27/10/1999 | 647

Aliverti es un enemigo de la izquierda

Hay gente que siente una atracción irreprimible por el trabajo sucio. Aliverti se acaba de inscribir en esta categoría, si es que no revistaba ya en ella sin que lo hubiéramos podido percibir con claridad. No esperó siquiera a que los capitalistas de boca de urna completaran su propia inmundicia y ya estaba enviando a Página 12 un artículo para insultar a las organizaciones de izquierda y hurgar en las basuras de su propia versión de las elecciones.


No es casual que la nota del charlatán debute con un lapsus típico: pretender que quizás no hubiera debido escribir nada. Ni dudarlo. Pero, para su desgracia, lo ha hecho y también para suerte de quienes necesitan despejar el terreno de la izquierda de sus enemigos embozados.


 


Método


Aliverti afirma ya haber mentado, desde hace ocho años, el camino de la victoria que hubiera debido seguir la izquierda, pero no menciona que ha estado a la derecha de todo el periodismo derechista y genuflexo de este país en bloquear el acceso, por lo menos del Partido Obrero, a los medios de difusión en los que ha actuado, no desde hace ocho años sino en el doble de ese tiempo, es decir desde 1983, y más que nunca en esta oportunidad. Es decir desde siempre. El personaje ha adentrado la censura de la dictadura a un extremo que no le ha permitido siquiera jugar la ficción de democracia que sí se han permitido los verdaderos y reales alcahuetes de la dictadura.


¿Desde qué posición moral puede pontificar contra el PO o contra la izquierda quien nunca nos ha concedido una entrevista en más de veinte campañas electorales? En una o dos oportunidades pudimos hablar en el programa que él manejaba, pero para referirnos a la detención del Comité Nacional del Partido Obrero por parte de los Gil Lavedra del gobierno de Alfonsín.


El sujeto dice que podría suscribir de nuevo lo que ha escrito desde hace ocho años o incluso más, sobre la tendencia de la izquierda a dividirse, lo cual ya delata al impostor. Es que, en aquellos tiempos, una parte de la izquierda no solamente se encontraba unida sino que había reunido un porcentaje significativo del electorado y consagrado un diputado nacional. Luego de haber gozado de los beneficios de la unidad, esta izquierda, nos referimos a Izquierda Unida, sin embargo, se dividió, como ya le había ocurrido antes con el Frente del Pueblo. Es decir que la consigna unitaria, o sea la unidad por la unidad misma, se agotó y hasta provocó el completo desbande de uno de sus componentes, el Mas, y la caída en picada del otro, el Partido Comunista. Antes de dividirse tuvo tiempo, sin embargo, para cometer algunas fechorías, como sacar una solicitada de repudio a los que asaltaron el cuartel de La Tablada sin decir una palabra de la masacre que estaban perpetrando las fuerzas armadas del alfonsinismo con la ayuda de los carapintadas, o decidir el voto por Menem para el caso de que se llegara a una segunda vuelta electoral, en 1989.


La explicación para la catástrofe de Iu, el Mas y el Pc sólo puede ser política, y no solamente nacional sino internacional, pero el ignorante desconoce esa obligación de método y «deduce» (!) que si, a pesar de «oponerse al modelo», sigue dividida, esto obedece a que la separan «minucias». Semejante tontería solamente revela la minucia del personaje en cuestión. Nosotros podemos decir que, desde el Partido Obrero, escribimos mucho más y de mejor calidad, previendo el hundimiento de Izquierda Unida. No hizo falta para ello conseguir una carta astral de sus dirigentes.


Este solo antecedente debería ser suficiente para resaltar las indudables ventajas de los métodos políticos sobre las minucias. La izquierda está dividida, en realidad, por razones de fondo y el mejor camino para la unidad es, en primer lugar, ponerlas en evidencia, no encubrirlas. Estas divergencias fundamentales también están presentes en los partidos oficiales, aunque de otra manera y refractadas por otros intereses de clase, por la simple razón de que compartimos la misma realidad histórica (aunque los historiadores posmodernos aseguran que hay tantas realidades históricas como vivencias personales diferentes). Pero para que se produzca una división organizativa o la imposibilidad de formar un frente no alcanza con que existan divergencias políticas, ya que, incluso en un partido unido, hay y siempre habrá divergencias; para que haya división es necesario que haya un determinado tratamiento de esas divergencias, lo cual es otra expresión de diferencias políticas de fondo.


 


Modelo


Aliverti asegura que a la izquierda la «une una contundente oposición al modelo». Aquí tenemos un caso claro de que el pez por la boca muere. No existe una cosa tal como el ‘modelo’. El ‘modelo’ lo inventaron los Chacho Alvarez y los Volando para esquivar la crítica al capitalismo y atribuirle los males del pueblo a un designio neoliberal complotado en un Consenso de Washington. Es la descomposición del capitalismo lo que ha llevado a la burguesía mundial a iniciar un ataque a todas las conquistas obreras y a arrasar con las independencias nacionales, no una historia de espías. Los adversarios del ‘modelo’ quieren que se devalúe el peso para exportar más e importar menos, ocultando que esta salida no es tal y que significa una nueva confiscación colosal del pueblo. O quieren que se subsidien a las Pymes (como Alemann, que sin embargo es uno de los padres del ‘modelo’) que desde hace tiempo reclaman la rebaja de las tasas de interés para las pequeñas y medianas empresas, porque esto facilitaría la tercerización de trabajos de los grandes pulpos y la reducción de los costos de las terminales productivas.


Cuando hay un despido en una fábrica o cuando se viola a una mujer, el eje de la unidad es sencillo, la lucha contra esos atropellos. Pero en una campaña politica para todo el país hay que presentar un programa, es decir, reivindicaciones asentadas en fundamentos. Si la izquierda se presentara con un programa de devaluación, como han abogado el Ptp (que votó en blanco), el Ph y el Fr, y como lo abogan los socios empresariales de Iu o sus amigos de la CTA, simplemente se suicidaría. En un caso así es mejor estar divididos. El caso de Lula es, para el caso, muy, pero muy, pero muy instructivo. Durante 1998, abogó por la devaluación del real, alegando que ahogaba al «empresariado nacional», ya que la sobrevaluación no dejaba exportar y porque se sostenía gracias a altas tasas de interés que ahogaban a la industria; llegó a hacer un frente único con la Fiesp, la colega de la UIA y, como ésta, amante del ‘modelo’. Naturalmente, perdió. Cardoso defendió la sobrevaluación; después que ganó, devaluó, y el Pt quedó en la ridícula posición de tener que protestar contra una devaluación que perjudicaba a los trabajadores, pero por la cual él mismo había abogado -y en primer lugar.


La «minuciosa» consideración que acabamos de hacer difícilmente entre en la osamenta superior del cruzado anti-izquierdista. Quizás, entonces, le alivie saber que la candidatura del Frente Amplio de Uruguay, que todo indica ganará el primer turno electoral el próximo domingo, frente unido como el que más, ha recibido el apoyo de un inventor del ‘modelo’, el semanario The Economist. Pero la revista no ha dicho nada que no se sepa, porque el Fa ya lleva sus buenos años gobernando Montevideo y aplicando, de nuevo ‘minuciosamente’, la privatización de los servicios públicos, la represión de la venta ambulante y la tolerancia con el cierre de fábricas y con los despidos. Muchos diarios ya dicen que la victoria de De la Rúa en la Argentina se repetirá el domingo en Uruguay, es decir la tercera vía de los Blair y los Jospin,‘modelistas’ como los que más. Si, dicho lo anterior, en Uruguay somos frenteamplistas y en la Argentina antialiancistas, sufrimos con evidencia un duro ataque de esquizofrenia.


 


El des-informador público


Aliverti miente como un animal cuando afirma que Iu, que ya se ha dividido tres veces en quince años, es la única partidaria de la unidad. Para corregir su estrabismo, debería leer la prensa de Patria Libre, que informó en su momento, minuciosamente, que Iu no admitía ninguna unidad que no fuera encabezada por Patricia Walsh, quien se caracterizó a sí misma como candidata ‘virtual’, o sea imaginaria. Hay que sufrir de un profundo nivel de faccionalismo para poner como obstáculo la intangibilidad de candidatos imaginarios. La formación de Izquierda Unida, a mediados de 1997, fue un acto divisionista, pues apuntó a bloquear la unidad de la izquierda toda pretendiendo hacer valer sus exigencias. De hecho, Izquierda Unida ha disuelto al Mst y al Pc como organizaciones públicas diferentes, toda vez que actúan como un bloque cerrado frente a cualquier oportunidad de unir a la izquierda.


El Partido Obrero, ya desde 1985, puso al frente otro método: una discusión política para delimitar posiciones, es decir no para dividirnos ni tampoco para mezclarnos sino para dejar en claro acuerdos y divergencias, y procedimientos democráticos o de bases para elegir los candidatos. En el frente que suscribimos con el Mas, en 1985, por cada tres candidatos del Mas seguía uno del PO; en los frentes con el Mst, en 1993, detrás de un candidato del Mst venía uno del PO (primero Zamora, despues Altamira); y en el frente con el Mst y con el Mas, en 1994, estuvimos terceros (primero Ciaponi, segundo Zamora, tercero Altamira). Esto, por lo que hace a nuestra soberbia personalista. Pero también hay que decir lo otro: en PO mandamos al frente a la dirección del partido, no la preservamos en campanas de cristal, no nos escondemos detrás de ‘extrapartidarios’ mientras bajo cuerda nos aseguramos la posibilidad de arrebatar el puesto codiciado de diputado; y la dirección del PO va al frente cuando se trata de la polémica (que ella siempre firma), de las elecciones… y de la cárcel, como en 1989, entre otros.


Si Reyna fue candidato desde julio de 1998, Walsh desde octubre de 1998 y Altamira desde agosto de 1999, ¿por qué la acusación contra nosotros de que queremos copar el espacio? Lo que hemos logrado lo conseguimos en la lucha misma: hace mucho que estamos por delante de los partidos que integran Iu y el Fr en términos electorales, organizativos, militantes y de intervención política. El PO creció mientras el Mas-Mst y el Partido Comunista se desmoronaron. Esto es un hecho, no una posición ideológica.


 


Contenidos


¿Cuáles son entonces las divergencias que impiden una unidad política y también en las elecciones? Iu y el Fr son composiciones democratizantes y nacionalistas; lo proclaman sus candidatos y dirigentes todos los días. Aspiran a recrear el Frente del Sur, que sirvió de plataforma a la carrera de Chacho y Meijide. Para eso plantean un frente de izquierda-centro (Echegaray), con las Apymes, con los carreristas abandonados por el chachismo, etc. No quieren comprometer esta política en discusiones públicas y en elecciones de incierto resultado para seleccionar candidatos. Por eso las han rechazado. Por eso abogan por un movimiento único de la izquierda, pluralista, donde, o cualquiera dice cualquier cosa y nadie hace algo salvo para lograr una banca, o cuando alguna facción se consolida le pueda pisar la cabeza a las restantes.


Para el PO, es diferente. Para el PO, vale, como una de las variantes, pagar el precio de actuar en un frente que no levante nuestras banderas, siempre que eso sea clarificado, primero por medio de un debate que deslinde posiciones y que sirva como factor de orientación para la masa que sostiene al frente. Segundo, que una vez cumplido ese requisito, la decisión sobre candidaturas y, por lo tanto, la exposición de las políticas, fuera decidida democráticamente por la base. El PO está convencido de que esta metodología sirve a la clarificación y a la movilización, y que el desarrollo de estos factores confirmará el acierto y la aceptación de nuestra política, en última instancia. ¡Qué sectarios que somos! ¿No?


 


El recurso a la psiquiatría


Para concluir. Aliverti recurre a los procesos de Moscú cuando nos recomienda un tratamiento psiquiátrico. Fue el aporte de Hitler y Stalin a los métodos represivos del imperialismo. El que disiente conmigo sólo puede estar loco. Nuestra locura consistiría, según él, en hablar, desde el raquitismo que nos imputa, de rebeliones inminentes y de huelgas indefinidas.


Pero como el personaje no tiene otro recurso de trabajo que sus cuerdas vocales, desconoce, por lo que se ve, los cortes de ruta, que incluso llevaron a una jueza provincial a declararse incompetente porque el delito que presenciaba era el de «sedición». O a las ocupaciones de fábrica (o desconoce que tanto éstas como las de tierra son una violación al derecho de propiedad que es la piedra agular de la sociedad clasista). O a las huelgas indefinidas que, incluso quienes lo admiran, declararon en Neuquén, Corrientes y Tucumán. Todo este movimento de lucha es naturalmente contradictorio con la débil inserción electoral de la izquierda revolucionaria y hasta con su insuficiente influencia política. Si la izquierda revolucionaria fuera muchísimo más fuerte, las masas ni necesitarían recurrir a acciones aisladas o relativamente espontáneas. Pero la contradicción está en la misma realidad, no es la consecuencia del desvío de la psiquis de algunas personas. A falta de un político, Aliverti llama a la ambulancia. Pero la superación de la contradicción señalada se dará impulsando la huelga indefinida y la rebelión popular, no excomulgándolas, participando en ellas, ofreciendo una orientación. Si algún valor tiene la participación en las elecciones, como el que seguramente fue la intensa campaña del PO sobre la salida para la desocupación, ese valor consiste en que sirva como factor de orientación para llevar a la victoria a los movimientos y a las acciones en las que los explotados tienen una participación directa. En forma complementaria, el escaso voto por la izquierda el domingo pasado se debe a que la burguesía todavía consigue, con recursos cada vez más desgastados, que las masas que viven una situación sin salida no operen un giro en su subjetividad, o sea hacia perspectivas e incluso posiciones revolucionarias. Esta contradicción no la puede remediar la receta con fecha vencida de Aliverti.


La izquierda tiene futuro. Aliverti, no. Mientras se arrope con las prendas del impostor, no podrá aspirar a otra cosa que a co-dirigir programas con Carlos Varela, un derechista que ofrece más oportunidades de expresión democrática que él.

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