02/05/1996 | 492

Balance del 1º de Mayo

La celebración de la jornada del 1º de Mayo permite delimitar con bastante exactitud las diferentes posiciones políticas que existen en la actualidad en el movimiento obrero.


La burocracia que dirige la CGT volvió a darle la espalda a la jornada del 1º de Mayo por razones que cualquiera puede comprender, la primera de las cuales es su asociación con los negociados capitalistas de la jubilación privada, los seguros de accidentes de trabajo y la próxima privatización de la salud.


En la inauguración del Consejo del Empleo, que tuvo lugar horas antes del 1º de Mayo, la burocracia cegetista propuso incorporar a los convenios la anulación de la jornada de ocho horas y la liquidación de las vacaciones, y dio a entender que aceptaría una reducción de los salarios a partir de la celebración de “convenciones colectivas articuladas” que permitirían convenios especiales por empresa. En resumen, la burocracia de Gerardo Martínez, José Rodríguez, Armando Cavalieri, Lescano, Ongaro, etc., etc., está dispuesta a llevar su entrega a las patronales a un nuevo extremo, o sea, firmando la aplicación del convenio Fiat-Smata para el conjunto del movimiento obrero.


Otro sector de la burocracia cegetista, integrada principalmente por el MTA y la UOM, realizó un plenario durante la mañana del 1º en la Federación de Box, que reunió a más de cuatro mil personas. Los que llevaron el mayor número de asistentes fueron el sindicato de camioneros y UTA. Los oradores (habló incluso Lorenzo Miguel) abundaron en los ataques al núcleo que dirige la CGT, pero sólo ofrecieron como alternativa el reclamo de la convocatoria de un Comité Central Confederal. No hubo ninguna propuesta de huelga ni de movilización, a pesar de que los sindicatos reunidos tienen la fuerza suficiente para llamar a un paro general (conjuntamente con el CTA) y a pesar de que la seccional Avellaneda de la UOM se encuentra aplicando un “plan de movilización”, de que la seccional metalúrgica de Córdoba enfrenta el problema de la aplicación del convenio Fiat a la planta de Cormec y de que numerosas patronales de colectivos están exigiendo a los delegados y a la UTA la reducción de salarios y la flexibilización de la jornada laboral.


El planteo de que se convoque a un Confederal delata que la burocracia que se reunió en la Federación de Box cree, o pretende hacer creer, que existe un amplio margen de negociación para obtener del gobierno una especie de ‘pacto social’, cuyo aspecto central sería, sin embargo, que se le reconozca alguna tajada en la llamada reforma del sistema de salud. Este sector de la burocracia no objeta el encarecimiento de la salud, que prevé el plan del Banco Mundial y que ella misma ya está aplicando, ni la completa arancelización de las obras sociales, pero quiere mantener cautiva a su clientela actual o la posibilidad de negociarla en acuerdos de privatización, como ocurrió con la jubilación privada. En lo que hace al convenio Fiat-Smata, debe tenerse presente que la UOM había firmado un pre-convenio con Fiat que iba muy lejos en las concesiones a la patronal y que la burocracia de UTA está exhortando a los choferes a que acepten las exigencias flexibilizadoras de las patronales.


El plenario de la Federación de Box resultó más un acta de defunción que un certificado de nacimiento.


El CTA no convocó a ninguna movilización nacional, sin reparar que esta nueva deserción político-sindical desmiente que sea la única central democrática y mucho menos que sea la central alternativa. Una alternativa que no se presenta en la práctica como alternativa, no es una alternativa.


El acto de la izquierda democratizante (Ptp, PC, Patria Libre, Mst) no satisfizo ni por lejos la expectativa de público con el que pretendió justificar un acuerdo que no tiene programa ni principios (menos de tres mil personas, aunque muchísima prensa, quizás por la atracción mediática que despierta el ‘Perro’ Santillán). Es incorrecto decir que fue un acto proletario, porque no tuvo como propósito la organización y movilización del movimiento obrero como clase independiente, sino servir de plataforma al lanzamiento de un frente electoral que, hasta poco antes del acto, iba a ser encabezado por el ex nacionalista de derecha, Alejandro Olmos. Según lo que se recogió en el acto, Olmos no habría aceptado el ‘honor’ que se le ofreció, como tampoco lo había aceptado antes David Viñas. Esto significa que las personalidades que debían disimular la condición izquierdista de los frentistas, así como la burguesía en general, no consideran a este bloque como un negocio lo suficientemente viable o rentable para justificar una inversión. De cualquier manera, el frente electoral será bautizado con el nombre de “izquierda popular”, para que no se pierda para nada su expectativa de emparentamiento con la burguesía; la expresión ‘popular’ significa que la política de esa izquierda consiste en subordinarse a la política de las clases no obreras.


En el acto democratizante apenas se rozó el convenio Fiat-Smata. El planteo central de los oradores fue reivindicar al CTA y al MTA como centrales obreras alternativas. La Corriente Sindical del Ptp y del ‘Perro’ Santillán ya integraron una Mesa con el CTA y el MTA, que sirvió para encubrir la política de esta burocracia de liquidar por completo la Marcha Federal y rematar las luchas de Córdoba y Jujuy detrás de multisectoriales con grandes capitalistas y el clero. Ningún orador pudo denunciar, por lo tanto, la complicidad de las burocracias del CTA y del MTA con la aplicación del convenio Fiat en los gremios que ellas regentean o en las regionales en las cuales participan. El acto democratizante fue unánime en reafirmar el sometimiento político de los convocantes a la burocracia sindical que se finge opositora.


Los oradores del acto democratizante se empeñaron en diferenciar a los burócratas ‘empresarios’ (CGT) de los que todavía no serían empresarios, aplicando el curioso argumento de que el menos criminal debe ser considerado como progresivo o incluso como una ‘alternativa’. Pero les sería imposible a los sostenedores de esta tesis, probar que existe alguna burocracia que no esté ligada a negocios capitalistas.


En el acto del Partido Obrero, al que asistieron 1.500 personas (lo cual es poco), se refutaron todos estos planteos por anticipado. Se pronosticó que ninguno de los sectores en que se encuentra dividida la burocracia sindical es capaz (y desde hace bastante tiempo) de tomar una iniciativa que pretenda frenar la ofensiva capitalista u ofrecer un marco de resistencia a los trabajadores. Esta incapacidad se ha agravado con el derrumbe del ‘plan Cavallo’, porque ese derrumbe ha acentuado la ofensiva antiobrera del gobierno capitalista. Sólo una masiva irrupción de las masas, que se producirá a partir de la clase obrera, con independencia de la burocracia sindical,  para enfrentar el convenio Fiat-Smata, será capaz de poner un freno a la ofensiva capitalista y de cambiar el cuadro político general en el que actúa la burocracia sindical. Como lo dijo Néstor Pitrola, la burocracia del plenario de la Federación de Box “pretende cambiar el ‘discurso’ no su política”, es decir hacer demagogia y ponerse en mejor situación para desviar las luchas obreras que se producirán.


El acto del PO explicó pedagógicamente a la concurrencia cómo está progresando en las fábricas automotrices y metalúrgicas la agitación y la movilización que impulsa el PO contra el convenio Fiat; cómo esta agitación ya está acorralando a la burocracia de los sindicatos; cómo la inquietud se extiende a nuevos sectores obreros; cómo la lucha contra este convenio infame encierra cuestiones de sobrevivencia y de principios para la clase obrera.


En el acto del PO se planteó que la debilidad de la clase obrera y de las masas ante los explotadores y el Estado, en medio de una situación de gigantesca convulsión social y de bancarrota financiera y económica del gobierno, de los bancos y de los capitalistas, obedece a la ausencia de una política de clase clara, y que esta ausencia no puede suplirse con el amontonamiento de siglas, sellos o aparatos, los cuales son los responsables de la grave crisis que atraviesan los trabajadores.


El acto del PO confirmó la vigencia de las consignas con las que fue convocado; contra el convenio Fiat-Smata, por paritarias libres y un básico salarial igual al costo de la canasta familiar;  por la organización de masa contra el ‘gatillo fácil’; por el seguro de 500 pesos a los desocupados y la aplicación de los fondos de la deuda externa a un plan de obras bajo control de los trabajadores; contra la privatización de la salud y de la educación, por que sean estatales y gratuitas financiadas por los capitalistas; por la ocupación de las empresas que despidan o cierren; por un plan de lucha de conjunto y la huelga general.

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