09/08/2007 | 1004

A preparar las cacerolas

¿Se acuerda de los carteles que De la Rua y Cavallo pegaron en el 2001, cuando el FMI y los financistas internacionales armaron el “blindaje” de Argentina?


El tema ha vuelto por estos días, con funcionarios de todo pelaje asegurando que estamos protegidos (¡por ellos!) de cualquier crisis internacional.


¿Tiene algún sentido que digan esto los representantes de un país que tiene 160.000 millones de dólares de deuda pública; cuyos bancos y AFJP tienen invertidos los depósitos de sus clientes en esos títulos del estado; cuando la inflación va por el 15% anual o más; y que depende por donde se lo mire del capital y del mercado mundiales?


¿O cuando la mayoría de las provincias ya tienen déficit fiscal y deben ser socorridas por el Tesoro Nacional?


La crisis financiera en curso comenzó con la cesación de pagos de los deudores hipotecarios menos solventes, en Estados Unidos, pero ya se ha difundido a otros tramos del crédito hipotecario y a los demás renglones del crédito para inversión, como es el caso de las compras y adquisiciones de empresas.


Parte de la gran banca de Estados Unidos está en la picota.


La semana pasada la cesación de pagos se extendió a Alemania, donde el Estado organizó una operación de rescate de un fondo de inversiones, porque de otro modo -dijeron los funcionarios- se arriesgaba un colapso del sistema financiero en su conjunto.


El Banco Central de Estados Unidos estimó, pero esto ya hace tres semanas, que las quiebras por la crisis podrían alcanzar los 100.000 millones de dólares; ya estamos por esta cifra.


El mismo banco central, sin embargo, no ha querido reducir las tasas de interés para refinanciar a los capitales endeudados, porque teme provocar una fuga generalizada de dólares.


No se trata de una crisis sectorial o localizada: solamente en Estados Unidos, el capital especulativo formado con endeudamiento alcanza a 48 billones de dólares, en tanto que el producto bruto es de 14 billones de dólares.


Los déficits fiscales y del comercio exterior de Estados Unidos han oscilado alrededor de los 600.000 millones de dólares cada uno en los últimos años.


Al cesar la euforia especulativa de la ‘plata dulce’ (emitida sin límites por el banco central), Estados Unidos va ingresando en la recesión.


¿Nos van a salvar del derrumbe las demandas de China o la India?


Pero estos países no solamente importan, también exportan.


El nuevo ministro argentino de Economía, Peirano, acaba de prometer que protegería el mercado interno contra la competencia china.


China y la India tienen sus propias crisis financieras, aunque con modalidades diferentes.


El capitalismo condena a la humanidad a crisis cada vez más intensas y generalizadas.


Las principales potencias recurren a las guerras para descargar esas crisis en las naciones más débiles.


En cualquier caso, el ciclo económico que favoreció la política de Kirchner ha concluido.


Denunciamos la política del gobierno que facilita la salida de capitales y que amenaza con la ruina a los trabajadores y clases medias: reclamemos el control de cambios, la prohibición de la salida de divisas financieras, la apertura de los libros de los bancos, el cese del pago de la deuda externa.


Denunciamos el encarecimiento del crédito y del costo de vida: por la nacionalización de los bancos, apertura de los libros y cuentas de las grandes empresas, salario mínimo igual a la canasta familiar, prohibición de despidos y suspensiones.


Hagamos reuniones y asambleas para discutir el significado de la crisis capitalista internacional y para elaborar programas de defensa de los intereses del pueblo.

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