23/07/2021

A 45 años del apagón de Ledesma

Movilizaciones en Jujuy contra la impunidad que todos los gobiernos le garantizaron a los Blaquier.

“En estos días que están pasando,

yo sé muy bien que me estás buscando,

quiero saber lo que hiciste

el día que apagaron la luz” Charly García 

A partir del 20 de julio de 1976 comenzó “La Noche del Apagón” en Jujuy. En aquel entonces, a cuatro meses de iniciada la dictadura militar encabezada por Videla, la policía jujeña, la Policía Federal, la Gendarmería y el Ejército sitiaron la ciudad de Libertador General San Martín, Calilegua y El Talar, dando lugar a una serie de cortes de luz que dejaron a oscuras estos distritos con excepción del Ingenio Ledesma, que estaba en plena cosecha. El cometido fue secuestrar a 400 personas. Eran trabajadores del ingenio como de todo el gremio del azúcar, eran activistas y eran estudiantes: 33 de ellos continúan desaparecidos. El operativo, que se prorrogó por una semana, reveló el ADN mismo de todo el golpe: una gesta ejecutada por los militares pero orquestada por la burguesía para ahogar en sangre al activismo obrero que levantó cabeza en el Cordobazo y no pudo ser domado por la represión onganista, tampoco por el regreso de Perón con la Triple A bajo el brazo ni con los grupos de tareas que ya comenzaban a operar como en los años del Navarrazo. A 45 años de estos sucesos, Jujuy se moviliza contra la impunidad que le han otorgado todos los gobiernos de las últimas décadas al empresario Carlos Blaquier y a los directivos del grupo Ledesma.

Todos gobernaron con los Blaquier

Durante los sucesos de aquella semana, la responsabilidad empresarial del grupo Ledesma se vislumbró clara. Basta de por sí con mencionar que en medio de la oscuridad, que en un primer momento se supuso un corte energético casual, eran los vehículos de la empresa los que circulaban con los oficiales de las distintas fuerzas a bordo, muchos de civil, para detener y secuestrar a los trabajadores. Las frenadas repentinas y los gritos en medio de la noche, sin embargo, constataron que se trataba de un operativo militar.

Luego, los detenidos fueron trasladados en las propias camionetas de Ledesma hacia los galpones de mantenimiento del ingenio, donde se habían montado centros de detención clandestinos. Los detenidos permanecieron atados y encapuchados ahí mismo entre semanas y meses. Muchos desaparecieron en el centro clandestino de detención de Guerrero, y otros fueron llevados a la central de Policía y al penal de Villa Gorriti. A partir de allí, corrieron distinta suerte: algunos fueron trasladados en avión hasta Buenos Aires y terminaron en la U9 de La Plata, las mujeres fueron llevadas a Villa Devoto, mientras que otros fueron liberados. Ninguno de los crímenes de lesa humanidad contra los trabajadores, estudiantes y activistas de Ledesma fue resuelto en el transcurso de estos 45 años; nadie pagó con prisión por los 400 detenidos. Esto, sobre todas las cosas, porque todos los que nos gobernaron en las últimas décadas a partir del fin de la dictadura, lo hicieron de la mano de Blaquier y el grupo Ledesma.

Más allá de las oportunas alianzas que Blaquier y Ledesma han sabido tejer desde el regreso de la democracia, que ameritarían sendas líneas de escritura, ya sus vínculos con los Kirchner y con los Macri lo grafican a la perfección. En 2011 fue “premiado”, por ejemplo, cuando el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner dictaminó los cupos de producción para abastecimiento del mercado interno de bioetanol, otorgándole a Bioledesma, del grupo Ledesma, un cupo para producir 48.996 metros cúbicos de este combustible; más del 20% del cupo total. Esto despertó una suerte de malestar entre los pulpos azucareros que se distribuyeron la cuota restante, que denunciaron que esta asignación se había dado con discrecionalidad por los vínculos de Blaquier con el gobierno de Cristina, particularmente con Guillermo Moreno. Más allá de que, claro, su denuncia se correspondía a un recelo capitalista por copar un mercado, no estaban errados. Esto se constata todavía aún más en el hecho de que el grupo Ledesma fue ampliamente subsidiado y eximido impositivamente durante la “década ganada”, al punto en que se comprobó que entre 2006 y 2012 le permitieron evadir el pago del impuesto a las ganancias.

Blaquier se ha reconocido abierto defensor del gobierno de Cristina durante buena parte de su mandato por ser un gobierno que “defiende como pocos la industria nacional”, es decir, los negociados de la burguesía nacional. De hecho, el empresario siempre ha manifestado su atracción por la literatura y las artes. Escribió tres libros y, entre otras cosas, un poema para Cristina. ¿El motivo? Que la actual vicepresidenta lo favoreció enormemente en su negocio de exportación de carne porcina. “(…) por eso soy cristinista/y nada me hará cambiar/soy cristinista a rabiar”, dice el mismo, que entre un tono jocoso encubre un respaldo concreto.

Pero como hizo todo el arco de la burguesía nacional que se sirvió del golpe de 1976 y que estuvo luego con todos los gobiernos de las últimas décadas, los Blaquier se cambiaron de bando con la asunción del macrismo. Así fue que Luis Blaquier, el sobrino de Carlos, asumió en 2015 en un área sensible de la Anses, siendo nombrado subdirector del Fondo de Garantía y Sustentabilidad (FGS). De por sí, la agenda macrista le sirvió también a los capitanes de la industria azucarera, como la baja de retenciones. Pero los Blaquier no solo son agroexportadores, sino que cosechan negocios, empresas e inversiones en rubros de lo más diversos. El propio Luis Blaquier es uno de los ejecutivos a nivel local del fondo de inversión yanqui Lone Star, que en 2019 compró bajo el macrismo la empresa de equipos de perforación petrolera más grande del país, San Antonio Internacional. Como se ve, se trata de una de las familias más poderosas de la burguesía nacional que ha hecho nicho con todos los gobiernos. Que hayan sido uno de los beneficiarios del programa ATP bajo el gobierno de Alberto Fernández, a pesar de haber consumado una serie de despidos, congelamiento de paritarias y recortes salariales aún cuando nunca detuvieron su actividad, no hace más que confirmarlo.

Ni olvido ni perdón: a 45 años seguimos movilizando por justicia

Carlos Blaquier y Alberto Lemos, quien fuera administrador de Ledesma entonces, fueron procesados en 2012 en las causas conocidas como “Aredes” y “Burgos”. En ese mismo año se produjeron allanamientos en sus oficinas, que constataron la continuidad de un accionar propio de la dictadura: en 2005, los Blaquier habían impulsado tareas de espionaje ilegal entre los participantes de las movilizaciones en conmemoración de las víctimas de la Noche del Apagón. Esto no es menor, pues representan aún en democracia lo más descompuesto de la herencia de la dictadura militar. Incluso un año antes de este allanamiento tuvieron una participación activa en organizar junto a la policía el desalojo de un asentamiento al interior del Ingenio Ledesma que dejó como saldo el asesinato de tres personas.


Al día de hoy, la causa se encuentra “eternamente demorada”. Otras causas que recayeron sobre el grupo Ledesma y sobre los Blaquier han sido cerradas de manera absolutamente polémica. En los últimos días la Secretaría de Derechos Humanos “exigió” a la Cámara de Casación que se deje de detener el curso de la causa por las desapariciones, un hecho que se repite incesantemente promediando esta fecha, pero sobre lo que no ocurre nada luego. Se trata de una impostura al servicio de maquillar que, como bien dijimos, todos los que nos gobernaron lo hicieron de la mano de los Blaquier y de la burguesía nacional que se sirvió del golpe de 1976.

A 45 años del apagón de Ledesma, hubieron movilizaciones en Libertador San Martín el día jueves y en la plaza Belgrano y por el centro de San Salvador de Jujuy este viernes. Participaron organizaciones de Derechos Humanos, sociales y políticas, con una participación destacada del Polo Obrero y del Partido Obrero. Resulta fundamental comprender que, aquella camada de trabajadores fue secuestrada y desaparecida por la dictadura con la coparticipación de los Blaquier, corrió tal suerte por organizarse en defensa de sus reivindicaciones y sus condiciones de vida contra la imposición de un programa económico dictado por el capital financiero que venía a liquidarlas. Por ello es que es la movilización popular con independencia de un régimen fondomonetarista de hambre y saqueo el único camino para conquistar la justicia para todos estos compañeros.

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