03/05/2020

Algunos debates del curso de El Capital: la ley del valor

En la medida que se desarrollan las clases virtuales del curso de El Capital, miles de compañeros y compañeras inscriptos en todo el país desarrollan comisiones de debates y actividades en las cuales van surgiendo importantes debates. La primera tanda de debates, que surgieron en la primera clase, son los debates en torno a la ley del valor.


El valor y la historia


En las actividades del curso, comparamos la explicación marxista sobre el desarrollo del valor y el dinero con las explicaciones vulgares de la economía burguesa. Contra la ley del valor, todos los días los economistas nos hablan de que el desarrollo del dinero está dictado por las “expectativas” de quienes deben recibirlo. Estas expectativas, por otro lado, están puestas por fuera de las condiciones históricas, porque parten de supuestos sobre comportamientos humanos ahistóricos.


¿Son válidas estas explicaciones? El punto de partida del marxismo es opuesto: parte de que la producción de mercancías es el resultado de un proceso histórico, no es natural. La producción para el intercambio se generaliza con el desarrollo de la producción capitalista. Anteriormente, la masa de la producción era producción para el uso: por ejemplo, la producción del campesinado para su propio sustento. Con el desarrollo del capitalismo, la división del trabajo pasa a estar mediada por el intercambio de mercancías.


La mercancía se caracteriza por tener una forma de valor que se expresa en un equivalente general, el dinero, que es distinto de sí misma. Este desarrollo contrapone, de un lado, la utilidad de la mercancía, del otro, su valor como encarnación de trabajo humano socialmente necesario. El desarrollo del dinero en una sociedad de productores de mercancías obedece a una necesidad histórica.


La contracara de esto es que el trabajo humano se desarrolla como trabajo privado e independiente. Su carácter socialmente necesario se verifica en el intercambio. La ley del valor determina así el reparto del trabajo social entre los diferentes trabajos concretos, al convalidar cierta cantidad de horas de trabajo como “socialmente necesarias” para producir una mercancía. Pero lo hace en forma anárquica: puede ocurrir que el trabajo humano se vuelque masivamente a rubros de la producción que luego, en el intercambio, se revele que no tienen comprador alguno. Con este proceso, las relaciones sociales entre productores pasan a estar mediadas por las relaciones de intercambio entre mercancías, mediadas por el dinero.


Como discutimos en las comisiones del curso, la economía política burguesa reemplaza el análisis de este proceso objetivo por una explicación en términos de subjetividades, por fuera del desarrollo histórico. De esta manera, no puede explicar las contradicciones que son fundantes en el régimen de producción capitalista.


Valor de uso y valor


Otro de los puntos que analizamos en el curso fue el de la obsolescencia programada. Los consorcios industriales condicionan la calidad de las mercancías para que se desgasten en un lapso determinado de tiempo, con el objeto de poder volver a vender. O sea, en la búsqueda de valorizar la mercancía atentan contra el valor de uso. Esta tendencia, por supuesto, provoca un desperdicio enorme de energía humana, de medios de producción y de materias primas, incrementando, por lo tanto, los desequilibrios ambientales mortales propios de la producción capitalista. ¿Cómo interpretar este fenómeno si no es a la luz de la contradicción entre el valor de uso, la satisfacción de las necesidades sociales, y la producción de valor?


Esta contradicción es la base de las tendencias a la crisis del capitalismo. Ocurre que la producción capitalista no se orienta a la satisfacción de las necesidades humanas, sino a la acumulación, siempre creciente, de capital. Esta acumulación surge de la explotación de la fuerza de trabajo, cuyo fruto (la plusvalía) es reinvertido una y otra vez. En las crisis, la valorización del capital se interrumpe, y se pone de manifiesto que la incapacidad de realizar el valor de las mercancías impide su utilización como valor de uso, que debería satisfacer necesidades sociales, que quedan crecientemente insatisfechas. La bancarrota de la producción capitalista produce así una sobreabundancia de mercancías que pierden su valor, por un lado, y una masa de la población que no puede acceder a las mismas, por el otro.


Valor y precio


Este análisis se basa en las características históricas del capitalismo, como régimen de producción social determinado, y coloca en el centro sus tendencias a la crisis y el colapso. En debates del curso, surgió también el cuestionamiento de los liberales, que sostienen que la ley del valor habría quedado desmentida por la venta a precios negativos del petróleo. La ley del valor implica la determinación de los precios por el tiempo de trabajo socialmente necesario para su producción, por eso, los liberales argumentan que los precios negativos no podrían explicarse por no haber “trabajo negativo” ¿Qué hay de cierto en esto?


En realidad, la caída por debajo de cero de los precios del petróleo ocurrió porque las ventas a futuro, que habían sido pactadas con muchos meses de anticipación, chocaron, cuando debían efectivizarse, con una caída de la demanda que había colmado la capacidad de almacenamiento.


Sólo se puede decir que esto desmiente la ley del valor si se la entiende en forma vulgar, como una determinación mecánica del precio por el trabajo socialmente necesario. En realidad, la ley del valor no es una “ley” en el sentido estricto, sino una tendencia general que se impone a través de choques, auges y desvalorizaciones del capital.


Por un lado, el trabajo socialmente necesario está determinado por la productividad media, porque lo que está en juego es el carácter social del trabajo, no su duración individual. Por otro, el carácter socialmente necesario se convalida en el mercado. Si el trabajo individual no fuera, en el mercado, determinado como socialmente necesario, se habría producido demás y se producirían las bancarrotas correspondientes. Si fuera inferior al socialmente necesario, aumentarían la demanda y los precios determinando un alza de la producción. El desarrollo de la ley del valor no tiene el objetivo de adjudicar al desarrollo capitalista una armonía que le es del todo ajena, sino el de entender sus contradicciones.


Por último, en el caso del petróleo, los costos de almacenamiento deben ser integrados a los costos de circulación del capital, porque involucran un costo en la transformación de la mercancía en dinero.


Este carácter anárquico de la ley del valor, en circunstancias muy precisas, explica los precios negativos del petróleo. Las desviaciones entre el precio y el valor son la norma, no la excepción, o, más vale, la ley se termina imponiendo a través de sus desviaciones.


Mercancías y esclavitud moderna


Otro de los puntos que se discutió en el curso surgió a propósito de la compraventa de objetos que no son producto del trabajo humano ¿Niega esto la ley del valor? Así como señalaba Marx, la contradicción cuantitativa entre el precio y el valor es constitutiva de la forma de precio, también ocurre que la mercantilización generalizada de las relaciones sociales tiende a desarrollar una contradicción de índole cualitativa: esto ocurre cuando elementos que no son en absoluto producto del trabajo humano se venden por dinero como si fueran mercancías.


Así, bajo el capitalismo, se compran y venden opiniones, valoraciones, sentimientos, etc. La personalidad humana aparece cobrando la forma de una mercancía. Por supuesto que en este marco no es de extrañar que se produzca asimismo una vuelta a las formas precapitalistas de la esclavitud, con la compra y venta de niños, mujeres y hombres para esclavizarlos en el trabajo doméstico, sexual o industrial. De esta forma, la libertad de compra venta, se troca bajo un capitalismo en declinación en su opuesto absoluto, la transformación del ser humano mismo en una mercancía.


El límite de la ley del valor


Por último, avanzado el curso, va surgiendo en las comisiones el problema de la situación en la que queda un régimen que depende de la valorización por el trabajo humano de las mercancías, mientras tiende permanentemente a reemplazar este trabajo humano por maquinaria, incrementando el capital constante (maquinaria y materia prima) relativamente más que el capital variable (la compra de fuerza humana de trabajo).


El desarrollo a fondo de la productividad del trabajo, de la capacidad de producir en forma casi indefinida valores de uso, choca entonces con su envoltura social, el valor. El trabajo humano pasa a ser una medida cada vez más estrecha para la riqueza social. Por otro lado, la producción se vuelve crecientemente más social: en una misma empresa se concentran tareas que antes correspondían a diversas ramas de la producción. Incluso, el desarrollo de las cadenas de valor de alcance mundial coloca esta socialización de la producción en un plano internacional. Pero esta producción cada vez más socializada choca con la apropiación privada y la necesidad de producir para la ganancia. Este conjunto de contradicciones, propio de una etapa de decadencia del capitalismo, condiciona toda una etapa marcada por crisis crecientes, donde la capacidad de producción choca con la inviabilidad de colocar esa capacidad al servicio de resolver los grandes problemas sociales de nuestra época.


El derrumbe capitalista que atravesamos vuelve a poner estas contradicciones al rojo vivo.




 

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