29/08/2001 | 719

A Farinello no le gusta el piquetero D’Elía

Clarín había anticipado, el domingo pasado, que Luis D’Elía, el piquetero de la CTA, podía llegar a no ocupar el primer lugar como candidato a diputado provincial bonaerense de la tercera sección electoral por el Polo Social. Ocurre que Farinello, quien se ha proclamado como el “garante moral” de ese Polo, había decidido “bajarlo” para marcar su discrepancia con “el método” de las protestas piqueteras. Lo que Clarín previó, sin embargo, en forma incorrecta, es que D•Elía habría quedado “al borde de la ruptura con el sacerdote”. Resulta claro entonces que Farinello es mucho más que un “garante moral”; es un verdadero operador político a cuenta de los que se mueven por atrás de él, o, dicho de otro modo, de los que se valen del cura como pantalla. De cualquier manera, sólo una lista muy cuestionable puede necesitar que su cabeza se erija en su fiador ético.


Página/12 del lunes siguiente, confirmó el anticipo y con yapa. En una carta a Alicia Castro, Farinello dice que “el tema de los piqueteros … es rechazado en su metodología por amplios sectores de la sociedad que forman parte del Movimiento Nacional y Popular…”. Que Farinello tome a Alicia Castro como confidente no deja de ser una curiosidad, si se recuerda que Castro fue solidaria con el corte de las pistas de Ezeiza, un pecado verdaderamente mortal. Dejando esto de lado, lo que le preocupa sobremanera a Farinello es, sin embargo, que “de mantener a D’Elía peligrarían sus propias posibilidades de convertirse en senador”. Viniendo de alguien que siempre rechazó albergar una “vocación” parlamentaria, no deja de ser un caso de tardío redescubrimiento espiritual.


Lo que queda claro, de cualquier modo, es que la “propuesta (de) siempre (de) que trabajemos juntos por la reconstrucción del Movimiento Nacional y Popular”, es incompatible con el movimiento piquetero. Se trata, por cierto, de un planteo muy antiguo, que Farinello tiene el “mérito” de refrescarnos. O sea, el “movimiento nacional”, que rechaza la lucha de clases dentro de la nación, no puede existir sin someter constantemente a la clase obrera a la dirección y a la disciplina política de la burguesía. Esto es lo que opone al cura a los piqueteros y ésta es la verdadera garantía que ofrece, no moral sino política, o sea, de que la demagogia social nunca traspondrá las fronteras de clase impuestas por la burguesía. El rechazo a “la metodología piquetera” no pone al cura de los pobres en el mismo campo de clase del banquero Escasany, quien por sobre todas las cosas reprocha al gobierno no imponerle el “estado de derecho” a los que cortan las rutas?


Que Farinello se haya visto obligado a proceder a esta enérgica delimitación política, nos está revelando la crisis de características revolucionarias que caracteriza al momento actual, pues en otro período “más normal” no habrían sido necesarias estas “precisiones”, y menos para una competencia electoral, porque tampoco habría piqueteros. También deja en claro la verdadera posición del clero: si Farinello tiene que tomar distancias del piquete, qué no harán los miembros del episcopado para estrangular nuestro movimiento.

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