Políticas

29/3/2023|1665

Alberto, Biden y el peronismo de la Casa Blanca

Fernández y Biden

Alberto Fernández mantuvo una reunión con el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, en el marco de su gira por el país norteamericano, un día antes de que se produzca el encuentro entre Sergio Massa con Kristalina Georgieva, la directora del FMI. El gobierno buscó negociar metas más flexibles por parte del Fondo y nuevos préstamos provenientes de otros organismos multilaterales. A cambio, el imperialismo yanqui apuntó a reforzar la injerencia sobre Argentina en el marco de la guerra comercial que mantiene con China, entre otros condicionamientos.

Lo cierto es que el acuerdo con el FMI se ha vuelto verdaderamente incumplible. Debido a la sequía, se espera una pérdida de 20 mil millones de dólares por exportaciones del agro, con lo que el fisco dejaría de recaudar vía retenciones el equivalente al 1% del PBI. A su vez, el gobierno no para de malvender dólares del Banco Central para contener las cotizaciones paralelas, y, con el nuevo decreto que obliga a los organismos públicos a desprenderse de sus bonos en dólares, ya habría quemado las naves en su intento de achicar la brecha cambiaria. Así las cosas, las metas fondomonetaristas, tanto de acumulación de reservas como fiscales, se vuelven prácticamente inalcanzables, lo cual podría dejar al país al borde del default.

Por eso, Alberto Fernández viajó desesperado a Washington a reunirse con Biden y solicitarle que interceda para el FMI flexibilice sus metas y para destrabar nuevos créditos internacionales. Esto último implicaría aumentar el peso de la deuda externa sobre el país y, por lo tanto, la sujeción colonial de Argentina. Todo para rescatar un acuerdo ruinoso e inviable con el Fondo Monetario, a costa de perjudicar a las mayorías populares.

Ahora bien, si Biden accedió a tener esa reunión es porque considera la posibilidad de auxiliar al gobierno argentino. Por un lado, quiere que Alberto Fernández lleve a término su mandato para no agitar las aguas en un escenario latinoamericano sumamente convulsivo, mientras se prepara un recambio presidencial. A su vez, la Casa Blanca valora el papel de contención que juega el peronismo en el poder, puesto que ha logrado evitar que Argentina se sumara al concierto de rebeliones populares en América Latina. En el mismo sentido debe leerse el respaldo del gobierno estadounidense a Lula en las últimas elecciones de Brasil.

Sin embargo, ese “salvavidas” no será gratuito. En primer lugar, sabemos que cualquier modificación de las metas del FMI, como ocurrió con la de acumulación de reservas, vendrá acompañada de la exigencia de profundizar el ajuste, como sucede con la mayor presión sobre las tarifas. Por otro lado, se agravará la injerencia imperialista sobre los asuntos políticos y económicos del país, acentuando la entrega de recursos naturales a las multinacionales estadounidenses y la dependencia nacional.

Según trascendidos, Biden tiene como objetivo, que el gobierno argentino bloquee el desembarco de los capitales chinos en la concesión de la Hidrovía, en la instalación del 5G, en el manejo de las bases logísticas para aprovisionamiento naval en Ushuaia y en la explotación del litio.

Es decir, el mandatario norteamericano busca de parte de Alberto Fernández un alineamiento claro detrás de los intereses de Estados Unidos en la región y a favor de la Otan a nivel internacional; y, como contrapartida, un distanciamiento geopolítico y comercial con el bloque enemigo (conformado por China y Rusia). Alberto Fernández respondió favorablemente, en algo que explicitó cuando declaró: “Vemos el grave problema que ha creado la invasión Rusia a Ucrania. Acompañamos en las Naciones Unidas condenar esa invasión”. A buen entendedor, pocas palabras. Esta situación no estará exenta de crisis geopolíticas, dado que Argentina es muy dependiente de ese bloque enemistado con la Casa Blanca. El gigante asiático es el principal comprador de los granos y carnes que se producen en suelo local, es uno de sus principales proveedores de manufacturas y tiene una penetración importante en los complejos agroindustriales (Cofco, Syngenta) y energéticos (represas hidroeléctricas de Santa Cruz) argentinos. “Esperamos que nos sigan apoyando”, declaró Alberto. Como vemos, la subordinación imperialista del gobierno del Frente de Todos pone al país como rehén de las potencias internacionales en el actual escenario de guerra comercial y bélica.

De este modo, se perpetúa el saqueo de las riquezas nacionales, cuyas consecuencias las paga el pueblo argentino con más pobreza, hambre y depredación ambiental. Todos los políticos capitalistas continúan ese rumbo de postración, incluso el kirchnerismo, que de anti-imperialista no le queda ni siquiera el relato. Sin ir más lejos, en una de sus últimas intervenciones, Cristina Kirchner abogó por el pago de la fraudulenta deuda externa y la extensión de la megaminería que llevan adelante los pulpos foráneos. Hasta se reunió con la generala del Comando Sur de Estados Unidos, Laura Richardson, que tiempo después declaró que Estados Unidos “tiene mucho por hacer” respecto a la profusión de recursos naturales estratégicos que existen en Sudamérica.

Por lo tanto, tenemos que echar a estos agentes del imperialismo que nos gobernaron y gobiernan convalidando este despojo. La única liberación nacional posible es la que emerja del repudio a la deuda externa usuraria, la ruptura con el FMI y el control obrero de los recursos estratégicos del país, como la banca, el comercio exterior y la industria energética. En definitiva, una salida de los trabajadores frente a la debacle actual.