30/06/2020

Acerca de la detención del jefe de la barra de Rosario Central

Los negocios entre el fútbol y los narco

Detuvieron en su mansión del country “Club de Campo Los Álamos”, situado en Timbúes, a “Pillín” Bracamonte, jefe de la barra de Rosario Central, acusado en una causa por lavado de dinero proveniente de un accionar delictivo. Fue arrestado en una investigación que incluyó 16 allanamientos, uno de ellos en la sede del club Rosario Central.


El fiscal Aníbal Moreno, que lleva adelante la causa, aseguró que en la sede de Central encontraron “documentación que marca que había empresas que tienen vinculación con Bracamonte y le facturaban a Rosario Central” (Agencia Derf) El vínculo entre “Pillín” y el club es total. Por caso, está bajo investigación la relación entre Pillín y Juan Carlos Silvetti, representante de jugadores y presunto socio en estos negocios con base en Central. El vínculo entre la barra y el club es tan estrecho que por primera vez en la historia se acusa en una misma causa a un barra y a personal vinculado a un club.


En los papeles presentados ante la Instituto de Personas Jurídicas (el mismo organismo que el gobernador puso al frente del “Plan Perotti” para la intervención de Vicentin) Bracamonte declara ser “comerciante”. Entre las numerosas empresas que creó, está bajo la lupa la SRL “Kabrasi”, que gestiona junto Juan Carlos Silvetti y otro socio, porque utilizando la misma como pantalla, habrían realizado lavado de activos. “Pillín” cuenta con cuatro sociedades SRL casi todas a su nombre o vinculadas a él. La investigación apunta a un “blanqueo” de  fondos espurios mediante estas empresas.


En el centro de la investigación está su vínculo con Los Monos, es decir, la relación entre la barra y el narcotráfico. Las “pistas” judiciales son una escucha telefónica y una foto de la fiesta de 15 de la hermana menor de los Cantero en la que aparece el barra. El negociado más resonante es el pase de “Angelito” Di María de Benfica a Real Madrid por 25 millones de dólares, donde el club solo recibió el 5% por derecho de formación y no el 20% que le correspondía del pase. Ese porcentaje que quedó en el aire y nadie sabe dónde está, Los Monos se lo cargan a la cuenta de “Pillín”. En una escucha realizada por otra investigación a la banda narco, captaron un diálogo en el que se refieren a esta tramoya del jefe de la barra de Central: “La cancha está vacía porque Pillín no puso lo que corresponde. Y tiene mucha plata porque agarró lo del pase de Angelito” (La Nación)


A esta investigación se suma un nuevo sospechoso, Sergio Quiroga, quien se desempeña como intendente del estadio de Arroyito. Sospechan que mantiene una sociedad con Pillin en unas de sus firmas, Ruffino SAS, dedicada a la indumentaria deportiva y servicio de organización de convenciones, exposiciones y shows, tanto culturales como deportivos. Se cree que uno de los eventos que podría haber organizado Bracamonte es el 130 aniversario del club.


Las SAS son sociedades anónimas simplificadas, una propuesta que llevó adelante el gobierno de Mauricio Macri para constituir instrumentos de modo rápido y con escaso control. Ideales para el descontrol. El club por su parte participa o deja que la barra haga sus negocios, ya sea en las tribunas o en los eventos del club.


Reorganizar el fútbol sobre nuevas bases


Bracamonte seguirá en prisión preventiva por el plazo máximo que estipula la ley, que son 2 años. Así lo resolvió la jueza de primera instancia, Valeria Pedrana, quien convalidó la acusación realizada por el fiscal por el delito de lavado de bienes por algo más de 38 millones de pesos, provenientes de “presuntos ilícitos cometidos en casi dos décadas como jefe de la barra”. En caso de ser hallado culpable por ese delito, la expectativa de pena prevé un mínimo de 4 años y medio y un máximo de hasta 13 años y medio.


Hace mucho que los clubes han dejado de ser lo que fueron en sus orígenes. Creados para el desarrollo del deporte y el esparcimiento de la juventud, fueron copados por mafias dirigenciales vinculadas o provenientes de sectores políticos, sindicales o empresarios.


Por eso, ni los dirigentes de los clubes chicos ni los de los grandes plantean la necesidad de la apertura de los libros, la presentación clara de balances a los asociados, que se investiguen las cuentas de los directivos, que estos sean revocables por los socios en cualquier momento de sus mandatos.


La salida a toda la podredumbre en la que se mueve hoy el negocio, es que los clubes dejen de estar en manos de las mafias y vuelvan a ser centros del deporte y recreación de sus socios y simpatizantes, herederos de quienes los fundaron con ese fin.


Planteamos:


Apertura de los libros de los clubes. Desmantelamientos de las barras bravas


Apertura de los libros de las comisarías. Destitución de todas las cúpulas y miembros de la policía implicados en estos negocios que sin protección policial no podrían existir.


Desmantelamiento de las bandas narco.




 

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