04/04/1995 | 442

“Barro y mugre, ¿hasta cuándo?”

A las “caravanas” de Menem no les va como antaño. La del fin de semana pasado, por San Miguel y Malvinas Argentinas, fue una advertencia. Pobladas de “punteros” y nutridas por el aparato, concitó la indiferencia de los curiosos y las primeras manifestaciones de hostilidad abierta. El “reducto” de Duhalde ya no es tan seguro.


“Devuelvan lo que robaron”, “barro y mugre, ¿hasta cuándo?” o “Presidente, queremos trabajo…”, fueron algunos de los carteles escritos a mano que Menem tuvo que ver en su movida tarde de domingo”.


Esto es lo que cuenta Clarin, que últimamente se ha tornado desembozadamente oficialista, o quizás sólo cavallista.


¡Trabajo!, éste es un gran reclamo popular. La desocupación no provoca ya resignación; está abriendo el camino a la rebeldía.


Esto explica la seguidilla de ocupaciones de fábrica a que están dando lugar las suspensiones, despidos o cierres de las patronales. Pero se trata sólo de un comienzo. En el movimiento obrero ya se ha comenzado a abrir paso la consigna de reducir la jornada a 6 horas, sin pérdida salarial ni de beneficios sociales, para dar cabida a un mayor número de trabajadores. La consigna obrera expresa la voluntad de sobrevivir.


Hasta ahora el gobierno actuó convencido de que podía aguantar hasta el 14 de mayo, para luego, sí, dar el gran golpe. El acuerdo con el FMI prevé un nuevo impuestazo para después de las elecciones, e incluso reducciones directas de los salarios. Esto motivó a algunos pulpos privatizados y parcialmente a YPF (con el petróleo, pero no con el gas) a postergar en todo o en parte la transferencia del aumento del IVA a los precios.


Pero el ritmo de la crisis se ha acentuado en las últimas horas, en especial como consecuencia de la feroz lucha por la sobrevivencia que se ha desatado entre los principales pulpos capitalistas. Entre los supermercados y sus proveedores; entre los bancos quebrados y los “solventes”; entre los extranjeros y los nacionales; entre la industria y sus acreedores.


Bordón parece haberse convertido en la alternativa a Menem, es decir, en el nuevo agente del imperialismo. Los trabajadores tienen que tener claro este tema, si no quieren sufrir nuevas derrotas.


¿Entonces?


Los trabajadores debemos enfrentar osadamente la nueva situación, que plantea una cuestión de poder, formando comandos de luchadores, de activistas y de la izquierda, para impulsar comités de base, interfabriles y asambleas populares, que impulsen la huelga general para que la crisis la paguen ellos y para establecer desde el vamos una estrategia política independiente para las masas.

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Tapa de Prensa Obrera N°1633.