27/04/2006 | 943

Belgrano Cargas: Subsidios y más subsidios

La gran Macri

La reactivación del Ferrocarril Belgrano Cargas suma un nuevo capítulo de subsidios al gran capital. No sólo porque busca ‘abaratar’ el costo (elevar la rentabilidad) de las producciones agrícolas (soja, maíz), sino también porque cierra un enorme negociado para los concesionarios, fundamentalmente el Grupo Socma, de Macri, y Aldo Roggio.


Lo que está planteado es la puesta en funcionamiento de una de las redes ferroviarias más importantes del país en exclusivo beneficio de los capitalistas del campo; no se piensa, por ejemplo, en el ‘abaratamiento’ del transporte de pasajeros.


 


Con la firma del decreto, el gobierno nacional dio el primer paso legal para la reestructuración del Belgrano Cargas, el cual pasará a ser manejado por un consorcio liderado por Franco Macri; Gabriel Romero, del Grupo Emepa (quien fuera denunciado por la paupérrima calidad y sobreprecio del abastecimiento alimentario a un gran porcentaje de escuelas de la Ciudad de Buenos Aires); Aldo Roggio, de Metrovías, y el grupo chino Sanhe Hopefull. Además serán accionistas la Unión Ferroviaria (12%), el Estado nacional (8%), la Federación de Camioneros de Moyano (4%) y La Fraternidad (4%). Quedan afuera las provincias y también los “cargadores” (Ledesma, Tabacal, Deheza).


 


Régimen de subsidios


 


El decreto declara al Belgrano Cargas en “emergencia”, una figura legal que habilita un esquema de desembolsos “para atender los gastos corrientes y las compensaciones operativas que solicitó para los primeros meses de gestión la sociedad concesionaria” (Clarín, 21/4). Además, el decreto presidencial 446 da lugar a la habilitación de “subsidios no reintegrables” para los gastos de sueldos, reparaciones de locomotoras y vagones. “No bien salga en el Boletín Oficial, el Estado girará los fondos” (ídem).


 


El llamado “esquema mixto de inversiones” es un salvataje que consagra el parasitismo empresarial de grupos económicos permanentemente beneficiados por los favores estatales bajo los distintos gobiernos de turno. La concesión pactada por 24 años significará una inversión por parte del Estado de 750 millones de pesos y una privada de 860 millones.


 


La puesta en marcha del Ferrocarril Belgrano significará un ahorro en fletes de la producción salteña de soja y maíz de 10 millones de dólares. Se pretende hacer pasar este “ahorro” como un progreso para el conjunto de la población cuando se trata, en realidad, de una rebaja que sólo beneficiará a los pulpos agrícolas. No hay un diseño ferroviario al servicio del trabajador-usuario. Tampoco las “economías” que se realicen significarán un progreso para la población trabajadora. Recientemente, el ingenio El Tabacal fue denunciado por la utilización de trabajo infantil y en negro. ¿Destinará El Tabacal los “ahorros” que obtenga en el transporte de sus cargas a blanquear a sus trabajadores?


 


En manos de los explotadores (y sus asociados), el ferrocarril es otro instrumento de vaciamiento. Una reorganización ferroviaria al servicio de las mayorías explotadas sólo puede ser un aspecto de una reorganización social de conjunto.


 


La reactivación del Belgrano plantea un pliego de reivindicaciones inmediato: el blanqueo, el pase a convenio y un salario mínimo de 2.000 pesos, ajustable por inflación para todos sus trabajadores (y los de sus contratistas).