las señoritas que arrastró Neustadt, pero el contraste no hace más que acentuar el carácter reaccionario de la empresa kirchnerista, porque las señoritas saludaban su propia victoria mientras que los desocupados del Frente para la Victoria serán llevados a celebrar a los representantes políticos de sus verdugos.


 


La Plaza no será la de la ‘protesta’, pero tampoco será ‘sectaria’. Estarán también allí Moyano y Cavalieri; Barrionuevo y Depetri; los ‘punteros del conurbano’ y los directores ‘progresistas’ de museos y bibliotecas. Irán algunos ‘organismos’ de derechos humanos y los jefes de la gendarmería que está en Las Heras y en San Julián; los ‘investigados’ por la Armada de Trelew, y el jefe de esos espías, el almirante Jorge Godoy. No llega, sin embargo, a ser el cambalache de Discépolo, porque el lugar del dramatismo del tango está ocupado aquí por una falta de sentido del humor. El recontra-alcahuete de Menem, Luis Barrionuevo, acaba de hacer un pacto con el catamarqueño ‘transversal’, ‘Bombón’ Mercado, para repartirse las cometas mineras de la provincia, sin que Kirchner haya denunciado todavía su propio pacto con el gobernador, Brizuela del Moral, ni haya rechazado un acuerdo con Saadi, todo esto en función, siempre, de los mejores intereses de los pulpos mineros internacionales que están saqueando y contaminando Catamarca y Argentina.


 


Los trabajadores serán convocados para ‘celebrar’ el techo salarial del 19% escalonado (14,5% real al año), que congela el poder adquisitivo de los salarios en los bajos niveles que dejó la crisis de 2001. Los trabajadores ‘en negro’, un 50%, siguen ganando por debajo de la canasta de pobreza y los jubilados siguen financiando el superávit fiscal con 390 pesos al mes. Los desocupados cobran, por la ‘contraprestación’, unos 150 pesos. La ‘fiesta’ de Díaz Bancalari es la fiesta de los explotadores. El 25 de mayo se ‘celebrará’ un salario mínimo de 650 pesos, que a pesar de su monto miserable es incumplido por las patronales en la mayor parte del país.


 


De cualquier modo, lo característico del próximo 25 de mayo será la farsa, porque entre los piquetruchos y los burócratas sindicales, entre los punteros y los intelectuales oficiales, entre los gobernadores genuflexos y los socios que les disputan el lugar, lo único que hay en común es la disputa por el botín estatal. El dios de estos cristianos es el ‘superávit fiscal’, por eso saludaron el manotazo de diez mil millones de dólares contra el Banco Central para pagarle al FMI: porque eleva el superávit fiscal disponible para negociados de todo tipo. En la Plaza ni siquiera se concentrarán frente al famoso ‘balcón’ del ‘general’ sino frente a una mesa de dinero.


 


Tampoco deberían ir a celebrar los asambleístas de Gualeguaychú, por la simple razón de que Kirchner sólo está ganando tiempo para que las papeleras se transformen en un hecho consumado. La política oficial tiene como propósito fundamental que se levanten los cortes; al igual que Batlle y Tabaré, esa política sostiene que los ‘problemas’ ecológicos se irán corrigiendo con las plantas en producción. ¿O a alguien se le ocurre que Kirchner se va a enfrentar a un emprendimiento capitalista, que representa no sólo una explotación industrial de envergadura sino una inmensa ocupación de tierras en Uruguay? La contaminación de las pasteras forma parte de un proceso capitalista más general (minero, petrolero, industrial, pesquero e incluso agrícola) que está devastando el medio ambiente en Argentina, de norte a sur, y que sólo encontrará remedio en la nacionalización bajo control obrero de los capitales contaminantes. Porque la contaminación es un proceso industrial de contenido social, un proceso de intercambio (destrucción) capitalista (condicionado por la tasa de beneficio) con la naturaleza.


 


No se puede negar lo significativo que es que un gobierno que convoca a ‘recuperar’ la plaza, reclamando para si una posición ‘nacional y popular’ esté protagonizando un enfrentamiento nacional con otro gobierno igualmente ‘nacional y popular’ e incluso que vaya, como lo hacían los ‘peludos’ del “régimen” (que denunciaba Irigoyen), a pedir el arbitraje de Europa —como si Finlandia y España, los Estados que protegen a los contaminadores, quedaran en Manchuria. Y que, además, dos gobiernos, repetimos, igualmente ‘nacionales y populares’, se encuentren desgarrando a esa parodia de integración, también ella ‘nacional y popular’, que lleva el nombre ‘épico’ de Mercosur. Ahora que asistimos a la defunción de la Comunidad Andina es oportuno recordar que Lula y Duhalde habían proclamado hace muy poco el nacimiento de una Confederación Sudamericana que uniría al bloque andino con el Mercosur. O sea que los planteos ‘nacionales y populares’ tienen tanta consistencia como un castillo de arena.


 


Los mercosures, acuerdos andinos y confederaciones sudamericanas se resumen, en el momento actual, a un único y gran negocio —las obras públicas de infraestructura y de energía en América del sur, que son objeto de una enorme disputa por parte de los capitales internacionales. Pero ese único y gran negocio depende, a su vez, de que los ‘mercados’ y las bolsas no se vengan abajo, ni que tampoco lo hagan los grandes ‘superávits fiscales’ que se están acumulando en la región, incluso por parte de Bolivia.


 


Las ‘peleas’ uruguayo-argentinas; las firmas de tratados de libre comercio con Estados Unidos por parte de diversas naciones sudamericanas; los ‘acuerdos energéticos’ entre Lula, Kirchner y Chávez; la crisis del Mercosur y el derrumbe del Pacto Andino, tienen que ver con la disputa por la obra pública de los grandes capitales de la ingeniería y de la construcción. No estamos ante ninguna política de independencia nacional sino ante una diplomacia de arbitraje entre los grandes intereses capitalistas. La integración de Bolivia, por ejemplo, al eje energético de Argentina-Brasil-Venezuela no es más que una maniobra para defender los intereses de Petrobras y de Repsol, dos pulpos controlados por los fondos de inversiones internacionales, ante los reclamos de las masas bolivianas.


 


Pasando todo en limpio, la Plaza que se ‘asoma’ el 25 de mayo es una burda patraña. Los custodios de la ‘reconquista’ deberán cuidar que no asome una trifulca. Como paso preparatorio para la reelección de Kirchner roza la improvisación. Las contradicciones de los convocantes son más grandes que el tamaño de la Plaza. El proceso político argentino no está determinado por las maniobras de los alcahuetes oficiales, ni por la magia de los superávits fiscales. La palabra la tienen la crisis mundial, tanto financiera como política, y la determinación que muestren los trabajadores para no seguir pagando con sus vidas el mantenimiento de una sociedad agotada.

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Los ‘nacionales y populares’ se suman a la comparsa pro-imperialista.