12/01/1995 | 436

Abajo la “flexibilidad para las Pymes”

Una bandera de toda la clase obrera

El impacto que tiene y tendrá en la gran industria la flexibilización de las Pymes no se reduce a la posibilidad futura de ampliar el número de trabajadores (máximo 50) para considerar a una empresa como Pyme. Esto está previsto en la ley (o el decreto) y por supuesto ocurrirá si el movimiento obrero no frena este atropello tal cual está.


Hoy los trabajadores de las grandes industrias sufrimos la “competencia” por áreas de las Pymes. En Editorial Atlántida, por ejemplo, se mandan afuera trabajos de fotografía, encuadernación y desintercalado; se tercerizaron ciertas áreas de mantenimiento, etc. En el diario La Nación se tercerizó casi por completo el mantenimiento y la limpieza de máquinas fue entregada a Limpiolux, al igual que en Crónica. Ciertos suplementos de diarios son realizados en talleres externos y así de corrido.


Y el núcleo de este problema es la inmensa diferenciación salarial y las brutales condiciones de explotación en la que trabajan todos los “boliches” en los que se realizan esos trabajos. Por importante que sea la organización sindical en las grandes plantas industriales gráficas, que las hay, no puede alterar por sí sola la realidad de superexplotación que se abre camino ante la mirada ciega de la burocracia sindical.


Un sector patronal mediano optó por otro camino: seccionar sus empresas en varias Pymes (Tabaré, Indugraf, Conforti, etc.). Negocio redondo, fracturan la organización sindical y encima son Pymes con las ventajas que ya tienen y las que tendrán con el nuevo decreto.


Por otra parte, ¿cuánto tiempo podrán subsistir dos regímenes laborales distintos si el 65% de la clase trabajadora está regida por el decreto de las Pymes? Después se dirá que ciertos sectores tenemos “privilegios inadmisibles”, como se dijo para arrasar con las conquistas de estatales, docentes, luz y fuerza, bancarios y tantos otros.


Por otro lado, el propósito de terminar con la figura del delegado en las Pymes es un ataque de enorme envergadura. De esa manera se termina con media organización del movimiento obrero en gremios como el nuestro (gráficos), metalúrgicos, plásticos, textiles, vestido y tantos otros. Y en ese tipo de industrias es donde más importancia cobra el delegado de fábrica, porque no perteneciendo por sí misma a una gran concentración proletaria, el representante sindical es el nexo con el resto de compañeros de esa rama industrial. Si pasa este atropello se consuma otra vuelta de tuerca del vaciamiento sindical de los últimos años. Sería el comienzo del fin de una de las grandes conquistas del movimiento obrero argentino de los años 45-46: las comisiones internas.


Frenar la flexibilización en las Pymes es una bandera esencial para lo más concentrado de la clase obrera. Debemos reaccionar como en el interior de una fábrica cuando una pequeña sección es atacada: es un ataque al conjunto.


Esto significa un programa, un planteamiento que fusione una reacción ante el conjunto de la ofensiva capitalista. El CTA y MTA, al plantear la colaboración de clases con la burguesía de las Pymes, quiebran (como se vio en el fracaso de la jornada del 9/12) desde el interior del movimiento obrero toda alternativa de reagrupamiento independiente.


Los activistas de izquierda tenemos que intervenir como una alternativa político-sindical discutiendo un programa, organizando las fábricas y lugares de trabajo, impulsando interfabriles, agrupando a la masa de estatales colocados en la mira del “recorte de gastos”.


La conferencia de la izquierda y los trabajadores es el método para tomar la tarea en nuestras manos.

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