22/02/2021
VACUNACIÓN VIP

Alberto Fernández y la defensa de lo indefendible

El presidente busca tapar la responsabilidad de todo su gobierno.

Mediante un hilo de Twitter, el presidente Alberto Fernández salió a marcar la versión oficial del escándalo por el vacunatorio VIP que se desarrollaba en el Ministerio de Salud a cargo de Ginés González García -aunque, sin dudas, con el aval y conocimiento de otros funcionarios de alto rango.

A grandes rasgos, dijo que lo de Ginés fue una cuestión moral pero excepcional y que no hay que olvidar la política desarrollada durante la pandemia. También que Vizzotti se encargará de protocolizar el suministro de las vacunas de ahora en más, como parte de su labor como nueva ministra de Salud.

No es la excepción, es la regla

No es casual que Fernández lo muestre como un hecho aislado. Es parte de la lavada de cara que intentan hacerle al Ministerio, uno que supuestamente el Frente de Todos puso en pie luego de varios años funcionando como Secretaría, cuando Macri lo redujo. Sin embargo, la imagen hoy muestra un ministerio desprestigiado y una política sanitaria con una fuerte desconfianza.

Las idas y vueltas con la vacuna desde noviembre del año pasado, cuando la comunicación oficial era que para diciembre habría 10 millones de personas vacunadas, pusieron de manifiesto la improvisación del gobierno pero también las prioridades que se manejan. De la mano de la reducción del presupuesto en salud, la aparición de prioridades arbitrarias en el proceso de vacunación se vieron desde un primer momento cuando la Provincia de Buenos Aires con Axel Kicillof a la cabeza inició la inoculación de funcionarios públicos por sobre profesionales de la salud o grupos de riesgo. Es decir, de excepcional esta situación no tiene nada, porque «oficialmente» sucede desde la llegada del primer cargamento, allá por diciembre de 2020.

Ahora salta por los aires todo un régimen descompuesto de vacunaciones irregulares de allegados al gobierno, funcionarios y empresarios. El caso de Zanini, actual Procurador del Tesoro, es ejemplar: se vacunó el 22 de enero bajo la categoría de «personal de salud» (La Nación, 22/02). Por aquellos momentos, las dosis apenas alcanzaban para cubrir a quienes están en la primera línea de choque contra el coronavirus. Resulta que el vacunatorio VIP no solo funcionaba en el Ministerio de Salud, sino en todo el país.

El saldo de Ginés

El presidente dedicó un párrafo para agradecerle a Ginés. «Guardo por @ginesggarcia mi sincera gratitud». Y continúa: «Ha sido una persona fundamental para que la pandemia no arrecie sobre los argentinos. Ha sido capaz de poner de pie un sistema de salud quebrado y de darle a cada argentino la atención pertinente cuando el virus lo hizo víctima». Estamos hablando del mismo ministro que al inicio de la pandemia dijo que «le preocupaba más el dengue que el coronavirus», para un mes después determinar junto con el presidente el inicio de la cuarentena más larga del mundo. Esta mostró sus limites en el instante que las patronales pasaron por encima de ella, primero obligando a los trabajadores a asistir a sus puestos laborales aunque sus actividades no sean esenciales y luego ignorando el endeble DNU que prohibía los despidos. En el mientras, el gobierno hizo la vista gorda, aunque al poco tiempo de iniciado el aislamiento comenzó a habilitar actividades, prácticamente sin controles sobre los protocolos de bioseguridad.

La extensión de la cuarentena no fue un factor que significó mayor seguridad y protección frente al virus; el hecho de que no se pusieran de pie medidas de fondo para permitir que los trabajadores la cumplan expuso al conjunto de la población, en consecuencia llevando a una mayor circulación del virus, recrudecimiento de la pandemia y hartazgo general de las medidas de aislamiento.

La falta de preparación para manejar una pandemia de este estilo se vio también ante la falta de suministros, principalmente denunciado por los profesionales de la salud. Los años de desfinanciamiento del sector público por parte de todos los gobiernos de turno dejaron al descubierto un sistema frágil y fragmentado, sostenido sobre la base de la precarización laboral, salarios de miseria y trabajo gratuito. Así, vaticinaron la centralización del sistema de salud, pero con un llamado del sector privado dieron marcha atrás y no volvieron a tocar el punto.

Dando pasos en falso es como el gobierno le abrió la puerta al avance del virus, y llegamos al pico de contagios hacia finales de octubre con un promedio de 14 mil casos diarios, una enorme cantidad de vidas perdidas (Argentina se ubica N°26 a nivel mundial en muertes por millón, aunque llegó al puesto 8 en diciembre) y promesas sobre una vacunación masiva en diciembre (aun cuando no había vacunas aprobadas en el mundo).

Su recorrido no queda solo en su performance como ministro de Salud en 2020. Ya había ejercido el mismo cargo en 2002 con Duhalde hasta la era Kirchner en 2007. Fue en 2003 que recortó el alcance de la Prestación Médica Obligatoria (PMO) bajo el argumento de que si no «muchos agentes del seguro de salud directamente desaparecerían, dejando desprotegidos a millones de afiliados», dándole la derecha al sector privado de la medicina.

Íntimo de los laboratorios, fue el autor de la Ley de Medicamentos genéricos que rápidamente se fue desvaneciendo, para en 2017 pasar a apoyar de manera directa el recorte de medicamentos al 100% en el Pami bajo la excusa de la sobreutilización de los mismos y las muertes e intoxicaciones por el mal uso. Su ligazón con los laboratorios y particularmente con Hugo Sigman, empresario fundador del Grupo Insud -el mismo que produce la vacuna AztraZeneca en Argentina-, hizo que se le diera prioridad a las negociaciones con dicho laboratorio para la obtención de las dosis. Desde un principio utilizó su lugar para beneficiar ciertos intereses de clase, no sin antes entregarle una Ley de Blindaje a Pfizer, uno de los principales competidores.

En materia de derechos laborales hizo lo propio, tildando a los residentes y concurrentes del Hospital Garrahan como «terroristas sanitarios» por su lucha por aumento de salario y mayor presupuesto y en 2004 hablando de que «sobraban médicos y psicólogos», aun cuando el régimen de explotación en el sistema de salud implica que un trabajador deba sostener 70 a 100 horas semanales. En 2007 se manifestó a favor del cupo de ingreso a la carrera de medicina y mostró su intención de profundizar los posgrados pagos, en defensa de la privatización y arancelamiento de la educación.

No sorprende entonces que no haya hecho mención durante su gestión de la lucha de residentes y concurrentes, y se haya convertido en uno de los responsables directos de mantener las paupérrimas condiciones laborales en medio de una pandemia. Su gestión culmina con la aceptación de un presupuesto para la cartera de salud de un 10%.

Es el broche de oro de una política de fracaso y plagada de corrupción y desinformación. En este escenario, Vizzotti es la encargada de continuarla: para ella, «la gestión de Ginés no está en duda» y por eso eligieron a alguien de su equipo para continuar su labor. El saldo de Ginés hoy son más de 50 mil muertes (solo 12 países en el mundo superan este número); también es el saldo con el que llega Vizzotti, como pilar fundamental del Ministerio.

La continuidad de la política sanitaria

Vizzotti fue la encargada de negociar con Rusia y demás laboratorios el cronograma de llegada de partidas. En pocas palabras, es la responsable del proceso de vacunación en la Argentina, uno que hoy, a pesar de la llegada de más dosis, se encuentra estancado: hace semanas que apenas avanza el número de vacunados, con 391.975 con la primera dosis y 241.662 con la segunda al 17/02, y no 700.000 como dice el presidente en Twitter.

La presión por el escándalo del vacunatorio hizo que el gobierno acelerara los planes y cerrara nuevos acuerdos. A dos días de que estallara, se le dio autorización a la vacuna china Sinopharm y esta misma semana llegaría un cargamento con un millón de dosis. También se espera otra tanda de la Sputnik V, a la vez que arrancó la vacunación para mayores de 80.

Si bien la semana pasada ya estaba previsto que arranque, el aceleramiento del pausado ritmo de vacunación parece el «relanzamiento» de un Ministerio que no supo ponerse al frente del manejo de la pandemia, aunque con los mismos personajes. Hasta compraron 20 millones de carnets para certificar la aplicación de la vacuna y disminuir los «errores programáticos» (Página 12, 22/02), como si se tratara de una cuestión administrativa y no de la dirección de un régimen entero que utiliza la influencia y los recursos del Estado para beneficiar a una camarilla de funcionarios y sus allegados de la mano de toda su clase. Incluso anunciaron que se dará a conocer la lista de vacunados del Hospital Posadas, uno de los epicentros del escándalo, para darle a la nueva gestión cierta «transparencia».

Es lo que marca el conjunto de la política del gobierno nacional: la subordinación del Estado a distintos lobbies -en este caso a los farmacéuticos, empresariales y clericales de la medicina privada- lleva a un fracaso rotundo que hoy se ve en números concretos. La gestión de la campaña de vacunación no puede estar en manos de quienes nos han llevado a este punto, sino bajo control de los trabajadores de la salud, quienes deben determinar de qué manera y con qué prioridades se tiene que llevar adelante.

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