19/07/2001 | 714

Al Congreso Nacional de Piqueteros

La última vez que los luchadores obreros de Argentina pusimos en pie organizaciones de masa independientes de las patronales y de la burocracia de los sindicatos, ocurrió en los meses de junio y julio de 1975.


En esa oportunidad, las Coordinadoras de Delegados de fábrica, en especial en el gran Buenos Aires, impulsaron la huelga general contra el «ajustazo» de Isabelita y Lopez Rega, y se desarrollaron masivamente al calor de esa misma huelga activa que duró casi 45 días.


El próximo 24 de julio, también frente a una gran crisis nacional, consecuencia del derrumbe capitalista, se reunirá un Congreso o Asamblea nacional de piqueteros, que reunirá a los representantes de los desocupados y de los obreros de base que han luchado con piquetes contra el hambreamiento y la superexplotación de la última década.


El solo hecho de que esa Asamblea tenga lugar está probando la caducidad de los llamados partidos populares, convertidos en meros taparrabos de la especulación capitalista, y de la burocracia de los sindicatos. El enorme paro general del jueves 19 fue nuevamente protagonizado, en la movilización, por lo piqueteros, no por los burócratas que lo han querido «dominguero». Durante más de dos meses, toda la burocracia sindical dio una «tregua» para apoyar la «reactivación» que prometía Cavallo, que ahora se ha roto por su irremediable fracaso.


Pero la realización de la Asamblea Nacional es por sobre todo la expresión de la veloz maduración del movimiento piquetero y de la tendencia a convertirse en un factor político. A esto lo ha llevado la experiencia de que la menor de sus reivindicaciones es incompatible con el actual régimen capitalista en descomposición. El movimiento piquetero ha evolucionado con características revolucionarias, porque también se han conjugado en él, además de la valiente lucha de los compañeros desocupados, la lucha piquetera fabril y sindical, como los ferroviarios, cortando vías, los obreros de Gatic y Alpargatas, cortando rutas, los gráficos, ocupando fábricas, los de Aerolíneas, cortando pistas, los secundarios, cortando avenidas, las mujeres agrarias, cercando campos, los trabajadores todos, protagonizando enormes paros generales.


Quienes convocamos a participar en el Congreso nacional piquetero, tenemos la responsabilidad de asegurar su proyección independiente de los explotadores, su Estado y sus partidos; de ampliar y profundizar la lucha para liberar a los compañeros presos y para que se retire la Gendarmería de Mosconi y cese su acción en todo el país; y, como el problema del momento del país, de poner al movimiento piquetero como la alternativa de la clase obrera y los explotados al desbarranque capitalista y al hundimiento del régimen de los De la Rua, los Ruckauf y los Cavallo.


Sin embargo, ahora que el movimiento piquetero ha llegado a este punto histórico, quienes hasta ahora sólo tuvieron para con nosotros expresiones de desprecio o de indiferencia en el mejor de los casos, pretenden servirse de nosotros. Representantes de la UIA, la coimera de la reforma laboral, han insinuado que quieren dirigirnos la palabra; más lejos quieren ir los políticos y empresarios centroizquierdistas, que pusieron a la Alianza en el gobierno en 1999 y ahora recién huyen despavoridos de este barco.


Quieren que los apoyemos en su propuesta de «déficit cero equitativo», que pretende pagar íntegralmente la deuda externa con nuestros salarios y jubilaciones, más un poquito de impuestos a algunos pulpos. Fueron incapaces de enfrentarse a los monopolios antes de la catástrofe y dicen que ahora tienen la capacidad y el coraje para «repartir» el ajustazo.


Pero este no es el programa ni la perspectiva de los piqueteros. No es nuestra salida la presión o el golpe institucional del fracasado centroizquierdismo. Para conseguir el pan, trabajo y el techo, tenemos que deshacernos de los De la Rua, Cavallos y Ruckaufs, y ganar para esta causa a la mayoría popular que busca una salida como nosotros. No para pagar la deuda «equitativamente», sino para ponerle fin; no para «entendernos» con los banqueros sino para nacionalizar la banca, YPF y Aerolíneas; no para que ellos dispongan sino para establecer el control obrero de la economía.


Proponemos una campaña nacional para poner fin a los impotentes gobiernos del capitalismo y reemplazarlos por asambleas constituyentes en la Nación, las provincias y los municipios.


Libertad a los compañeros presos, desprocesamiento a los enjuiciados, fuera la gendarmería: PLAN DE LUCHA PIQUETERO, HUELGA GENERAL, ELECCIÓN DE COMITES DE BASE Y ASAMBLEAS POPULARES.

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