08/01/2020

Automotrices: no hay salida con el Mercosur ni con la Unión Europea

Las terminales quieren mayor flexibilidad, menos impuestos y bajar salarios

El derrumbe de la producción y las ventas de automóviles en el 2019 han sido tan abruptos que llevaron las cifras a niveles de hace 15 años, y la cámara que agrupa a concesionarias de automotores (ACARA) estima que, en el 2020, la caída va a seguir, con un 7% de unidades menos vendidas respecto del total del 2019.


La misma cámara destaca que una de las principales razones está en que para comprar un auto cero kilómetro pequeño un trabajador necesitaba casi 18 sueldos medios en el 2019, mientras que un año  antes requería solo 14,8, una diferencia del 20%, que es otra muestra del deterioro brutal que ha sufrido el poder adquisitivo de los salarios. Y que, como este deterioro se va a mantener en el 2020, los asalariados van a seguir igualmente alejados de la posibilidad de acceder a un auto cero kilómetro y, así, el mercado interno seguirá en picada.


Las patronales de las ocho multinacionales que monopolizan la producción de autos en el país buscan una salida a este cuadro que las tiene utilizando solo una tercera parte de la capacidad productiva instalada. Así, este año salieron de las líneas de producción apenas 315 mil unidades, mientras que en el pico del 2011 –hace ocho años- se habían alcanzado casi los 830 mil vehículos, lo que supone una caída superior al 60 por ciento.


Es que el derrumbe de los ingresos salariales y el mercado interno se enmarcan en un cuadro regional y global de crisis, donde el Mercosur cruje por el retroceso que ha tenido también la economía brasileña, mercado este donde la Argentina vende alrededor del 70% de la producción e importa desde allí el 90% de los autos que llegan a nuestro país.


Esto como resultado del proceso de complementación (las mismas empresas tienen plantas en la Argentina y en Brasil) y el aprovechamiento de las ventajas impositivas que le otorga a las terminales el convenio del Mercosur, armado a la medida de sus necesidades.


Pero, en el acumulado anual, el sector automotor exportó 224.248 vehículos en el 2019, un 16,7% menos que los 269.360 colocados en el 2018. Esto debido, fundamentalmente, “a la menor demanda de Brasil, principal destino de las exportaciones de las terminales instaladas en el país”, según destaca ACARA.


Por su parte, la cámara de las patronales automotrices instaladas en Brasil, ANFAVEA, proyecta -habrá que ver si se cumple- un moderado crecimiento del sector para este año -luego de un profundo retroceso- aunque sobre la base del mercado interno. Las exportaciones de automotores del país vecino cayeron este año un 32% debido, dice la cámara patronal, a la “severa crisis económica que atraviesa la Argentina” destino “de la mayoría de los vehículos exportados” por el país vecino.


Este cuadro explica el planteo del pope de Fiat Argentina, Cristiano Ratazzi, quien declaró, días atrás, que “si dependemos solamente de Brasil, la Argentina no va a ningún lado” y apuntó que “para nuestro sector, el acuerdo con Europa es absolutamente necesario” (Infobae 1/1/2020).


Esta referencia al borrador del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, suscripto a mediados del año pasado, estuvo en consonancia con los reclamos planteados en el convenio firmado en diciembre último entre las patronales automotrices y la burocracia sindical del SMATA y la UOM, donde se reclama “avanzar en la implementación (del acuerdo), realizar un análisis exhaustivo del preacuerdo y evaluar vía protocolos adicionales”.



En el documento, donde están volcados todos los reclamos patronales de exenciones múltiples de impuestos y de flexibilización laboral, se plantea reorientar la relación entre los principales socios del Mercosur. Las patronales promueven un eventual frente para “alcanzar la coordinación conjunta de políticas y estrategias comunes que posicionen a la región como productores mundiales de vehículos y autopartes”, con la “armonización de las normas técnicas, financieras y aduaneras”.


En este planteo patronal, la puesta en marcha del acuerdo abriría la posibilidad de abastecer a mercados europeos donde, en muchos de ellos, tienen plantas algunas de las terminales instaladas en la Argentina y/o en Brasil sobre la base de una reducción brutal de los salarios en ambos países, una drástica flexibilización laboral y una baja abrupta en el pago de impuestos. Esta alternativa aparece como poco viable porque supondría el desplazamiento de las plantas europeas, en un marco de crisis de la propia industria automotriz de esos países.


Además, desde distintos sectores capitalistas europeos se ha disparado contra el acuerdo (el gobierno francés, al igual que otros europeos, ya manifestaron sus reticencias y cuestionamientos, para lograr mayores concesiones) y, a nivel local, en el propio sector automotor, las autopartistas se quejaron por la eventual reducción de los aranceles de importación a los productos europeos (hoy en el orden del 18%) por el temor a una avalancha de bienes importados. Y cuestionan las exigencias de la Unión Europea sobre las normas de origen, que consisten en que alcance con un 50% de componentes locales en los vehículos para que sean considerados europeos, por más que utilicen la otra mitad de las autopartes de países como China.


Un reclamo similar provino de industriales brasileños del sector, que plantearon colocar límites a la importación, pero eso no fue incluido dentro del acuerdo por la negativa de Alemania.


Es decir que, con la puesta en marcha del acuerdo, el peligro mayor sería que se generara una avalancha de productos provenientes de los países europeos hacia los países del Mercosur y mucho menos en sentido contrario.


Alberto Fernández defendió el convenio Mercosur-UE pero, ante los cuestionamientos, el gobierno pasó a considerar que hubo “falta de transparencia” en las negociaciones y se plantea la “necesidad de analizar a fondo los detalles”. El ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas anunció que llamará al empresariado a una reunión para “revisarlo” y preparar un proyecto que incluya los reclamos de los distintos sectores capitalistas, entre otros los del sector automotor.


El intento de encontrar una salida a la crisis de la industria del automóvil ha consistido, por parte de las multinacionales el ir descargándola sobre las espaldas de los trabajadores. Han avanzado en una creciente flexibilización laboral y de reducción salarial, han producido centenares de despidos, han modificado convenios, han liquidado turnos enteros de producción, han parado la producción con suspensiones que reducen los salarios, pero nada de esto alcanzó.


El pacto suscripto con la burocracia el mes pasado insiste en las concesiones de todo tipo a las patronales sin que esto asegure, siquiera, que se logre una reactivación productiva. Y el gobierno, necesitado de “hacer caja”, no está en condiciones de conceder todas las rebajas impositivas y arancelarias que reclaman las terminales.


Con las economías de los países del Mercosur en recesión, con una crisis internacional que golpea en todos los continentes, el crecimiento de la industria automotriz instalada en el país aparece jaqueado.


Los trabajadores mecánicos deben prepararse para enfrentar una mayor ofensiva patronal –avalada por la burocracia- para la defensa de sus negocios. Esto, a costa de las condiciones de vida y laborales de los trabajadores. Que la crisis que la paguen los capitalistas que la generaron.



 

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