07/07/2007 | 899

Argentina y Kirchner, en bancarrota


No se puede ni se debe pasar por alto la reciente colocación de títulos públicos por parte del gobierno para cancelar vencimientos de la misma deuda pública. El reemplazo de una deuda por otra ha costado una enormidad: el compromiso de pagar una tasa de interés del 6,5% anual y el ajuste del título por la inflación. Los especialistas han estimado que todo esto representará un interés efectivo del 16%, sin tomar en cuenta la posibilidad de una devaluación del dólar frente al peso, por ejemplo a 2,60 pesos, lo cual elevaría la renta final en dólares al 20%.


 


La mayor parte de esta nueva deuda fue comprada por las AFJP y los bancos; según cómo se haga el cálculo, del 45% al 50% de los activos de los bancos está compuesto de títulos que el Estado está obligado a refinanciar a tasas enormes porque no tiene el dinero para cancelar la deuda. Esto significa que el sistema bancario no estaría en condiciones de devolver el dinero a los ahorristas —como en 2001, aunque para hacerlo podría recurrir a préstamos del Banco Central, una posibilidad que no existía en aquella fecha. De todos modos, una emisión para rescatar títulos invendibles desataría una hiperinflación, como a principios de 2002.


 


El recambio de deuda ha sido un enorme negociado, sin embargo. Nadie lo ha dicho. Ocurre que la cotización corriente de la deuda argentina es mayor que la pedida por los nuevos bonos, por parte del gobierno. Esto significa que la cotización de los nuevos títulos debe subir, fatalmente, en el corto plazo. Incluso después de este negociado los kirchneristas siguen diciendo que combaten la ‘especulación financiera’. Lavagna alegó que operó con la intención de hacer ‘atractivo’ el mercado nacional de títulos de deuda y mejorar de este modo su posición negociadora con el FMI. Hasta agosto hay que refinanciar unos tres mil millones de dólares.


 


Como se puede ver, la salida a la bancarrota de 2001 se encuentra entre paréntesis. Mientras haya un flujo comercial creciente y precios de exportación elevados, la cadena de la felicidad de la deuda externa irá pasando de manos. Apenas se interrumpa habrá una crisis financiera fenomenal. Las relaciones sociales capitalistas que se deshilacharon en 2001 se han recompuesto sobre una base ficticia. El valor de la deuda nacional depende de las ‘expectativas’.

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