03/08/2006 | 957

Ahora más que nunca, Partido Obrero

Al calor de la manifestación en recuerdo de la “noche del Apagón”, caras de miradas confundidas se entremezclan con el viento y la tierra. Los cantos de la patota oficial (CTA) retumban las calles, como las casas marcadas por la dictadura a la hora de producirse el secuestro. El militante se afirma, sabe que por estar ahí revive en carne propia al obrero, al estudiante, al activista.


La bandera es sacudida por la fuerza del ventarrón; los brazos de los compañeros se duplican. Ubicados en la bocacalle, cubren toda la esquina: volantes, prensas, gorritas rojas con letras amarillas son la distracción de rostros viejos con pañuelos blancos que encabezan la marcha.


A esta altura, el Partido Obrero era protagonista de uno de los acontecimientos más importantes de la provincia. Los compañeros jóvenes expresaban en cantos sus energías revolucionarias para entremezclarse con la muchedumbre, que a su vez amainaba el paso; los más experimentados intercambiábamos palabras previniendo lo que se venía.


La patota de la CTA nos amenaza. Son los que hoy le siguen permitiendo a Blaquier asesinar mil veces a los compañeros de Calilegua y Ledesma, los que hoy mueren por contaminación, con la complicidad del Estado.


Los insultos, los cantos, se repitieron por más de quince minutos. Aguantarse tanto, cuidar al compañero/a, a los niños, desviar la mirada, pero con la convicción de que nuestra delegación de 60 compañeros era suficiente para esclarecer y orientar a una ciudad dominada por la explotación. Los patoteros, en número superior a los dos mil, atacaban al partido que desenvuelve en todo el país su intervención y su programa como factor de superación a la crisis del capitalismo y que canaliza a los explotados como vanguardia.


En frío podés escribir lo ocurrido y hasta un libro. Estar en ese momento, ver cómo arrebatan los materiales de la actividad de tu compañero y que te lo rompan en la cara; tragarte la saliva más amarga, reafirma la militancia; destaca lo mejor de un revolucionario del Partido Obrero. Porque sabemos que no nos equivocamos; cometemos errores, pero no nos equivocamos. Las experiencias vividas, como la del 27, nos dan la razón


Son las banderas de mi partido las que dibujan siluetas en el horizonte. Es el grito de los revolucionarios que traspasan los montes. Son las letras de la Internacional que atizan mis convicciones.


Ahora más que nunca, Partido Obrero.


Abrazos revolucionarios.

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