16/07/2003 | 809

A quién creen que engañan

«Argentina vuelve al mundo» ¿Se acuerda de quién prometía, hace muy poco, retomar este objetivo?


El «innombrable», que por tal cosa entendía firmar el «ajuste» con el FMI y pagar obedientemente la deuda externa.


Pues bien, según lo acaba de anunciar Kirchner, el slogan de la campaña menemista acaba de ser alcanzado.


El inglés Blair, el alemán Schröeder, el francés Chirac y el italiano Prodi le dijeron al Presidente que el G7 (los Estados imperialistas) le dieron la orden al Fondo de apresurar la firma de un acuerdo en el plazo más breve.


De ahí en más, el candidato que «derrotó» a Menem comenzará a pagar la deuda en «default», la cual suma unos 120.000 millones de dólares, si se incluyen los bonos del «famoso» megacanje de Cavallo.


La parte que no se encuentra en «default» viene siendo pagada religiosamente, desde el gobierno de una semana de Rodríguez Saá.


Luego de los pronunciamientos europeos se sumó al coro alguien más importante que todos ellos: el subsecretario del Departamento del Tesoro de los Estados Unidos, John Taylor.


Kirchner se entusiasmó tanto que gritó: «Salimos del default», como si festejase un gol de la selección argentina.


De todos modos, para disimular habló… ¿adivinen?… de la «soberanía» de Malvinas. Pero, como sabemos los que aquí vivimos, si un Presidente saca el tema Malvinas, hay que blindarse con urgencia los bolsillos.


La «concesión» que el Fondo hará a la Argentina será postergar el pago de la deuda con las instituciones oficiales internacionales por tres años.


La que Argentina deberá hacer al Fondo será reunir los recursos presupuestarios para pagar intereses, en los primeros años, por unos 10.000 millones de dólares a los titulares privados de la deuda pública. Más lo que deberán pagar los deudores privados locales con el exterior, el total supera holgadamente los 15.000 millones de dólares.


La deuda oficial se paga con impuestos; la privada, con mayores tarifas de las privatizadas.


Argentina, sin embargo, no tiene esos recursos en forma líquida. Lo que sí tiene son terrenos espectaculares en la ciudad de Buenos Aires y otros a lo largo de la Patagonia. Kirchner es un experto en entregar tierras patagónicas; basta preguntarle a los pulpos mineros que explotan el oro de Santa Cruz.


Como la entrega territorial lleva su tiempo y los pagos son a 90 días, la garantía que deberá ofrecer Kirchner será algún cambio de ministros.


Hay que engañar al pueblo, sin embargo, hasta las elecciones. Con este engaño colabora la izquierda, sea ella «izquierda peronista», «izquierda unida-centro», o «izquierda autodeterminada».


Las huelgas de los ferroviarios y de los metroviarios; la de los docentes y no docentes bonaerenses; la de los estatales; la de los telefónicos – todas por aumentos de salarios – son un testimonio de que la verdadera «gilada», o sea nosotros, los trabajadores más activos, no nos dejamos «engrupir».


El 2 de agosto próximo confluiremos en la Asamblea de Trabajadores.


En las urnas tenemos que confluir en el voto al Partido Obrero.

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