01/03/2021
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Alberto Férnández: el discurso negacionista de un gobierno empantanado

“Sigamos pagando la deuda... mientras hacemos una ‘querella criminal’”

En la apertura legislativa 2020 Alberto Fernández dijo que no venía a hablar de la herencia recibida y que venía a superar la grieta. Un año después produjo un engendro de dos horas lleno de contradicciones.

Se dijo que el Presidente trabajó personalmente en la factura del discurso. Puede ser. Tal vez lo más complejo haya sido la rendición de cuentas ante la pandemia que conmueve al mundo y ante el vacunagate que acaba de conmover al país. Optó por la defensa cerrada de su política sin explicar por qué tenemos 2,2 millones de contagiados, 52.000 víctimas fatales y somos el país número 110 en testeos. Semejante fracaso no ha podido ser superado con la política de vacunas, porque las vacunas VIP pusieron de manifiesto la miseria de un régimen adaptado hasta la médula al dominio de los monopolios farmacéuticos a los que no denunció en absoluto y de los cuales son lobistas Ginés y Vizzotti que habían jugado sus cartas a AstraZeneca, cosa que no resultó por lo cual salieron desesperados a buscar la Sputnik como ahora a comprar la china ante el incumplimiento ruso. En tanto, se vacunaban entre los amigos y funcionarios.

De carácter fuertemente confrontativo en torno al endeudamiento, la pobreza y el derrumbe macrista para justificar su propio fracaso en revertir esas realidades incuestionables, el discurso atendió el frente interno kirchnerista que vive del relato “nacional y popular antineoliberal”, mientras rescató al Congreso que le aprobó en masa el rescate de los bonistas y el curso de negociación con el FMI.

El punto más saliente de este desatino fue que anunció una “querella criminal” contra Macri por el endeudamiento indebido (de dudosísimo destino) al tiempo que rescató el canje y las cordiales negociaciones con el FMI, para seguir pagando puntualmente una deuda por completo ilegítima y usuraria. Algo que rápido disparó los entusiastas tuits k y del centroizquierda como Lozano, Grabois o la propia Fernanda Vallejos, todos parte del gobierno, en distintas formas de integración. Salta a la vista que el sentido de investigar una deuda es dejar de pagarla, para que el “delito” se detenga, todo lo contrario de la conducta del gobierno. Pero hay que agregar lo más importante de todo: no hizo un balance de los resultados del canje y sus términos, cuando Argentina sigue afuera del crédito internacional, hoy a tasas siderales en dólares. Y, al mismo tiempo, que llegamos quebrados y arrodillados a la negociación con el FMI. Por supuesto tampoco denunció las exigencias del Fondo en las secretas negociaciones, lo que transforma al Presidente y al gobierno en un cómplice.

Por eso cayó en demagogias brutales, carentes de toda elegancia, como decir que aumentó los ingresos de los jubilados, a los que les sacó la movilidad por inflación o que ha multiplicado la inversión en educación pública cuanto a los docentes universitarios, dependientes del Presupuesto nacional les robó en 14 meses 21%, casi el doble de lo que le robó el gobierno antiobrero de Macri en cuatro años (11%). O festejar la recuperación de la paritaria nacional docente cuando se extienden las huelgas provinciales frente a anuncios como el 12% de Capitanich, o el 10% de Gutiérrez en Neuquén y en la Provincia de Buenos Aires la cuarta parte de las escuelas de La Plata, la capital provincial, no pudieron abrir por su calamitoso estado.

Ni mejoras salariales a los docentes, ni inversión en educación. Ni en la presencial, ni en la virtual. Lógicamente no se puede dejar pasar otra vez la afirmación de que su política es aumentos salariales por encima de la inflación, mientras atacan las cláusulas gatillo y las desconocen para imponer este año las paritarias en torno al 30% en cuotas que no corresponde nada más que al presupuesto fondomonetarista aprobado en el Congreso, no a la inflación de diciembre, enero o febrero, lo único real que tenemos en la mano.

Otro bolazo es que aumentó la inversión en obra pública, completamente parada para ofrecer al FMI un déficit 2020 menor al esperado y recibir las palmadas de Georgieva. En este punto el ocultamiento escaló alto cuando dijo que se han recuperado los empleos industriales perdidos en la pandemia, porque persisten 2 millones de desocupados nuevos de todos tipos de empleo, lo que marca la esterilidad de la reivindicada prohibición de despidos.

El discurso, leído, fue largo y aburrido. Carece de sentido recorrer todos los ítems de sus refutables inexactitudes y mentiras. Digamos que las denuncias del “capital concentrado” para ofrecer música a los oídos kirchnerianos, se contraponen con todos los retrocesos ante Vicentin, ante los bonistas, ante los exportadores de maíz, ante las alimenticias que siguen aumentando los precios o con la reivindicación de la política megaminera que enfrenta valientemente el pueblo de Chubut como enfrentó movilizado a fondo en la guerra del agua el pueblo de Mendoza. Otro gran punto de confluencia estratégica de toda la clase capitalista y con ella del FdT con JxC.

Pero detengámonos en la cuestión tarifas. Anunció que se terminó el congelamiento y también la “dolarización”. Se vienen los tarifazos que si para los consumos residenciales son el 30% de acuerdo al techo salarial, es muchísimo. Pero la energía eléctrica de 4.000 grandes consumidores aumentó entre un 50 y un 75%, que ya mismo anunciaron que trasladarán a los precios. Por otra parte los combustibles iniciaron un imparable sendero de aumentos y esto tiene por motivo, precisamente, la “dolarización” de la explotación petrolera y gasífera, incluso con precios superiores a los internacionales en el gas. Y como la mayoría de la energía eléctrica es térmica esto empuja los precios de la generación. El problema de los problemas es que el Presidente parloteó contra los neoliberales pero mantiene a rajatablas el esquema de las privatizaciones menemistas. Por lo tanto seguirán los tarifazos que pagaremos en parte en la boleta, en parte con inflación vía los subsidios del Estado a las privatizadas. Un discurso estafa. La misma línea del anuncio de la “licitación transparente” de la hidrovía, otro regalito al capital concentrado en la huella menemista.

No se nos puede escapar que usó mucho tiempo en la cuestión de la Justicia, al punto de detallar un número de medidas, ninguna de las cuales tiene que ver con resolver el desastre de su actuación en los femicidios, tema del que escapó rápidamente, cuando uno de cada cinco femicidios son agentes de las fuerzas de seguridad del Estado el que a su vez mira para otro lado cuando esos femicidios se preparan ignorando denuncias desesperadas de las víctimas y no brindando protección social, económica y laboral alguna.

Esta hipocresía mayúscula se repitió en el repudio a la violencia institucional mientras se mantiene a Berni a rajatabla, se encubre a Insfrán o a las represiones de Capitanich. Al mismo tiempo que se jactó de mejorar los salarios del personal de seguridad, seguramente los únicos que mejoraron, sobre todo después que le rodearon la quinta de Olivos. Su “vuelta a los DD.HH.” solo ha servido para la cooptación de las organizaciones de DD.HH. oficialistas que miran para otro lado y se borran de la movilización del 24 de marzo, para no enfrentar la represión y la impunidad del gobierno.

Atacó fuertemente a la Corte, sugiriendo un nuevo régimen donde no sea la última palabra en las causas, pero sobre todo con una crítica tribunera: que “no hay forma de que hagan una declaración jurada”. La desesperación lleva a las cornadas entre bueyes. Solo demuestra que políticos de ambos lados de la grieta trucha, que viven de Puerto Madero para arriba, están en una fuerte disputa por el control del aparato judicial en defensa de su propia impunidad. En ese aspecto AF se apartó de aquella línea de que vayan en cana los que tengan que ir por corrupción: el sostenimiento de la camarilla kirchnerista le obliga a poner límites. Hasta Lázaro Báez puede ser, pero no se puede atacar a la patria contratista entera y sus negociados con todos los gobiernos, es parte de un sistema. Como dijera Cristina ya senadora y expresidenta “no me vengan a decir que la cartelización de la obra pública empezó con mi gobierno”.

No habló para el movimiento obrero. Muy autoproclamado peronista el Presidente, pero para la mayoría trabajadora, naranja. Salvo lo de Ganancias, en lo que fue breve y habrá que ver su letra final. Pero está claro que es una aspirina electoral 2021, porque no hay actualización del piso, ni pretensión alguna de terminar con el impuesto al salario sino de perpetuarlo. Al revés, el pomposo Consejo Económico y Social reivindicado rápidamente aparece como la coartada del ajuste contra los trabajadores para dar argumento a la burocracia sindical. Se acabó el IFE, reivindicado como un programa fantástico que sin embargo no detuvo el agravamiento de la pobreza, aunque según AF el ritmo de aumento fue menor al ritmo de 2017-2019. Ni para consuelo de tontos.

De las reservas, del dólar, de cómo terminar con la inflación, etc., etc. nada de nada, de las exigencias de los capitalistas de bajar drásticamente el gasto público, de las contradicciones entre la necesidad de recaudar y los reclamos de subsidios patronales, ni una palabra. No solo no respondió ante los urgentes reclamos de las masas trabajadoras.

En resumen, aunque terminó con la letanía de que viene a “unir a los argentinos”, la falta de novedad alguna, el empantanamiento del gobierno, es el mensaje ante todas las clases sociales y las contradicciones explosivas que envuelven el cuadro del país. La pobreza del discurso es parte del “estado de la Nación”. Los trabajadores tienen que tomar nota para debatir y luchar por un rumbo propio.

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