15/01/2004 | 833

A qué mafias va a enfrentar la hormiguita viajera

El nombramiento de Graciela Ocaña como directora normalizadora del Pami persigue dos objetivos políticos para el gobierno de Kirchner. Primero, había que darle el pase a González Gaviola, absolutamente desgastado en su gestión al frente del Instituto. El continuo desastre en la situación prestacional, las denuncias sobre nombramientos de parientes con altos sueldos y choques arbitrarios con los trabajadores y los gremios habían rebalsado sus posibilidades.


El otro objetivo (reflejado en todos los medios) es la intención de Kirchner de atomizar aún más a la oposición centroizquierdista; en el ARI se pidió la renuncia de Ocaña a la banca.


Tanto la gestión Gaviola como la llegada de la "hormiguita viajera", han sido presentadas como una continuidad en la lucha contra las mafias del Pami, personalizadas en Barrionuevo y Nosiglia. Y si bien éstos son grandes operadores del "robo para la corona" (para el gobierno de turno y los aparatos partidarios), la clave de los negociados del Pami está en las contrataciones con los prestadores privados de servicios médicos y con la industria farmacéutica. El Pami es un gigantesco financiador y regulador de precios del mercado de salud. Allí se cruzan los intereses verdaderamente mafiosos de las cámaras empresarias, las federaciones médicas y los funcionarios políticos del gobierno y las provincias.


¿Son estos intereses los que viene a enfrentar Ocaña?


Aunque declaró que "la idea es sacar las gerenciadoras y hacer concursos para … mejores prestaciones, con la participación de los hospitales públicos" (Página/12, 6/1), lo mismo había dicho Gaviola. Con o sin gerenciadoras, los predadores de la industria médica capitalista y políticos patronales son los que manejaron siempre el Pami. En cuanto a los hospitales, la centroizquierdista Ocaña adhiere a la política "neoliberal" de que se usen para financiar a las obras sociales y pre-pagas, mientras el Estado se desentiende de la salud pública.


El nombramiento de Ocaña ha despertado un gran entusiasmo en la centroizquierda, particularmente en el sector CTA, cuyo jefe, De Gennaro, asistió al acto de asunción. La diputada prometió una "normalización" con voto directo de los afiliados. Lo que no significa nada si no da lugar al control total de jubilados y trabajadores sobre el financiamiento y el sistema prestacional. Es necesario recomponer el vaciamiento financiero que significó la eliminación de los aportes patronales y la caída de los aportes obreros por la desocupación, el trabajo en negro y la reducción salarial. Es necesario reponer todas las prestaciones perdidas y terminar con el dominio de la industria médica capitalista y los acuerdos con el Banco Mundial. No es esa la política del ARI, de la centroizquierda, ni de la CTA.

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